Lejos quedó el intento de mostrar como un ‘triunfo parlamentario’ la pulseada que la Casa Rosada jugó contra el panperonismo, dado que, en lo formal, una docena de proyectos de Ley fueron aprobados casi sin problemas en la cantidad de votos pero quedaron en evidencia las impericias del Gobierno de Mauricio Macri para el juego político, pese a su triunfo en el terreno electoral, algo pocas veces visto en la historia argentina.

Un recuento de los daños sufridos por el Gobierno entre el 14/12/2017 y 23/12/2017, en realidad, apabulla:

> Por primera vez, un peronismo quebrado actuando como oposición hizo caer una Sesión Extraordinaria habiendo quórum del oficialismo;

> La izquierda tomó el control de la calle y los intentos de contener o reprimir a los manifestantes resultaron en un hundimiento en la imagen positiva de Mauricio Macri y del Gobierno;

> Pocas veces en la historia parlamentaria argentina, una sesión escandalosa termina con un cruce de causas judiciales entre oficialismo y oposición, donde un grupo de Diputados Nacionales pueden terminar en prisión, por la envergadura de los delitos cometidos.

Todos en la Casa Rosada tomaron conciencia que con el apoyo de un grupo de Gobernadores, no alcanza: primero negocian en bloque, luego, vuelven a pedir más actuando por separado y no aseguran que sus legisladores estén sentados en sus poltronas a la hora de votar.

Los datos macroeconómicos no ayudan a neutralizar la impopularidades de ciertas decisiones que toma la Casa Rosada, tal como los aumentos de tarifas.

A causa de que los valores positivos son ínfimos, no impacta en el bolsillo ni el consumo de las familias, que es el principal parámetro de decisión política de los individuos.

Y los casos de corrupción impactan debajo de la línea de flotación de toda la estructura política del macrismo.

Desde la compra/venta de empresas de energía renovable por la familia presidencial al ‘bonus’ que recibió de la Sociedad Rural Argentina el actual ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere; pasando por el escándalo de su par de la cartera de Trabajo, Jorge Triaca, por ahora, de vacaciones en la Costa Atlántica: todo atenta contra la fortaleza y legitimidad política del Gobierno.

Incluso, el sostén ético del PRO en el poder, conformado por la historia de decencia que cargan en sus espaldas algunos radicales y la figura emblemática de Elisa Carrió, se ha esfumado. La denuncia de los radicales contra la venta de las acciones del Estado en Transener se suma al pesado silencio de Carrió, hoy de vacaciones con sus hijos, que parece haber “cortado” todos los canales de comunicación con la Casa Rosada.

Así, el triunfo pírrico del Gobierno de Mauricio Macri en el Congreso se produjo ante un panperonismo desarticulado, sin liderazgo, sin interés en organizarse y unificarse, pero que tiene muy en claro que el “enemigo” es Cambiemos; y que para volver al poder deberán desgastar, hasta el agotamiento total, al macrismo en los próximos dos años y el terreno legislativo es el mejor campo de batalla para la rama política.

Sin embargo, otros es el panorama en el peronismo sindical. Tal como bien ha reconocido públicamente Luis Barrionuevo, nunca el sindicalismo ha recibido tanto dinero de un Gobierno como con Mauricio Macri. Sin embargo, fue la Casa Rosada la que otorgó la excusa perfecta a los gremios para romper con el macrismo: la Reforma Laboral.

Pero -que quede claro- los “popes” sindicales que se reunieron en la comida organizada por el gastronómico en Mar del Plata decidieron “pintarse la cara” por el peligro de caer detenidos, intervenidos o expulsados de sus respectivos gremios, no por el posible daño que puede causar a los trabajadores la nueva legislación que tiene en sus manos la Casa Rosada.

Es un alivio para los presionados (judicialmente) sindicalistas que los errores de comunicación del Gobierno hayan permitido crear la percepción de un ‘ataque’ hacia el bolsillo de las familias. La repetición de noticias e imágenes de trabajadores despedidos y plantas cerradas crean la sensación de una crisis laboral que las encuestas no confirman. Incluso, se sigue hablando de “pauperización laboral” en medio de una temporada de vacaciones local que se presenta mejor que en los últimos 5 años y con más de 4 millones de argentinos viajando al exterior.

