Pese a que faltan 2 semanas para votar, los protagonistas políticos han comenzado a comportarse como si las Elecciones Generales ya hubiesen pasado, convencidos de que las tendencias que muestran las encuestas son casi imposibles de modificar y dando los primeros pasos de lo que será la redistribución del poder político que producirán los resultados que se comenzarán a conocer apenas cierren los centros de votación.

Es cierto que en la Ciudad de Buenos Aires es imposible que el kirchnerismo o el equipo de Martín Lousteau alienten esperanza de acercarse a Elisa Carrió. Sin embargo, la diferencia entre ambas fuerzas se ubica en 5 puntos porcentuales, es decir, dentro del rango de error de las encuestas, lo mismo que ocurre en la Provincia de Buenos Aires entre Esteban Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner.

En ambos casos, si Esteban Bullrich o Daniel Filmus obtienen 3 puntos por debajo de lo que dicen hoy las encuestas y CFK y Martín Lousteau suben en una cantidad idéntica de puntos porcentuales; el triunfo de “Cambiemos” en territorio bonaerense se convierte en un 2do. lugar o el kirchnerismo perdería un Senador Nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, 2 resultados impensados por estas horas.

 Si estamos en niveles de error estadísticos en la Provincia de Buenos Aires entre el 1er. y 2do. lugar y entre el 2do. y el 3ro. en la Ciudad de Buenos Aires, ¿Cuál es el motivo que todos dan por seguro que no habrá cambios en los resultados de la votación que se esperan por estas horas? La respuesta es sencilla: La apatía de la calle es alta, pero el nivel de personas que dicen que no tienen decidido su voto es muy escaso.
Las PASO levantaron expectativas en el mundo político y entre las corporaciones más importantes, pero en la opinión pública, los resultados de las primarias confirmaron la percepción que tenía antes de la votación. Ellas eran que “Cambiemos” ganaba la elección bonaerense en las Generales y que el proyecto personal de Martín Insaurralde no tenía chances de competir con Elisa Carrió, con su 3er. lugar asegurado.

Incluso en Santa Fe, donde el kirchnerista Agustín Rossi le ganó por unos pocos votos a “Cambiemos”, como ese resultado es fruto de que todo el peronismo fue a las PASO en 3 listas; era claro que en las Elecciones Generales, muchos peronistas no iban a apoyar al ex ministro de Defensa de CFK y que el voto hacia el macrismo era considerado como mejor opción que hacia el socialismo, tal como dicen hoy las encuestas.

Es más, la sorpresa que ocurrió en Santa Fe tuvo mínima repercusión en los medios porteños: El socialismo estuvo en el 3er. lugar en la elección, pese a tener un Gobernador con más de 50% de imagen positiva. Se podría argumentar que la partida de una parte de los votantes radicales hacia “Cambiemos” modificó el resultado de la votación, pero eso disculparía a la cúpula del Partido Socialista santafesino que hizo su peor armado en más de 15 años y decidió no colocar un solo socialista de peso en la cabeza de las listas. Fue una forma de “suicidio político” calculado.

Pero no hay que ser inocentes al analizar el clima electoral previo a las PASO y el actual: el Gobierno ha sido el más inteligente en imponer una percepción de triunfo en la Provincia de Buenos Aires y, ahora, en Santa Fe, ya sea por el uso de encuesta o haciendo trascender datos que confirmarían el fracaso de los intentos kirchneristas por consolidar ambos triunfos.

También es verdad que los recursos con los que cuenta el Gobierno Nacional son mucho mayores que sus enemigos, en especial el kirchnerismo; pero en 2015, la situación era totalmente inversa y eso no evitó que Mauricio Macri ganara la Presidencia de la Nación, que María Eugenia Vidal fuera elegida Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires y que Martín Lousteau fuera el 2do. más votado en la Ciudad de Buenos Aires. El antikirchnerismo era más importante que el kirchnerismo y CFK no dejó error sin cometer en el armado político-electoral.

La campaña de “Cambiemos” es más que prolija. Planificada con cuidado, con inmensos recursos económicos, con recursos humanos más que abundantes, el único defecto fue que no tuvieron una buena estructura de fiscalización en ciertas partes del Gran Buenos Aires. Pero CFK también hizo una campaña prolija, homeopática y temerosa, que se apoyó más en su nombre que en el marketing político; pero el cambio que instrumentó luego de las PASO no parece darle rédito en votos.

Ahora, pese a que el equipo de campaña de CFK dice que las entrevistas que le han hecho ciertos medios han “humanizado” la imagen de la ex Mandataria, el recorrido por el Gran Buenos Aires en caravana o los actos con cada vez más gente no “limpia” la imagen negativa que tiene el 70% del electorado, lo que implica que el antikirchnerismo se mantiene más presente que nunca, pese a que la ex Presidente de la Nación use por primera vez públicamente zapatillas, ingrese a una clase de zumba en el Gran Buenos Aires o diga en una entrevista que le gusta cocinar y cuáles son sus platos preferidos. El pasado, no cambia.

