Así como Donald Trump le está haciendo sencilla la campaña presidencial a Hillary Clinton en los Estados Unidos; las acciones y las palabras de Guillermo “Lassie” Moreno, Cristina Fernández y Hebe de Bonafini le están haciendo la mejor propaganda política que puede recibir (y desear) Mauricio Macri, en el peor momento de su mandato.

Casi como si fuera un guión preparado por Jaime Durán Barba, Guillermo “Lassie” Moreno confirma la prepotencia kirchnerista, Cristina Fernández no duda en comparar a Mauricio Macri con Juan Carlos Onganía, con Carlos Saúl Menem o con Jorge Rafael Videla, a voluntad, según el ámbito donde se presente; y la Presidente de Madres de Plaza de Mayo crea un show mediático inmenso para no declarar judicialmente por una causa de corrupción millonaria, que la tiene como protagonista principal.

El trío de ultrakirchneristas permitieron que pasara inadvertido que el Gobierno de Mauricio Macri haya resuelto dejar en mano de la Corte Suprema de Justicia crear un marco legal para el desequilibrado “sinceramiento” de las tarifas públicas o que no tuvieran repercusión las hirientes palabras de Elisa Carrió contra Ernesto Sanz, lo que confirma la ruptura de la relación entre ambos y pone en duda sobre la continuidad de “Cambiemos” en las elecciones legislativas del año próximo.

Guillermo “Lassie” Moreno, Cristina Fernández y Hebe de Bonafini no temen en indicar que dudan que Mauricio Macri pueda termina su mandato, expresando lo que todo militante kirchnerista (y mucho panperonista) desea: el derrumbe de un Gobierno elegido legal y legítimamente para poder volver a gozar de las prebendas perdidas el 10 de Diciembre pasado.

¡Qué duro se les hace a muchos kirchnerista (y panperonistas) estar en el llano, no tener choferes, no poder llevar a sus casas bolsones con dólares o decidir quién tiene derechos (y quién no) en la Argentina! El trío confirman la percepción de que el kichnerismo es violento, falaz, mentiroso y corrupto y expresan la creencia de muchos peronistas de que la Ley no se hizo para ellos, que sus acciones siempre deben ser perdonadas y que cualquier intento de hacer Justicia es una “lucha contra el pueblo”.

Y, para peor, el kirchnerismo cree que valida su comportamiento los gestos, las acciones y las palabras de Papa Francisco, el mismo hombre que bastardearon, ignoraron y boicotearon 10 años, pero que ahora es la máxima expresión del rechazo al Gobierno de Mauricio Macri, en especial, a las medidas que ha tomado para normalizar la economía desquiciada por 12 años.

El propio accionar de Guillermo “Lassie” Moreno, Cristina Fernández y Hebe de Bonafini tendieron un velo sobre el segundo “ruidazo” (“ruidito”, en verdad, por la escasa adhesión que tuvo, esta vez sin que hubieran lluvias) organizado por la propia oposición. Pero también ocultaron que el Vicepresidente de los Estados Unidos, John Kerry, le entregó a Mauricio Macri los primeros archivos desclasificados sobre la Dictadura Militar.

En el peor momento de la recesión, cuando los indicadores macro negativos se acumulan, justo cuando las causas judiciales contra la corrupción kirchnerista ya casi no tienen impacto en la opinión pública y el Gobierno sale a “comprar” gobernabilidad, impulsando el preocupante déficit fiscal; el ex Secretario de Comercio Interior, la ex Presidente de la Nación y la titular de Madres de Plaza de Mayo exacerban sus declaraciones y acciones antimacristas, generando un efecto exactamente inverso al que buscan con sus torpes comportamientos. El PRO, celebra.

El kirchnerismo necesita del antimacrismo militante para sobrevivir a la pérdida de poder y el aislamiento que le hace el peronismo y muchos colectivos sociales. Y, como bien demuestran las encuestas, el macrismo necesita del antimacrismo militante para fortalecer su débil posición ante la ausencia de triunfos en el terreno económico en los últimos cuatro meses.

Así, ambos se necesitan para sobrevivir y para quitarle protagonismo al peronismo en ebullición, a la dupla Sergio Massa – José Manuel de la Sota y a la creciente Margarita Stolbizer. Pero también sirve para ocultar las eternas negociaciones para unificar la CGT, muchas de las internas palaciegas de Gobierno, el comportamiento mezquino de los empresarios o la ausencia de surgimiento de “brotes verdes”.

Los tiempos macristas están lejos de los tiempos peronistas, por eso, recién comenzado Agosto, el Gobierno salió a asegurar que se cumpla una abultada Agenda Parlamentaria que tiene entre manos y a intentar asegurar un poco de “paz social”; ambos flancos para ganar en gobernabilidad. Para ello, Mauricio Macri firmó acuerdos para ceder unos 67.000 millones de pesos a Gobernadores y sindicalistas, un precio altísimo que se paga (en medio de fallidos intentos por reducir el déficit fiscal) por tener un Congreso activo y favorable y gremios que ladren, pero no muerdan.