Tanto el panperonismo como los popes sindicales dicen actuar y hablar‘por el pueblo’. Sin embargo, considerando que el peronismo perdió las elecciones de 2009, 2013, 2015 y 2017 en la Provincia de Buenos Aires y en 12 provincias peronistas hace tres meses, cabe una pregunta: ¿Es el panperonismo y el sindicalismo peronista el verdadero interlocutor de los grupos más pobres? ¿O son los colectivos sociales de izquierda y los cercanos al vocero no oficial del Papa, Juan Grabois?

Es cierto que el sindicalismo peronista tiene excelentes redes de capilarización dentro de la masa trabajadora (hay casi 100.000 personas que sirve de “puente” entre los “popes” gremiales y las bases, según estimaciones privadas) y la izquierda tiene una enorme penetración en los colectivos sociales subvencionados por el Ministerio de Desarrollo Social, sin embargo, los gremios más críticos hacia el Gobierno de Mauricio Macri son de Clase Media, con fuertísima penetración en los servicios; lejos de la base de formación del primer peronismo, que se formó y creció entre los trabajadores de las industrias y el Estado.

Cualquiera sea la composición de la masa movilizada por el sindicalismo, hoy la supervivencia político-gremial y la libertad de Luis Barrionuevo, Hugo y Pablo Moyano y otras tres docenas de gremialistas, depende de la Casa Rosada: un freno o no a la avanzada judicial (y el cese o no de las normativas de transparencia e inspecciones a sindicatos y obras sociales que se prometen para las próximas semanas).

El relevamiento es claro: Hay varias decenas de sindicalistas con causas judiciales, hay cientos de gremios que existen pero no firman acuerdos paritarios ni tienen obras sociales, y que podrían desaparecer; hay otros cientos que no tienen un solo número en regla, hay acuerdos sospechosos con diversos nichos de negocios (como seguros especiales, aportes no regulados o cobros por “gestión” de paritarias) que pueden (y serán) judicializados en poco tiempo más.

Y esto sin tener en cuenta la obligatoriedad en presentar sus declaraciones juradas de bienes o las inspecciones que se prometen a las cuentas de gremios y obras sociales.

En este marco, no hay duda que el sindicalismo peronista se siente acorralado y con escasos instrumentos de defensa. Los antecedentes dicen que cuando fueron detenidos Juan José Zanola, Omar Suárez“El Pata” Medina y otros sindicalistas, no hubo movilizaciones ni protestas y apareció una nueva “tanda” de dirigentes que se desesperaron por ocupar los cargos vacíos, en vez de defender a sus antiguos jefes.

Es cierto que no hay político argentino que resista un archivo, pero hay un solo sindicalista que pueda pasar un Veraz. Es la propia debilidad estructural de los sindicalistas la que los pone a tiro de causa judicial.Durante seis décadas no tuvieron necesidad de ser prolijos en sus cuentas o en sus formas de operar. Todos los gobiernos, peronistas o no, buscaron negociar con el gremialismo. Pero la Administración de Mauricio Macri no tiene demasiada capacidad de negociación y prefiere la sumisión, un código que nadie aplicó nunca contra el peronismo en su historia, salvo los militares.

Hugo Moyano es un constructor de poder. Desde Mar del Plata hasta el control de la CGT y de la Confederación de Trabajadores del Transporte de la Argentina, el camino fue de dura pelea interna, sometimiento de otros gremios (para sacarle los afiliados), rupturas y acercamientos, acceso preferencial al poder, aislamiento o enfrentamiento directo. En 27 años, su gremio pasó de tener 20.000 afiliados a 220.000 afiliados. Hace dos años estaba pensando en retirarse. Hoy, el camionero fue el principal sostén para que Luis Barrionuevo llamara a los gremios antimacristas a Mar del Plata y lanzara el documento sindical más duro contra el Poder Ejecutivo.

