El Caso Maldonadoha impactado fuerte en la carrera hacia las elecciones de Octubre. La desaparición del joven artesano obturó la campaña de “Cambiemos”, le devolvió mística, actualidad y futuro a la campaña de Cristina Fernández de Kirchner; acentuó la polarización, por lo cual Sergio Massa y Florencio Randazzo compiten por quedarse con el rol de peronista no kirchnerista que intente rescatar al Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires del control cristinista; y corrió a un costado todo otro tema de la agenda de los medios de comunicación.

El kirchnerismo supo ver con claridad que el Caso de Santiago Maldonado era su oportunidad para levantar las viejas banderas que les dieron tantos votos en elecciones pasada; pero sobre todo, le dio un giro a una campaña minimalista, con una CFK “herbívora”, que le escapaba al apoyo de los “Barones del Conurbano” y los gobernadores peronistas, para ser la “estrella” del triunfo contra “Cambiemos”.

Incluso, el Caso Maldonado permitió al kirchnerismo salir de la trampa de discutir hasta el hartazgo la maniobra del Gobierno en la noche del recuento provisorio y tratar de levantar como un “triunfo” un resultado que fue leído por todo el mundo político como una derrota; al tiempo que le dio sentido a la campaña de terror que venía levantando en kirchnerismo por las RRSS (redes sociales) de un macrismo que identificaron con la Dictadura Militar.

 Hay que entender la profundidad y peligrosidad de la imagen de Mauricio Macri y su Gobierno que se construye desde la oposición kirchnerista. En el diario Página/12 fue publicada una opinión de Domingo Bresci, un sacerdote integrante de Curas en la Opción para los Pobres, ex Coordinador Regional de Sacerdotes para el Tercer Mundo, quien asegura que el PRO parte de un “elitismo político”, una afirmación que puede ser aceptado por la soberbia con que se manejan muchos de los funcionarios más importantes.
 Sin embargo, luego, el padre Bresci no duda en decir que las medidas que toma el Gobierno se adoptan por “una grave carencia ética que puede sintetizarse en insensibilidad, cinismo, hipocresía, falseamiento, mentira, codicia, avaricia, revanchismo, odio, venganza, despotismo, impunidad, corrupción a la vista y corrupción encubierta”.

Es notable, pero la descripción que hace el padre Bresci del macrismo es la misma que la oposición de entonces le hacía al Gobierno de CFK; confirmando que “La Grieta” está fresca, bien abierta, alimentada por múltiples partes (en este caso, una rama de la Iglesia Católica que encuentra en Francisco su principal referente ideológico) y otros colectivos y corporaciones que pelean por espacios de poder.

CFK no duda ir a una Iglesia por Santiago Maldonado, cuando jamás fue a un templo por los 52 muertos en la Tragedia de Once, ni por la desaparición de Jorge Julio López, ni por el asesinato de Alberto Nisman, ni por decenas de casos similares que hubo en sus 8 años en el poder. En eso, Jaime Durán Barba tiene razón cuando dice que la ex Mandataria protagoniza un personaje que nadie cree.

Es curioso que la beneficiada por la creación de “Justicia Legítima” diga que Mauricio Macri controla al Poder Judicial. La frase fue terminante:“Los fiscales y los jueces pueden firmar cualquier cosa que le manden de la Casa Rosada”. Justo lo que se decía durante su mandato, cuando más de 600 causas en su contra y contra Néstor Kirchner fueron cerradas con trámites mínimos, como el manejo de los fondos de Santa Cruz.

Si en algo se parecen el Caso de Santiago Maldonado y el asesinado de Alberto Nisman es el inmenso grado de politización que alcanzaron ambas causas, las operaciones cruzadas de inteligencia, testigos falsos o contradictorios que a nadie parece preocuparle, el uso de ambas partes de “La Grieta” para polarizar, una fuerza de seguridad sospechada de participar para embarrar la investigación y una Justicia boba que es absolutamente funcional a los intereses de algunas de las partes.

El Gobierno, que siempre creyó que el Caso Maldonado era una maniobra de campaña del kirchnerismo, ahora tiene que soltarle la mano a la fuerza de seguridad más fiel en estos casi 20 meses en el poder. La Gendarmería ha sido la encargada de disolver algunos cortes emblemáticos en la Panamericana o en la Avenida 9 de Julio, es clave en cada operativo antidroga que se hace en la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires o en el interior y mantiene bajo control conflictos en las provincias, como el choque constante con los mapuches o gremios combativos.

El Caso Maldonado destrozó la imagen que logró forjar la fuerza en los últimos 30 años, alejada de las denuncias de violaciones de los derechos humanos y casos de corrupción, siempre fiel al poder de turno e implacable cuando se le otorga una orden. Pero, lo más grave, es que luego que se resuelva la desaparición del joven artesano, la Gendarmería puede perder capacidad de uso de la fuerza en conflictos locales, como pueden ser cortes de rutas, recuperación de instalaciones ocupadas u operativos antidrogas.

