El macrismo volvió a mostrar que corre detrás de los hechos y para responder al aumento de crispación en importantes franjas de la opinión pública, ante la creciente demanda asistencia social para los más golpeados por el “sinceramiento” de las variables macro económicas y frente a las críticas de los grupos opositores de que gobierna para los ricos; Mauricio Macri acaba de lanzar un paquetes de proyectos tan audaz y ambicioso, que ni el kirchnerismo, causante de los problemas que ahora trata de solucionar el PRO; no supo, no pudo o no quiso llevar adelante.

Nadie puede estar en contra de cancelar la deuda judicial que hay hacia millones de jubilados por la decisión del kirchnerismo de cancelar, a cuenta gotas, fallos por ajuste de haberes; como tampoco la necesidad que tiene el Tesoro de los fondos que pueden provenir de un blanquero de activos en el exterior. Pero la primera duda que generan los anuncios del Presidente de la Nación es la sustentabilidad en el tiempo para poder pagar casi 2% del PBI, sin destrozar las ya exhaustas cuentas públicas.

Hay diversas dimensiones para poder analizar el “Programa Nacional de Reparación Histórica a Jubilados y Pensionados”, y cada una de estas dimensiones terminan por definir un inmenso giro en la gestión de Mauricio Macri, dado que ha finalizado la primera etapa de ajuste y ordenamiento de las cuentas públicas (aunque todavía falta mucha tarea por llevar adelante, pero sería realizada en 2017), para comenzar un proceso de redistribución de riqueza, pese a que todavía no comenzó la reactivación, es decir, descontando que las inversiones esperadas van a llegar en corto plazo.

Es claro el intento del Gobierno de compensar a las clases más bajas por el inmenso impacto en el bolsillo en las familias del proceso inflacionario y la recesión; e inyectar fondos en los jubilados, quizás el colectivos social más postergado de la sociedad, es un acto de justicia, al mismo tiempo que tendrá impacto directo en el aumento del consumo.

De esta forma, con el programa de reparación, el Gobierno atiende el reclamo social, inyecta fondos a un importante colectivo social que tiene muchos votantes de “Cambiemos”, están apuntalando las posibilidades electorales del año que viene; y llevan al Congreso una propuesta que tendrá una importante adhesión, con lo cual, recrearán las mayorías legislativas que lograron con la Ley que levantaba el “cerrojo” a la renegociación de la deuda externa y que perdieron por el “cepo laboral”, lo que implicará también evapora los sueños de recuperación de kirchnerismo en el Parlamento.

Además, el paquete que ingresará al Congreso implica abrir la puerta para la venta futura de las acciones que tiene en cartera el Anses (un deseo imperioso que tienen las cotizante), le da sustento “moral” (si cabe el término) a un necesario blanqueo fiscal, comienza a reordenar el sistema fiscal al proponer a eliminación de Bienes Personales desde 2019 y aumenta la base imponible en un país donde la AFIP suele cazar en el zoológico.

Pero lo más impactante de los anuncios, y quizás sea o que tuvo menor impacto en los medios, fue la creación de la “Pensión Universal al Adulto Mayor”, una forma de asistencia social para más de 2 millones de personas mayores de 65 año que están en condiciones de cobrar ni jubilación, ni pensiones. Sin duda, una medida de inmenso impacto electoral, pero que Mauricio Macri pone en la mesa a más de un año de las elecciones.

Pese a al peso que tiene el argumento “Gobierno de los CEOs”, la Administración de Mauricio Macri viene marcando una agenda de anuncios sociales muy agresiva, pero por la pésima comunicación de la Casa Rosada y la incapacidad de los inexistentes voceros de recordarlos, hace que las medidas se pierden en el tiempo y, más, su impacto social. Por ejemplo:

  • Desde Mayo, los monotributistas podrán recibir la Asignaciones por Hijo, por Embarazo, por Hijo con Discapacidad y la Ayuda Escolar Anual al igual que los trabajadores en relación de dependencia, medida que beneficia a 514.000 chicos y sus familias.
  • Se incorporaon los trabajadores temporarios al pago de las Asignaciones Familiares unas 200.000 personas que seguirán recibiendo, en paralelo, las Asignaciones por Hijo, por Embarazo, por Hijo con Discapacidad y la Ayuda Escolar Anual durante todo el año, independientemente del período en el que hayan trabajado.
  • Ya tiene media sanción de Diputados un proyecto de Ley para la devolución del IVA para beneficiarios de AUH y jubilados, que puede llegar a beneficiar a casi 8,5 millones de personas; y otro para la creación del programa “Primer Empleo Joven”.
  • En Mayo, con sus haberes, se le pagó un adicional a todo jubilado y pensionado de 500 pesos.
  • Se fijaron nuevos montos para los programas sociales y de empleo que cobran más de 500.000 beneficiados.
  • Junto con la CGT se fijó un aumento de 30% en el Salario Mínimo, Vital y Móvil y de 700% para el Seguro de Desempleo.
  • A la lista hay que sumar el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y la aplicación de la tarifa social o la continuidad de subsidios en los servicios públicos.

