Con el respaldo de más de 8 millones de votos obtenidos hace dos semanas, Mauricio Macri relanzó su gestión, anunció un paquete de medidas que venía estudiando de hace meses y no podía lanzar por falta de sostén político, oxigenó su Gabinete, logró la renuncia de la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó; y consiguió que varios de los Jueces Federales que “dormían”causas en Comodoro Py dieron un par de manotazos de ahogados, intentando sostenerse en sus cargos.

Pero el logro más importante (y que menos repercusión tuvo en los medios) es que ya tiene un virtual acuerdo parlamentario para avanzar con las reformas planteadas, aunque sufra muchas modificaciones en el camino.

Ahora sí, con el inmenso triunfo electoral y derrota de todos los posibles liderazgos del peronismo, Mauricio Macri se animó a lanzar reformas y que, en el fondo, confirman el gradualismo con que se actuó hasta ahora, ratificó la intención de reducir el déficit fiscal y la inflación, aunque eso implique aumentar la presión fiscal y la base imponible mientras se promete reducciones de alícuotas a futuro; y un claro propósito de destrabar las barreras que, según el macrismo, impiden hoy la inversión y un crecimiento robusto de la economía.

El análisis del paquete de cambios es parcial. Sólo se conoce el texto de la Reforma Laboral, los lineamientos de la Reforma Fiscal y los ejes de una posible Reforma Previsional.

Pero, hasta que no se conozca la letra chica de todos los proyectos que el Gobierno de Mauricio Macri quiere instrumentar en terreno impositivo y jubilatorio, las especulaciones son mayores que las certezas; más cuando se dice que el texto de los modificaciones fiscales ocupan 270 páginas, luego hay que ver las alteraciones que harán en Diputados y en Senadores, la reglamentación que dará la Casa Rosada del texto final que salga del Congreso y la posterior puesta en marcha por parte de la AFIP. Sin embargo, algunos apuntes se pueden hace sobre el paquete anunciado:

Es clara la estrategia de la Casa Rosada de incluir muchos temas, muy duros y discutibles, con el fin de negociar con gremios, empresarios y legisladores. La experiencia hasta ahora es que cada vez que el Gobierno de Mauricio Macri presentó un proyecto de Ley clave para la gestión macrista, sufrió muchos cambios en el camino. Por eso, ahora, se “curan en salud” e incluyen un grupo de medidas que, casi con seguridad, quedarán en el camino.

 

El presidente Mauricio Macri hablando a sus colaboradores.

El presidente Mauricio Macri hablando a sus colaboradores.

La Casa Rosada no considera derrotas políticas cada vez que cede en una norma o decisión. En ese sentido, siguen la frase de Vladimir Lenin, quién consideraba que no importaba “dar dos pasos adelante y uno para atrás”, dado que en el fondo, está avanzando hacia la meta principal que se fijó el macrismo, que es dejar a su heredero un país ordenado y “normal”.

La estrategia comunicacional del Gobierno fue clara: Hacer énfasis en las desgravaciones futuras, para que pocos prestaran atención a los nuevos impuestos y tasas que se quieren cobrar, lo que implica que, una vez que se apruebe el paquete de reformas anunciado, con o sin cambios de importancia, hará que haya más individuos y empresas pagando impuestos (es decir, aumentará la base imponible), habrá más impuestos y habrá una mayor presión fiscal que irá bajando a futuro. Sólo así se puede ir de un déficit fiscal de 7 puntos del PBI al equilibrio fiscal.

Algunas medidas tienen un alto contenido de “corrección política” ante que un impacto real sobre la recaudación. Es el caso del Impuesto a la Renta Financiera que, como se explicó hasta ahora, puede llegar a recaudar unos $ 6.000 millones, menos de un tercio de punto de PBI; pero crea la percepción de que los “ricos” también pagan impuestos (una de las típicas críticas que se le hace al “Gobierno de los CEOs”).

Por primera vez, el Gobierno de Mauricio Macri muestra lo que podría ser calificado como un “indicio de plan económico”, aunque hay dudas sobre la “organicidad” del impacto de las medidas. Por ejemplo:

> la Casa Rodada quiere que el consumo siga creciendo, pero modificar la fórmula de actualización de jubilaciones y pensiones le van a sacar a estos grupos $100.000 millones de ingresos en 5 años, es decir, dinero que no irá a sus consumos y los hará perder poder de compra;

> lo mismo que los $6.000 millones de renta financiera para aquellos ahorristas medianos y grandes.

> los $20.000 millones en subsidios para el transporte que se quitarán y deberán ser pagado con aumento de boletos y pasajes;

> la quita de otros $100.000 millones en subsidios a tarifas de servicios privados, que también saldrá del dinero de consumo de las familias,

> los $15.000 millones que implican el aumento de gravamen a la compra-venta de propiedades o

> los más de $30.000 millones de aumento que tendrán los precios de azúcar, vino y otros productos que son considerados como “malos para la salud”, según la explicación oficial.

La reforma fiscal introduce el concepto de “malo para la salud” como excusa para crear gravámenes.

** ¿Qué pasa si, en el futuro, se considera que es “malo para la salud” la “comida chatarra”, los alimentos en lata, la harina o los transgénicos?

** ¿Serán nuevas fuentes recaudatorias para un Gobierno ávido en aumentar el Gasto Público para ganar una o cien elecciones?