Según Amnesty International, en la Argentina hay 1.500 comunidades de los llamados “pueblos originarios” y cerca de 120 conflictos por tierras. Si tomamos reclamos ambientales, sobre todo contra la explotación minera o petrolera, llegamos a 183 relevados. En la Patagonia hay 1/3 del total (36 casos) y, en Neuquén, particularmente, hay 22, todos con colectivos mapuches, lo mismo que los 7 que tiene Chubut y 4 que tiene Río Negro.

No es casual que los reclamos mapuches sean en terrenos donde abundan los minerales, el petróleo, el gas o se da la producción agropecuaria. En las partes desiertas, no hay reclamos. Lo mismo ocurre en otras provincias, donde es la acción de un empresario o de una empresa que abre el conflicto. Por eso, detrás de muchos de estos reclamos hay mezquinos interese capitalista que gritan y patalean contra el capitalismo como excusa.

Hoy, el Gobierno ha terminado por convencerse que debe avanzar contra la Gendarmería en el Caso Maldonado, pero la posición es que fue un efectivo aislado, para salvar la imagen y prestigio de la fuerza. Sin embargo, la cúpula de la propia Gendarmería debería haber hecho esto hace un mes para defender la institución. Ya es tarde para recuperar el terreno perdido.

En menos de dos semanas comienza el plazo oficial para la campaña de las elecciones de Octubre. CFK, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal comenzaron a trabajar ya hace 15 días. Sin embargo, mientras que la ex Mandataria levanta al perfil y se anima a salir a la calle en actos muy bien armados (tal como ocurrió en Avellaneda, todo con militancia súper preparada); los candidatos de “Cambiemos” han optado por ser sigilosos, volcarse al trabajo territorial y operan sobre aquellos grupos y zonas en donde quieren sumar votos o van a fiscalizar con más eficiencia.

El miedo a exponerse de los candidatos de “Cambiemos” es grande.Saben que el kirchnerismo va a mandar militante para pedir por Santiago Maldonado en cuanto acto llevan a cabo. Tanto es el temor, que Mauricio Macri lanzó una línea de crédito para jóvenes emprendedores en “Tecnópolis” y los organizadores estuvieron temblando hasta el final previendo que podría haber algún grupo que reclamara a viva voz.

Hoy la Casa Rosada tiene necesidad imperiosa de cerrar el Caso Maldonado, cualquiera sea el costo. Mauricio Macri y su entorno creen que no deben entregar la cabeza de Patricia Bullrich, dado que la funcionaria ha sido responsable de manejar las fuerzas de seguridad tal como le gusta a la Casa Rosada y ha obtenido grandes logros en la lucha contra la delincuencia.

Los datos son contundentes: desde que ella asumió como ministra de Seguridad, se han capturado drogas por un valor superior a los US$ 4.500 millones, más de 1.800 fugados y no menos de 40 delincuentes reclamados en el exterior o jefes de bandas de delincuentes. Además, dividió la Policía Federal (hoy, una parte, en la Policía de la Ciudad), puso a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (y su división de inteligencia electrónica) a colaborar para resolver casos claves y está rearmando a la Prefectura para que pelee contra la drogas en los ríos Paraná y Paraguay.

Las encuestas dicen que desde hace dos semanas, por culpa del Caso Maldonado, “Cambiemos” no suma más votos en la Provincia de Buenos Aires y está corriendo el voto de la izquierda combativa hacia el kirchnerismo, tanto en territorio bonaerense como porteño. Y esto no puede ser cambiado por una tonta letanía de “brotes verdes” aún débiles.

De esta forma, mientras el Gobierno “ataja penales” por el Caso Maldonado, el peronismo se ha concentrado en buscar la mítica unidad, un camino largo que todos tratan de acortar usando las decisiones de Mauricio Macri y su equipo como elemento aglutinante. Los Gobernadores lograron unirse contra el reclamo de la Gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, pero esto es sólo la punta del iceberg.

En la Corte Suprema hay 40 pedidos judiciales por reparto fiscal iniciados por las provincias contra la Nación, todos nacidos de decisiones abusivas de los Gobiernos de Néstor Kirchner y CFK. En juego hay más de $2 billones, es decir, el equivalente a un Presupuesto Nacional o 3 veces toda la deuda externa que emitió la Administración de “Cambiemos” desde que asumió.

Por su parte, en la Provincia de Buenos Aires, el peronismo comenzó a dar los primeros pasos para un armado poselectoral, en donde CFK es vista como una figura derrotada y debilitada por Esteban Bullrich. Y, tal como suele ocurrir cada vez que estalla la interna peronista, las negociaciones se hacen puerta adentro, pero las peleas son puerta afuera y contra el Gobierno de turno

Camino a los dos años en el poder, el equipo de Mauricio Macri todavía comete los mismos errores comunicacionales y políticos. No aprenden, y el Caso Maldonado es una confirmación de esta dura realidad. MientrasJaime Durán Barba parece entender al dedillo lo que piensa y siente el electorado, la percepción de la realidad por parte de la Casa Rosada es muy poco exacta y chocan con lecturas equivocadas de la realidad política. Los “balazos en el pie” son incontables y, a la larga o la corta, hacen perder elecciones.