Una elección es el mayor ordenador de voluntades políticas. Lo esperado, lo planeado, lo pronosticado se enfrenta a la realidad cuando se cuentan los votos. Sin embargo, desde hace varios años, las encuestas han sido utilizadas, con mayor o menor éxito, según el caso, como un “diseñador” de escenarios favorables para que se produzca uno u otro resultado. Así, los “Globos Amarillos” del PRO llevaron a Mauricio Macri a la Casa Rosada, mientras que “La Gran Avenida del Centro” devolvió a Sergio Massa a Tigre.

Hoy, más allá de la manipulación que pueda haber en algunas de las encuestas que circulan, hoy varios puntos coincidentes entre ellas:

La caída de imagen positiva e intención de votos del Gobierno de Mauricio Macri es previa a la crisis cambiaria que se desató a mediados de abril, dado que desde mediados de Noviembre, una vez pasada la euforia postelectoral, se comenzaron a registrar los primeros números hacia la baja.

Los problemas económicos explican la caída de imagen positiva e intención de voto al Gobierno de Mauricio Macri tanto en 2016 como desde el 28 de Diciembre 2017, esto pese a que los primeros cuatro meses del año, los Indicadores Macroeconómicos mostraban índices positivos.

> La crisis cambiaria incrementó el ritmo de caída que mostraban imagen e intención de voto, pero no por efecto de la salida de divisas de la Argentina o la suba del dólar, sino porque, en medio de ese proceso, se produjo el primer gran impacto en la suba de las tarifas de los servicios públicos en empresas, industrias y hogares.

Si bien la corrida cambiaria tuvo efectos sobre el poder adquisitivo de las familias, comenzó a surgir una nueva causa de caída en las encuestas: Pérdida de confianza política. Se hizo palpable la posibilidad de que el Gobierno de Mauricio Macri no pueda ser reelecto, mensaje que surgió de las urnas en Octubre pasado, lo que impulsó los planes opositores para plasmar un recambio presidencial en 2019.

Los inversores tienen muchas dudas con la gestión política de Macri, especialmente con lo que pueda ocurrir con el Presupuesto 2019

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Ni el acuerdo con Fondo Monetario Internacional, ni la reclasificación de MSCI, ni los cambios en el Banco Central, el Ministerio de Energía y Minería y Producción, ni la reunificación de Hacienda con Finanzas, ni la entronización de Nicolás Dujovne como “Coordinador Económico, ni el ocultamiento cosmético de los hombres que nos llevaron a esta crisis (Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui) han revertido el clima de desconfianza y caída en las encuestas. Es más, la “pax cambiaria” vivida las últimas dos semanas, fruto de medidas ultraortodoxas lanzadas por Luis Caputo, no han servido para cambiar la tendencia de las encuestas.

Desde hace meses quedó claro que la corrupción kirchnerista ya no alcanza para desplazar del interés de la opinión pública de la crisis, pero comienza a genera más interés en los votantes macristas e independientes los casos de corrupción del Gobierno. Desde los “Panama Papers” para acá, la preocupación ha crecido en este electorado, quién combina el desagrado por estos casos con los errores políticos y económicos que se cometen para generar el fenómeno de “votantes macristas desencantados”, que ya alcanza a 1 de cada 3 personas que eligieron a “Cambiemos” en 2015 y 2018.

Pese a los resultados negativos en las encuestas, “Cambiemos” y Mauricio Macri mantienen la intención de voto que se alcanzó en las PASO de 2015: 30% del electorado, lejos del 52% del balotaje y del 42% de hace tan sólo 8 meses. ¿Cuántos de esos votos se pueden llegar a recuperar? Esa es la gran pregunta que todos intentan responder en el mundo del análisis, marketing y planificación política.

Todas las encuestas y análisis de redes sociales, realizados hasta por las consultoras que son cercanas a la Casa Rosada, confirman que el pesimismo es grande, que se instaló fuertemente en la sociedad y que los mensajes del Gobierno no alcanzan para reducir, mitigar y, menos, revertir este clima negativo. Así que si el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, maneja el “Ejercito de Troll” del cual habla la oposición, no están haciendo bien su trabajo para neutralizar este mar de percepciones negativas.

En consecuencia, luego de seis meses de pérdida de imagen positiva e intención de voto, el Gobierno de Mauricio Macri comienza a comprender que el malestar socioeconómico construye tendencias en la opinión pública, tendencias que pueden convertirse en estructurales y tener efectos en las urnas a la hora de votar. En el fondo, fue lo que ocurrió con el kirchnerismo, que más allá de lo enormes errores políticos que cometió Cristina Fernández, los 3 años de recesión impactaron sobre el electorado.