La Casa Rosada quiere que, en los próximos 3 meses, se hable de la discusión parlamentaria de la reforma fiscal, de una posible nueva Ley de Entidades Financiera, de una nueva legislación sobre el empleo y que salga de los cajones la Ley de Empleo Joven o avance la Ley del “Arrepentido”, entre otras reformas que están terminando de redactarse.

La apuesta política del macrismo es fuerte. Con el acuerdo con los Gobernadores, el Gobierno cree que tiene allanado el camino en el Senado; en paralelo, en la semana, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, avanzó en negociaciones con Sergio Massa y con Ernesto Sanz. Ahora, se intentará sumar a otros colectivos peronistas y a la revuelta interna radical, con el fin de anunciar el paquete de leyes que irá al Congreso, que también incluirá el Presupuesto 2017, a mediados de Septiembre. El resto, será enfrentar “Guerra de Guerrillas” en la Cámara de Diputados, como ocurrió hasta ahora.

Con los aportes a las obras sociales y una “cumbre” que se negocia con el nuevo trío que conducirá la Confederación General del Trabajo desde el 22 de Agosto, compuesto por Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña; se avanzaría con la reforma laboral, para que las discusiones no sean en la calle, enfrentando marchas y movilizaciones.

De esta forma, el Gobierno gana gobernabilidad con acuerdos políticos; mientras que con la puesta en marcha de la “exteriorización” de activos y la cercana visita de la misión del Fondo Monetario Internacional para sacar a la Argentina del Artículo IV, gana tiempo, hasta que salgan las leyes aprobada y la inyección de fondos que se ha hecho en los últimos dos meses comiencen a revertir las tendencias recesivas.

Así, las palabras encendidas, las actitudes patoteriles y las acciones desorbitadas de Guillermo “Lassie” Moreno, Cristina Fernández y Hebe de Bonafini no construyen una oposición de alternativa a Mauricio Macri; al contrario, hacen al juego y diseño estratégico de la Casa Rosada. Sin duda, una paradoja del proceso político actual.

La recesión transcurre mientras Comodoro Py es un insípido show mediático, el kirchnerismo organiza “maratones” contra el Gobierno y el panperonismo se enreda en eternas discusiones internas. Sin embargo, para los observadores más atentos, no deja de sorprender que el Gobierno con el Gabinete Económico conformado por los economistas más reconocidos de la Argentina no acierten en dar un timonazo que cambie las expectativas de los agentes económicos, políticos y financieros, locales e internacionales.

Cerca de cumplir 9 meses en el poder, el Gobierno no encuentra como realizar un ajuste fiscal que no tenga impacto social, pero por el contrario, realiza una política monetaria que alimenta la recesión, que tiene mayor efecto social que cualquier política fiscal contractiva. Lo que no se quita en gasto innecesario se lo lleva la pesada carga impositiva sobre el poder adquisitivo de las familias. El resultado son volúmenes de compra menores, mientras los precios comienzan a estabilizarse por falta de ventas.

Decenas de medidas ha tomado el Gobierno para inyectar dinero en los bolsillos de la gente y en la actividad económica, pero el trecho entre el anuncio y la concreción es inmenso, lo que implica que todo queda en palabras, dado que el dinero no “lubrica” la producción ni el consumo. Y aquí estamos ante otra de las inmensas deudas del PRO en el poder.

Se puede discutir cuales y cuantas han sido las medidas económicas y fiscales positivas o negativas impulsadas, anunciadas o aplicadas por el Gobierno de Mauricio Macri, pero lo que no se puede discutir es la ineficiencia manifiesta en la gestión de la “cosa pública”. El “sinceramiento” de las tarifas públicas es un ejemplo. El otro, la reactivación de las obras públicas, pese a los anuncios sucesivos que ha hecho la Casa Rosada.

La lista es larga. El “Plan Belgrano” para el Norte Argentino, el “Plan San Martín” para el Gran Buenos Aires, el “Plan de Obras Públicas”, el nuevo “Procrear”, el “Plan Vial” y, ahora, dicen que preparan el “Plan Productivo Nacional”. Un especialista en management haría el diagnóstico en 2 minutos: al Gobierno de Mauricio Macri le sobre planificación, la falta gestión.

En los mentideros de la Casa Rosada sostienen que el “Plan Productivo Nacional” ya va por su versión Nº 12. ¿Para cuándo lo van a anunciar? Si con la catarata de datos macro negativos, todavía siguen haciendo versiones, revisiones y nuevos PowerPoints, van a llegar las elecciones legislativas, sin que el efecto de tanto “plan” llegue a los ciudadanos.

No es un defecto sólo macrista. El kirchnerismo anunció una docena de planes energéticos y la Argentina quedó con su mercado de energías desquiciado, quebrado y desfinanciado. Cristina Fernández hizo algunos anuncios hasta 5 veces. Pero 52% de los ciudadanos votó a “Cambiemos” para que no repita los mismos errores, las mismas mentiras.

Guillermo “Lassie” Moreno puede seguir prepoteando, Cristina Fernández, “regando” falacias y Hebe de Bonafini, incita a un golpe. Lo que Mauricio Macri no puede hacer es seguir dilatando los tiempos. Ya, es hora de hechos, no de más anuncios o de más planes.