El Gobierno de Mauricio Macri sostiene que impulsa el diálogo, que quiere el diálogo para alcanzar consensos; pero la verdad es que, en la práctica, no dialoga. Cuando se sientan con un interlocutor no macrista, los funcionarios comunican, no negocian. No escuchan a sus contrapartes y, cuando ceden, es dinero, no sus decisiones. Técnicamente hablando, es un diálogo vertical, como el que tiene un jefe con un empleado; algo que no es difícil de entender en un “Gobierno de los CEO´s”.

Además, no es un signo de diálogo asegurar que se puede dividir en varias leyes la Reforma Laboral. Esa decisión, expresada horas después del durísimo documento gremial, fue evaluada entre los “popes”sindicales como un signo de debilidad de la Administración de Mauricio Macri y una señal de que, cuando ponen “cara de perros”, el Gobierno no retrocede.

Y entonces nos encontramos con un panperonismo que peleará la primacía dentro del propio peronismo tratando todos sus grupos de ser los más duros opositores al macrismo, un conjunto de Gobernadores peronistas que serán “dialoguista” hasta que traicionen al Gobierno para posicionarse mejor en la interna partidaria y la Casa Rosada no tiene capacidad de negociar, que no le interesa negociar y que intenta imponer por la fuerza sus decisiones y que hoy carece de un Jorge Triaca para buscar acuerdos. Todo esto crea las condiciones para una “tormenta perfecta”.

Así, el mismo Gobierno que pasó 2 años evitando tomar decisiones que pudieran tener algún tipo de costo político “puso toda su carne en el asador” en Noviembre y, entre el 12/12/2017 y 22/12/2017, dilapidó todo el capital político ganado en las urnas dos meses antes; y ahora adelanta que se va a centrar en una agenda que no pase por el Congreso, para evitar darle oportunidades al panperonismo para que haga otro escándalo como el 14/12/2017 o para que la izquierda no salga a imponerse en las calles y tire otras 14 toneladas de piedras contra policías en ropa deportiva.

La estrategia de la Casa Rosada es sencilla: Legislará los temas duros por Decretos de Necesidad y Urgencia y controlará la Comisión que aprueba esos DNU, así en el Parlamento: así, tendrán la formalidad cumplida y dejarán al panperonismo incapacitado para armar “pelea de botineras” en Diputados o un ‘stand up’ de Cristina Fernández de Kirchner en la Cámara de Senadores.

Con otras palabras, pero con las mismas formas y casi las mismas causas,el Gobierno de Mauricio Macri va a terminar haciendo lo mismo que el Gobierno de CFK en 2012, cuando la oposición controló brevemente la Cámara de Diputados. Aquel accionar impulsó la derrota legislativa de 2013. ¿Se puede arriesgar la Casa Rosada a repetir ese fenómeno, que impulsó las marchas del 13S y el 8N?

Los casos de corrupción pudieron tener escaso impacto en el Gobierno de Mauricio Macri hace un año y medio. Hoy, ya no. Gobernar por DNU, tal como hizo a comienzos de 2016 y 2017 se podía consentir por tener minoría de Cambiemos en ambas cámaras. Pero esa realidad es diferente desde el 10/12/2017. Así, las excusas del pasado hoy no sirven y el costo se potencia.

El Gobierno necesita ‘meter goles‘, comunicarlos e instrumentar políticas pro consumo, pro industria y proinversión. Y comunicarlas con ‘bombos y platillos’. El maquillaje no alcanza, y menos seguir metiendo presos kirchneristas. Para el votante macrista ortodoxo, la libertad de Amado Boudou o de José María Núñez Carmona fueron bofetadas. Y los casos de corrupción confirman que Cambiemos no ha cambiado nada y que el PRO en el poder puede ser tan corrupto como el kirchnerismo.

El problema de negar la política es que cuando se cometen errores políticos y no se solucionan políticamente, se crean crisis políticas. Pasaron 2 años y no entendieron esta realidad. Por eso, pese a que estamos en medio de las vacaciones, todos anticipan un año político demasiado complicado, con una oposición envalentonada y un oficialismo acoquinado y desorientado.