En el fondo, esto es lo que muestran e intentan imponer las encuestas que estamos conociendo estas semanas. Trabajo someros, usando baratos mecanismos de recolección de datos, donde se desconoce quién paga esas “investigaciones”, hechos por consultoras casi sin historiales comerciales o académicos, con muchos dueños kirchneristas o filokirchneristas. Son instrumentos de creación de percepciones, de escenarios electorales, pero no implica que muestren datos falsos o tendenciosos.

Ocurre que el desgaste del oficialismo, obliga a reposicionar a las fuerzas opositoras, pero hasta ahora, en este proceso, sigue predominando las divisiones antes que las alianzas, pero con una fuerza aún mayor que hasta las elecciones del año pasado. Este dato, es lo único que alienta las esperanzas macristas de una reelección, nada sencilla, pero reelección al fin.

Cristina Fernández de Kirchner: Sin hablar es un problema para Cambiemos.

Cristina Fernández de Kirchner: Sin hablar es un problema para Cambiemos.

Sin hablar, Cristina Fernández logra tres objetivos:

(1) Subir en las encuestas,

(2) Crear misterio sobre su futuro, como hizo desde 2006, cuando se comenzó a hablar de “Él o Ella” y, sobre todo,

(3) Le quita el insumo más importante al que puede acceder el Gobierno para forzar una polarización electoral para las presidenciales del 2019.

“Cambiemos” ganó en 2015 polarizando. Lo mismo hizo en 2017. Y Jaime Durán Barba esperaba repetir fórmula en 2019. Pero en este clima de creciente descontento contra el Gobierno de Mauricio Macri, como algunos venimos sostenido desde hace casi dos años, el clivaje “kirchnerismo – antikirchnerismo” está cambiando por “macrismo – antimacrismo”.

Pero para que el “antikirchnerismo” le ganara al “kirchnerismo” fue necesario que Elisa Carrió aceptara sentarse y acordar con Mauricio Macri y que, ambos, convencieran a la Unión Cívica Radical por optar por el Jefe de Gobierno porteño en vez de Sergio Massa. ¿Podrá repetir el panperonismo este comportamiento superando las trabas que impone la figura de Cristina Fernández y los choques de personalismos existentes?

Son muchas las encuestas que dicen que el panperonismo debe ir unido contra Mauricio Macri, mientras otras opinan que “Cambiemos” pierde en el balotaje contra cualquier candidato opositor.

Lo cierto es que, hoy, nadie sabe lo que hará Cristina Fernández, nadie puede asegurar el clima económico que habrá en los seis meses previo a la elección, nadie puede adelantar si Mauricio Macri buscará (o no) su reelección, ni cuáles serán los determinantes de la votación. Asegurar algo es casi temerario.

Nunca se han podido a sentar a negociar, entre sí, todos los Gobernadores peronistas. Nunca se han podido a sentar a negociar, entre sí, todos los Intendentes peronistas de la Provincia de Buenos Aires. El panperonismo está dividido en el Congreso y en todas las Legislaturas provinciales. La CGT tuvo que postergar sus elecciones hasta 2020 ante la imposibilidad de acordar un nuevo liderazgo. ¿Es este panperonismo desarticulado el que le ganará las elecciones presidenciales a “Cambiemos”?

La ausencia de liderazgos de peso es notable. Se mide a Roberto Lavagna, un hombre de 76 años, que ya fracasó como candidato a Presidente de la Nación; a Marcelo Tinelli como si fuera una nueva versión de Ramón “Palito” Ortega, se lanza el nombre de Santiago del Moro por el hecho de tener un programa de mucho rating. Y no hablemos del “regreso” de Felipe Solá, cuyo lanzamiento no acompañó ninguna figura del panperonismo.

Cuando ciertos analistas dicen que la marca “Cambiemos” envejeció, se le olvida que el medir a Roberto Lavagna, Felipe Solá, Marcelo Tinelli o Santiago del Moro es una demostración de que todos los posibles candidatos del panperonismo también han envejecido. Casi todos los nombres de todas las fuerzas están “gastados” y, de los menos ajados, el único que suma votos es María Eugenia Vidal, que por el momento, no tiene planes de salir de la Provincia de Buenos Aires, dado que no tiene reemplazo para que le gane al peronismo bonaerense, unido o separado.

Las encuestas son instrumentos de investigación. Nadie gana una elección por que las encuestas lo ordenen. Del dato estadístico al voto efectivo hay un inmenso trecho. Si Mauricio Macri quiere ser reelecto o quiere dejar un o una heredero o heredera, el clima económico debe dar un giro de 180°. Si el panperonismo quiere volver a la Casa Rosada, además de que el clima económico deba empeorar, debe tejer alianza, elegir candidatos y recrear la confianza perdida hace 33 meses.

En pocas palabras, ambos grupos deben hacer enormes esfuerzos para imponer las condiciones que los mantenga o devuelva al poder. De eso se trata la discusión del Presupuesto 2019, de superar la crisis o de profundizarla. Por eso será una pelea muy dura. En el fondo, en Argentina, las elecciones nunca suelen ser como se las esperaba un año antes.