En cierto sentido, se invirtieron los roles. En la campaña para las PASO, “Cambiemos” trató de ganar las calle de todas las formas posibles(inaugurando o anunciando obras, haciendo “timbrazos”, con los candidatos haciendo recorridas o inundando las pantallas de televisión), mientras que CFK hizo visitas minimalistas, lejanas el “estilo peronista” y dejando de lado a los poderosos “Barones del Conurbanos”.

Ahora es al revés. “Cambiemos” camina mucho pero casi no aparece en los medios, las visitas son con público cuidadosamente elegido y los “timbrazos” tienen más impacto en las RRSS (redes sociales) que en los canales de televisión o los diarios, que hay tomado el hecho como una “rutina”. Por su parte, CFK se lanzó a probar con actos con más gente, sin llegar a la masividad propia del peronismo del pasado, pero prometiendo 2 cierre de campaña con actos multitudinarios y fuerte presencia de los intendentes peronistas que la apoyan (uno será en el estadio de Racing Club, en Avellaneda; y el otro en La Matanza, último intento por llamar al voto peronista).

Un “cisne negro” como el Caso Maldonado no parece haber tenido impacto en la intención de voto de los candidatos de “Cambiemos” y la crítica se ha concentrado en aquellos grupos que en las PASO votaron por el kirchnerismo o por alguna otra forma de peronismo, además de la izquierda (en todos sus colores y formas). Ocurre que los candidatos de “Unidad Ciudadana” o del “Frente para la Victoria” deben hacer frente a denuncias casi diarias de corrupción, pasos procesales, o incluso, juicios, de las dos decenas de causas principales que se tramitan en Comodoro Py.

En ese sentido, el Poder Judicial, sobre todo la Justicia Federal, que son maestros de la diplomacia y se mueven al ritmo de los cambios políticos le han dado al Gobierno lo que esperaban para la elección: Un verdadero show de actuaciones judiciales que sirven de “fuego de artificios” con las principales espadas kirchneristas como protagonistas, pese a que falta años para que alguna condena que aparezca quede firme.

El clima de calma que hay en “Cambiemos” permitió mantener “en la reserva” a Elisa Carrió hasta el próximo debate televisivo, donde el Gobierno espera que la chaqueña literalmente “aplaste” a sus dos contendientes (Daniel Filmus y Martín Insaurralde): mientras que la campaña de CFK, pese a que tuvo la participación de alguno de los “Barones del Conurbano”, desde la misa por Santiago Maldonado en Merlo, no ha tenido impacto en los medios, salvo en un par de canales de cable que transmitieron las tres caravanas que ha protagonizado.

Incluso la economía ha comenzado a jugar a favor del Gobierno. La recaudación lleva 3 meses creciendo por arriba de la inflación, van 4 meses de crecimiento de la producción industrial (que venía de posiciones muy bajas), mientras que van 90 días que sube el PBI. Lo mismo puede decirse de la venta de autos, motos, inmuebles y otros rubros similares. En “la calle”, el panorama es diferente, con sectores que crecen mucho y otros que no logran remontar; pero en el promedio general, la confianza de las familias es mayor, lo que se ha traducido en una suba de la imagen positiva de Mauricio Macri, luego de varios meses de caída. Para la Casa Rosada, eso alcanza.

Poco importa si el crecimiento no es sólido y contundente o si es o no sostenible el modelo de financiación de déficit fiscal emitiendo deuda, al tiempo que la inversión la motoriza el Sector Público y el control de la inflación no controla la inflación, pese a que la deuda emitida con Lebacs crece mes a mes y el costo de intereses (antes llamado “déficit cuasi fiscal”) ya pone en duda la fortaleza de las reservas del Banco Central.

Todas estas variables macroeconómicas no son comprendidas por el grueso del electorado, que percibe más sus efectos que la problemática existente. En eso, el macrismo se parece al kirchnerismo, que durante varios años ganó elecciones “cebando” el consumo y acumulando distorsiones macroeconómicas. Para el votante, lo importante era consumir y tener dinero en el bolsillo, el resto era para tecnócratas. Así ha costado (y seguirá costando) poner en orden la Economía desquiciada que dejó Cristina Fernández en sus dos mandatos y lo complejo que es explicar la “herencia”.

¿Incuba el “Modelo Macrista” una futura crisis? Si uno lee las RRSS kirchneristas, estamos caminando por el infierno. Pero entre los economistas ortodoxos hay más confianza, creen que el Gobierno está a tiempo para hacer cambios que solucionen los problemas macro gradualmente, como es el camino elegido por el Presidente de la Nación para volver a la “normalidad” la economía argentina.

¿Es la campaña actual una “obra maestra” de la planificación del macrismo o una serie de “golpes de efecto” con suerte? Muchos se harán esa pregunta una vez que se conozcan los resultados de la votación. Poco importa, el Gobierno de Mauricio Macri se encamina a tener un resultado histórico que no se produce desde 1985: Ganar en los 5 mayores distritos del país y alcanzar 40% de los votos totales. Y pese a ello, no tendrá mayoría en el Senado o en Diputados; por eso el poder será redistribuido profundamente en la Argentina. Veremos sus efectos.