El “timbrazo” de este sábado 19/05 fue un fiel reflejo del clima que hay en la calle contra el Gobierno. Pese a que Mauricio Macri se puso a la cabeza de la movilización partidaria, en las RRSS macristas casi no hubo “selfies” de funcionarios, legisladores y dirigentes del PRO con vecinos sonrientes. Al contrario, el rechazo fue muy duro hasta en aquellos barrios que se consideran “amigables”, desde el punto de vista electoral.

El “timbrazo” es un acto de valentía política. Salir a la calle en medio de la crisis que estamos viviendo, prometiendo un ajuste ortodoxo, a pedido del Fondo Monetario Internacional; y con un proceso inflacionario que orada el poder de compra de los salarios familiares; es loable y pone a prueba cualquier estructura partidaria, más cuando el rechazo y las protestas fueron mucho más duras que los observadas hace poco menos de un mes, cuando se realizó el primer “timbrazo” del año.

Pero lo que dicen los estudios demoscópicos por estas horas es que la principal causa del enojo ciudadano contra el Gobierno va dirigido a la idea de que no llegan a comprender la gravedad de lo que ocurre en la microeconomía, en la calle, en los negocios chicos y, ni hablar, en las empresas medias o grandes, las cuales tienen desafíos diferentes, con un costo potencial social y económico inmenso ante un “fenómeno cascada”.

Las declaraciones públicas que hacen los funcionarios macristas insisten en señalar que la crisis ya pasó, celebran que el Banco Central frenó la corrida, creen que la negociación con el FMI será rápida y se obtendrán condiciones sencillas de cumplimiento y que el impacto en la economía real de lo ocurrido en el último mes tendrá bajo impacto estadístico.

La cierto es que la crisis no finalizó. Pese a que el Banco Central hace una semana que ofrece US$5.000 millones a $25 para que compre el que quiera y que las adquisiciones totales fueron menores a los US$1.500 millones; la salida de dólares no se frena.

En ese sentido, si se compara la venta de divisas del BCRA contra la caída de reservas se observa que, por cada US$1 que vende la entidad que preside Federico Sturzenegger, salen de las reservas US$3. La cifra no se nota por que el campo sigue vendiendo divisas al mismo ritmo que hace 1año y esta semana ingresaron los US$3.000 millones de las emisiones de BOTEs.

Si bien el Banco Central logró refinanciar el 100% de la emisión de Lebacs -y tomó $5.000 millones adicionales, algo que nunca hizo desde la existencia de las Letras del Banco Central-,  para lograr este resultado se tomaron 5 medidas que, muy en el fondo, son excepcionales, y no se pueden mantener en el tiempo o no se pueden repetir.

1. Se subieron las tasas de las Lebacs a 40% anual para los tramos cortos y 38% para los tramos más largos.

2. El ministro de Finanzas, Luis “Caputo, dio un “golpe de confianza” colocando los US$ 3.000 millones de BOTE.

3. Se bajaron los requisitos mínimos de liquidez para los bancos, lo que permitió que el dinero liberado, con costo “0”, fuera colocado a tasa de 40% anual, un nivel muy superior de cualquier estimación de inflación que se haya realizado hasta el momento.

4. El lanzamiento de las ofertas de ventas de dólares a $25 por el Banco Central, que en el fondo, establece un tipo de cambio fijo, dejando de lado la flotación más o menos sucia que defendía el Banco Central.

5. En 2 extenuantes reuniones en la casa del presidente del Banco Santander Río, Enrique Cristofani, se negoció el apoyo de los bancos a la estrategia oficial, donde fueron “invitados gentilmente” a comprar Lebacs en vez de salir a convertir sus pesos en dólares a toda velocidad.

El problema es que el martes 19/06 vencen $670.000 millones de Lebacs, cifra que puede bajar si el Banco Central compra bonos de corto en el mercado secundario, tal como hizo en las últimas 2 semanas con las Letras que vencían el martes 15/05, descomprimiendo levemente el monto de vencimientos a refinanciar. Hoy, parece complicado, para la economía real, seguir con una tasa de 40% anual, seguir con el dólar a $25, es difícil que “Toto” Caputo logre un nuevo “golpe de efecto” y que se pueda liberar liquidez bajando encajes. ¿A qué se va a recurrir?

El Gobierno no entiende que la corrida contra el peso tuvo diversas causas. Los primeros US$3.000 millones -todas estas cifras son aproximadas-, que salieron del país fueron impulsados por la puesta en vigencia del Impuesto a la Renta Financiera, pero los restantes US$5.000 millones tiene una mezcla de escape del peso y de los bonos argentinos por falta de confianza en el inexistente equipo económico, dolarización de carteras, escape de riesgo local, regional y de emergentes y un reacomodamiento de todas las carteras de inversión ante el cambio del escenario de tasa de interés en los Estados Unidos.