El recuento puede parecer ultraoficialista, pero es lo que anunció el Gobierno desde que asumió, lo que confirma que hay una agenda social, aunque los pagos puedan ser considerados magros, limitados o sin posibilidad de neutralizar el impacto del proceso inflacionario; pero forma parte de un esfuerzo del cual la Casa Rosada no sabe sacar rédito.

Pero la crítica no es sólo de la oposición kirchnerista ciega o del peronismo torpe, desde grupos ultraliberales con nula sensibilidad social se pone en duda la capacidad del Tesoro de hacer frente a este incremento de demanda de fondos públicos, justo cuando es necesario reducir el rojo fiscal y, por impacto de la recesión, la lentitud en la llegada de inversiones y el aumento del gasto; surgen dudas de que se puedan alcanzar las metas fijadas por Alfonso Prat Gay en Enero, como ya se ha hecho evidente con la esperada inflación de 25% anual que nadie espera ya.

Recibir críticas por izquierda y por derecha no coloca al macrismo en el centro de la escena política, sino que no logran explicar el impacto de sus medidas para tratar de sumar aliados, como es el caso de Elisa Carrió, que de inmediato puso en duda el blanqueo (sin el cual no se puede hacer el programa para jubilados y pensionados).

La estética elegida, el tono del discurso político y la limitada búsqueda de impacto en los medios que replique los anuncios para llegar a la mayor cantidad de ciudadanos posible, le quitan apoyo al Gobierno y hace más costosas las negociaciones en el Congreso. Sin embargo, pese al cambio de objetivos de la agenda oficial, se insiste con un modelo que no evitó que la popularidad de Mauricio Macri cayera hasta 15 puntos porcentuales.

Ahora, la oposición hará una fuerte jugada para tapar los anuncios sociales del Gobierno poniendo en juego la extraña declaración jurada de bienes del Presidente de la Nación, una presentación que termina por hacer enlace con las acusaciones que ya se habían lanzado al descubrir el nombre de Mauricio Macri en los “Panama Papers”, quizás, lo único que tiene hoy el kirchnerismo para esmerilar a PRO en el poder.

Pero el kirchnerismo también tiene acotadas sus capacidad de daño a Mauricio Macri. Las escandalosas revelaciones de los hechos de corrupción de la “Década Ganada”, donde se producen novedades todos los días que van acercándose a figuras del primer nivel del Gobierno del Matrimonio Kirchner, deslegitima cada vez más sus argumentos.

El objetivo que necesita el Gobierno para vaciar de contenido totalmente las críticas opositoras es salir de la recesión, que baje la inflación y que aumente el consumo. La Casa Rosada necesita a la economía como aliado. No sólo para ganar las elecciones del año que viene. Si el PRO se ha ganado el mote de “conservador”, “neomenemista”, “neoliberal” o “populismo de derecha”; necesariamente implica que hay un mandato implícito de que debe poner a funcionar una economía que el kirchnerismo hundió en recesión hace casi cinco años.

Uno de los eje de concepto “cambiemos” que votó la gente el año pasado está relacionado directamente con la economía; pero todas las encuestas y focus group confirman dos cosas: la mayoría cree que su situación económica mejorará en 2017 y, la otra, es que mucho ponen en duda poder “aguantar” hasta que llegue ese momento.

La brecha políticas se mantiene casi igual que el resultado del balotaje. En ese marco, los que votaron al kirchnerismo justifican los hechos de corrupción por el mayor bienestar que gozaban. Ahora, los que votaron a Mauricio Macri reclaman una agenda social (algo que el Gobierno está respondiendo en forma acabada, como hemos reseñado) y que mejore su situación económica. Es en este último punto donde nace el descontento.

Si bien 2017 está lejos, la reactivación del sistema productivo y del consumo son claves para retener los votos del año pasado. Y como los votantes están divididos entre los que votaron al macrismo y al kirchnerismo, la Casa Rosada debe esforzarse que los sufragios que sacó “Cambiemos” en 2015 no sean arrebatado por Sergio Massa o por Margarita Stolbizer, dos flancos hacia donde puede drenar el voto oficialista que no pertenece al PRO; o al radicalismo y el lilismo, si no perdura “Cambiemos”.

Los funcionarios del macrismo se han vuelto en consumidores obsesivos de encuestas. Por eso suelen correr detrás de los hechos. Así gobernaron 8 años en la Ciudad de Buenos Aires. No van a cambiar ahora. Sin embargo, las demandas surgen más rápido que las respuestas y, quizás, sólo por eso, ahora intentan retomar la iniciativa, otra vez.