Hola!! Abajo pueden ver los cortes con el editorial, las columnas y la nota al Dr. Jorge Hadad, abogado tributarista, además de todo el programa entero!! Acá, el editorial, en versión escrita!! Enjoy!!!

Otro baño de realismo tuvo el Gobierno en New York, donde más allá de las marketineras e innecesarias fotos de Mauricio Macri bicicleteando por Central Park o dándonse un “piquito” con Juliana Awada en la ONU, el Presidente de la Nación marcó una clara diferencia con el kirchnerismo en las Naciones Unidas y en su encuentro con inversores extranjeros.

Es una lástima que los abusos de marketing político de Jaime Durán Barba tapen los contenidos claros del mensaje presidencial en las Naciones Unidas o que la Canciller Susana Malcorra salga a desmentir a su Mandatario para poder defender el puesto que ya le tienen reservado en el organismo internacional cuando deje el Palacio San Martín; o que se hable más del “piquito” y la bicicleteada que de los reclamos de los inversores extranjeros al Gobierno para hundir capital en la Argentina.

Pero ese es el problema del abuso del marketing político, de confundir al ciudadano y al votante con el consumidor de un producto, dado que el verdadero cambio que intenta llevar adelante Mauricio Macri con el PRO y su particular forma de gestión y gobierno queda oculta en los esfuerzos desesperados de Jaime Duran Barba y Marcos Peña para diferenciarse del kirchnerismo, del peronismo, del radicalismo y de la imagen de “Gobierno para los más ricos”, que la oposición logró inyectarle en 10 meses.

Luego del “Mini Davos” y del encuentro del Financial Times en New York, a Mauricio Macri y al Ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, le quedó claro que el mayor reclamo de los inversores extranjeros es político: quieren que el PRO les asegure que si van a invertir en la Argentina, en algunos meses, no van a cambiar las reglas de juego. Por eso todo el esfuerzo se ha puesto en ganar las elecciones del año que viene.

Desde hace un mes, el PRO comenzó su campaña electoral para el 2017 y, el primer paso, fue ordenarse internamente. Así, la institucionalización de “Cambiemos” ha sido el primer gran paso. Ya lo logró María Eugenia Vidal en la Provincia, donde consiguió sentar en una misma mesa a macristas, radicales y lilitos y, luego de una fuerte maniobra política, logró que la Unión Cívica Radical bonaerense no fuera internas y acordara una lista de unidad para la conducción de la fuerza.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conformar “Cambiemos” es más complejo. Elisa Carrió decidió que no dirá hasta último momento si será candidata porteña o por la Provincia de Buenos Aires y Martín Lousteau está siendo tentado por el massismo para ir en lista separada.

Para “ordena” al resto del país, esta semana se hizo en la Quinta de Olivos un encuentro de todos los presidentes provinciales del PRO con el fin de organizar el “papeleo” interno de cada fuerza, así como la creación de “mesas chicas” de “Cambiemos” en cada distrito y los mecanismos de acuerdo político y electoral local.

En paralelo, se reunió a unas 1.000 personas que forman parte de los equipos de prensa y comunicación del Gobierno nacional. Un número que impresiona, en especial, si tenemos en cuenta la incapacidad manifiesta que tiene la comunicación oficial de llegar a los ciudadanos. Sin embargo, no fue una cumbre para analizar resultados o buscar visiones diferentes. Al contrario, se bajó línea para unificar el mensaje. Casi como el kirchnerismo.

Pero gracias a las palabras del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, quedó claro el error que comete el Gobierno al comunicar. El funcionario dijo “nos subestiman” y más adelante se afirmó que “al Círculo Rojo (conformado por empresarios, banqueros, industriales y periodistas) no hay que decirles que no saben nada. Hay que abrazarlos”.

Y he aquí el problema: No es que el “Círculo Rojo” no entienda al macrismo o que lo subestime, es el equipo de comunicación de Mauricio Macri que no comprende cómo funciona el “Círculo Rojo” y lo minimiza en su poder y capacidad de apoyo o rechazo. Nada más sencillo.

Cuando Marcos Peña dice que “nos ven naifs o ingenuos”, termina por reconocer cómo los percibe la clase política, la clase empresarial, gran parte del periodismo y los inversores locales y extranjeros. Luego de tener un hiperpresidencialismo centralizado, monolítico, personalista, cuasi dictatorial, irrespetuoso de las instituciones y las leyes, minado de actos de corrupción y con una sed de poder y permanencia pocas veces vista en la Argentina, el macrismo se comporta en forma naif e ingenua.

Pero en vez de tratar de cambiar esta imagen, de intentar convencer a los opositores y al “Círculo Rojo” de que el macrismo no es ni inocente, ni ingenuo; el equipo de comunicaciones de la Casa Rosada ordenó mantener esta posición y profundizarla. Es decir, Marcos Peña y su equipo, a punto de comenzar una campaña electoral, ha decidido profundizar la brecha que hay con el “Círculo Rojo”, apostando a la diferenciación y el alejamiento, en vez de buscarlo como aliado en la batalla política que tiene por delante. Eso, jamás habría hecho un peronista, que siempre buscó pactos con las corporaciones sociales poderosas en los años electorales. Grave error.