En Casa Rosada minimizan la crisis y dan 3 indicadores de las últimas horas que parecen demostrar que una cosa es lo que se dice que ocurre en la calle y lo que ocurre en realidad:

1. En la City dicen que la tasa de descuento de cheques para Pymes, el viernes 18/05, estuvo por debajo del 40% que rinden las Lebacs. El dato es real, pero en sólo algunos lugares, cuando más “cueva” sea una “cueva”, la tasa que se aplica crece hasta por arriba del 50%.

2. En la Feria de las Máquinas y Herramientas (FIMAQH) se hicieron negocios por US$180 millones, 80% más que el año pasado. El dato sorprende, dado que los principales compradores fueron las empresas chicas y medianas, no las grandes compañías.

3. El “Hot Sale” también fue récord absoluto. Las ventas alcanzaron casi los $6.200 millones, 78% más que la Edición 2017; con un promedio de $85 millones facturados por minuto y 54% más de operaciones. En total, se hicieron 1,9 millón de transacciones en 3 días. Pero acá los 2 datos que desalientan:

> el ticket promedio no llegó a los $3.300, y
> los TV, que reinaron todos estos años, fueron desplazados por alimentos y bebidas y zapatos, de allí el promedio chico del ticket.

Pero más allá de estas excepcionalidades, cualquier minimización que se haga de esta combinación de fenómenos no ayuda a encontrar la solución correcta, dado que el diagnóstico es equivocado; y no se llega a entender la combinación de factores que debe atacar la Casa Rosada para recrear confianza.

En pocas palabras: Con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no alcanza y sin un giro ortodoxo de la gestión macroeconómica y recambio de personas, el endeudamiento que se tome tendrá efecto más que limitado.

Por esta hora, voceros oficialistas dicen que Mauricio Macri decidió colocar al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en la coordinación de los 8 ministerios en que fueron divididas las carteras kirchneristas de Economía y Planificación Federal. Ellas son Energía, Transporte, Finanzas, Agroindustria, Producción, Trabajo, Interior, Modernización y su propia cartera; lo que implica que fueron desplazados de esas funciones los ViceJefes de Gabinete, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

En contra de lo que muchos puedan creer, no fue el convencimiento del Presidente de la Nación del error cometido al atomizar las decisiones económicas ni es un castigo al Jefe de Gabinete, Marcos Peña; y sus dos máximos colaboradores. En realidad, la decisión de Mauricio Macri responde a un pedido de la titular del FMI, Christine Lagarde, quien pidió negociar con alguien con verdadero poder político y de implementación de lo que se negocie; y como el Primer Mandatario no se puede dar el lujo de enviar a Washington al trío que maneja la Jefatura de Gabinete, se“entronizó” a Nicolás Dujovne a una posición que le queda demasiado grande.

La decisión presidencial tiene otro efecto: Es un mensaje al Fondo Monetario Internacional de que será Nicolás Dujovne el encargado de llevar adelante el ajuste que se pida desde los Estados Unidos; lo que implica que el ministro de Hacienda se convierte en el “fusible” por el costo político que tenga realizar la inmensa reducción del Gasto Público que se va a pedir, salvando de ese costo a Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

Así queda confirmado que la estrategia de Mauricio Macri y sus 3 máximos colaboradores es hacer lo imposible para que el costo políticos del ajuste a realizar sea compartido, por eso se llama a los radicales Ernesto Sanz, Alfredo Cornejo, Gerardo Morales y el lilito Fernando Sánchez a sumarse a la “Mesa Chica” del Gobierno, a los gobernadores para que se hagan cargo del grueso del recorte presupuestario que se deberá realizar y de muchas de las obras públicas prometidas; y de los senadores, para que no aprueben el proyecto para retrotraer las tarifas a 2016.

En contra de lo que se crea, Mauricio Macri mantiene el poder del entorno que conforman Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui; no entiende que Nicolás Dujovne no genera confianza entre empresarios, banqueros y financistas; y le hace un poco de “maquillaje”al famoso “Plan Perdurar”, que tiene como meta ir por la reelección el año que viene, pese a que no suelen ganar elecciones los Gobiernos que están realizando fuertes ajustes macroeconómicos en medio de la votación, pero eso no parece amilanar al selecto grupo que rodea al Presidente de la Nación.

Por ahora, el panperonismo apenas si ha “mostrado los dientes”. El oposicionismo furioso comenzarás cuando se conozcan los pedidos que va a realizar el FMI. Es posible que kirchneristas, massistas y sindicalistas vayan por carriles diferentes que los Gobernadores y algunos “Barones del Conurbano”, pero la entrada del FMI en escena polariza más “La Grieta”. Pero eso, no es una buena noticia para el Gobierno si no suma aliados en la lucha. Y, en ese sentido, por ahora, pese a algunos cambios cosméticos, el macrismo sigue tan solo en la gestión como hace un mes atrás.