El Gobierno se lanza a ganar las elecciones del año que viene poniendo énfasis en los “timbrazos” (una valiente estrategia de marketing político que, sin duda, aleja al macrismo y a “Cambiemos” del resto de las fuerzas o alianzas políticas argentinas) y en unificar el discurso.

Sin embargo, las llaves del fracaso o triunfo electoral del año que viene está en la economía y las fotos sobreactuadas de Jaime Durán Barba o la ampliación de la brecha con el “Círculo Rojo” termina por ocultar las mejores noticias que tuvo el Gobierno en los últimos cuatro meses: la aparición de nuevos “brotes verdes”.

Mientras se discute si Mauricio Macri viajó o no en el 520 durante su visita a Derqui, si movió con su rodilla una palanca que hizo desplomarse el helicóptero presidencial (sin que estuviera ya presente el Presidente de la Nación) o si era uno homeless o no el hombre sentado al lado de Juliana Awada en Central Park; Orlando Ferreres detectó la primera suba del PBI en meses, la construcción comenzó a reactivarse y a tomar empleados que había despedido hace un año, subió la venta de autos 0km, la confianza de los consumidores volvió a crecer y la inflación núcleo sigue bajando.

Además, el Presupuesto 2017 pasó con cierto desahogo su presentación en la Cámara de Diputados y todas las consultoras económicas ortodoxas destacaron que es el primero en 10 años que no está “dibujado”, se lo ha tachado de “conservador” y “gradualista”, lo que implica el típico realismo macrista; y ha sido felicitado por no tomar en cuenta como ingreso una cifra potencia proveniente del “sinceramiento fiscal”, por lo cual, si fracasa el blanqueo, no impactará en las cuentas pública; y si es un éxito, reducirá el déficit fiscal estimado. Todo un logro.

El Presupuesto 2017 confirma la necesidad imperiosa del Gobierno de ganar las elecciones el año que viene. Por eso incluye un aumento de giro a las provincias de 31% y una redistribución de la obra pública hacia los distritos donde la Casa Rosada busca más votos: Buenos Aires y norte del país, además de algunos gobernadores aliados.

Y entonces aparecen las contradicciones propias del macrismo: un enorme pragmatismo cuando hacen estimaciones económicas, una pesada lentitud para llevar los anuncios a hechos; una visión realista de la debilidad política que tiene el PRO, con la insistencia en una comunicación política que no llega a los ciudadanos y que le está haciendo perder inmensas oportunidades de “sumar puntos” a Mauricio Macri.

Casi un año le costó al “Círculo Rojo” entender el “Estilo K”. El macrismo llega casi 10 meses en el poder y el “Estilo PRO” recién se está definiendo. El kirchnerismo gobernó más de 10 años en Santa Cruz y, cuando llegó a la Casa Rosada, “importó” todas sus debilidades y fortalezas. Ahora, con el macrismo, aparece el mismo fenómeno. Lo bueno y lo malo que hizo el PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo llevaron a Balcarce 70.

La comunicación del PRO en los 8 años del Gobierno macrista en la Ciudad de Buenos Aires no fue buena, pero mantuvo dos mandatos a Mauricio Macri en el poder, le permitió catapultar una candidatura presidencial, lograr una exitosa alianza electoral y colocó un Presidente de la Nación, retener la ciudad y ganar la Provincia de Buenos Aires.

Quedará para los libros de historia y para los analistas de marketing político si todo fue éxito de la comunicación del “Estilo PRO” o fue el kirchnerismo quién perdió las elecciones el año pasado. Sin embargo, en la Casa Rosada han apostado a repetir ese camino para ganar el año que viene.

Pero hay un detalle no menor: Salvo en la elección pasada, en 8 años, en la Ciudad de Buenos Aires no puso articularse una oposición exitosa y atractiva para el votante porteño. Ahora, el PRO apuesta a que la oposición no pueda organizarse y no genere aspirantes atrayentes para los votantes. Es decir, el macrismo juega su futuro a la división peronista y al descrédito que pueden tener sus potenciales candidatos opositores.

Y entonces surge una carrera entre la estrategia comunicacional, sobre la que se apoya el macrismo para ganar las elecciones legislativa, el armado político (propio y de la oposición) y la reactivación de la economía, que será decisiva para que muchos ciudadanos decidan apoyar, o no, al Gobierno nacional. Un entresijo complejo, con derivaciones múltiples.

Puede que la ausencia de un mensaje contundente por parte del Gobierno puede hacer más difícil la tarea del PRO de seducir votantes independientes (dado que ellos serán los que decidan la elección), pero si el panperonismo va atomizado y los indicadores económicos son positivos, el macrismo podría celebrar el triunfo de su estrategia comunicacional.

Por ahora, el PRO no ha podido mostrar un modelo económico propio, dado que ha estado “emprolijando” los desastres que dejó el kirchnerismo; ni ha creado su propio relato. Sin embargo, gracias a las fotos de Jaime Durán Barba, ya son un fenómeno estético. Algo es algo.