 

El equipo Dujovne: De izq. a der.: Guido Sandleris, Rodrigo Pena, Bernardo Saravia Frías, Nicolás Dujovne, Sebastián Galiani, y Ariel Sigal. Foto: Prensa Hacienda

El equipo Dujovne: De izq. a der.: Guido Sandleris, Rodrigo Pena, Bernardo Saravia Frías, Nicolás Dujovne, Sebastián Galiani, y Ariel Sigal. Foto: Prensa Hacienda

También presentan dudas algunas intenciones y redacciones.

Por ejemplo, el anuncio de Impuesto a la Renta Financiera despierta dudas de que puedan producirse juicios nacionales e internacionales por cambios de condiciones de emisión de deuda o, en la Reforma Laboral, hay no menos de 15 artículos donde se violan, en forma directa, doctrina que hoy se aplica en el Fuero Laboral. ¿No se hicieron las consultas legales necesarias antes de realizar algunas redacciones del articulado de las normas? Queda la duda.

En una larga charla que se produjo en la Casa Rosada, el Gobierno cerró un acuerdo con el jefe de la bancada de Senadores Nacional del peronismo, Miguel Ángel Pichetto, para avanzar en gran parte de estos temas sin dificultad. El primer resultado fue el acuerdo para introducir cambios en el Ministerio Público, poniendo plazo al mandato de los futuros Procuradores Generales y la posibilidad limitada de extensión del plazo. Pero en las próximas semanas veremos cuán profundo es el alcance del pacto negociado.

La renuncia de Alejandra Gils Carbó fue un “regalo” para el Gobierno. La quita de fueros y detención de Julio de Vido fue otro “presente” que la Casa Rosada recibió por el triunfo electoral. Sin embargo, el espectáculo bochornoso que impulsó el Juez Federal, Ariel Lijo, durante la detención del ex VicePresidente de la Nación, Amado Boudou, fue contraproducente, dado que aumentó la victimización exagerada del kirchnerismo, y construye una imagen de Poder Ejecutivo que manipula al Poder Judicial a voluntad, cuando eso no es real. Sin duda, Comodoro Py juga su propia partida política.

 

Impresentable juez pendular Ariel Lijo: El macrismo no debería confiar en él. Comodoro Py precisa cambios. Muchos cambios.

Impresentable juez pendular Ariel Lijo: El macrismo no debería confiar en él. Comodoro Py precisa cambios. Muchos cambios.

El inicio del Juicio Político al camarista Eduardo Freiler fue fruto de una picardía macrista. La renuncia de Alejandra Gils Carbó tuvo más relación con la derrota de Cristina Fernández en la Provincia de Buenos Aires, que le quitó sustento político a la Procuradora General, que gracias a las gestiones que encabezó el Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano; pero la presentación que hizo la ONG filomacrista “Será Justicia” ante el Consejo de la Magistratura contra los jueces federales, Ariel Lijo y Daniel Rafecas, fue casi un abuso, no por qué ambos magistrados no merecieran esas acusaciones y un Jury, pero si hubiesen sido realizadas antes del triunfo electoral, otra sería la lectura política y no afectaría la imagen del Poder Ejecutivo.

Hoy, el 90% de los Jueces Federales de la Argentina fueron nombrados por los Gobiernos de Carlos Saúl Menem, Eduardo Duhalde y el matrimonio Kirchner. No hay justicia federal “propia” de “Cambiemos”. Sin embargo, se perfila un inmenso recambio en el Poder Judicial dado que, con la reactivación del Código Procesal Penal que impulsa el sistema acusatorio se abre un festival de cargos a cubrir en fiscalías y juzgados. Eso, también formará parte del paquete de negociación con el peronismo que comanda Pichetto.

Es más. Si alguno cree que lo que se negociará en los próximos meses es sólo el Presupuesto 2018 y un paquete de reformas, más algunos cargos (muy poderosos ellos) en el Poder Judicial, se olvidan que en la mesa está también el Fondo del Conurbano para la Provincia de Buenos Aires, la estatización de 13 cajas jubilatorias provinciales, los cambios a la coparticipación, la conformación del Consejo de la Magistratura desde el 10 de Diciembre, los más de 15 reclamos fiscales que presentaron una docena de provincias contra la Nación y las autoridades de ambas cámaras del Congreso Nacional y de las comisiones legislativas claves, que son más de una docena.

Y, como si fuera poco, el Gobierno también jugará su partida en la interna peronista para seleccionar aquellos Gobernadores que buscarán ser líderes de la principal fuerza opositora, mientras deja que el Poder Judicial se encargue de desbaratar los restos del kirchnerismo. No es que Mauricio Macri intente un poder hegemónico como cuando Cristina Fernández lanzó su “Vamos por Todo”, sino que así se juega el poder en la Argentina: El que gana se lleva todo.

Pero todo esto implica un esfuerzo de negociación política enorme que la Casa Rosada aún tiene que demostrar. Hasta ahora, el Gobierno de Mauricio Macri demostró que es muy capaz de administrar una crisis macroeconómicas heredada, que conoce al electorado mejor que cualquier otra fuerza política opositora y que puede armar un aparato electoral que derrote al peronismo (un viejo radical confesó, con asombro, que “donde llegó con su mano el Gobierno, ganó en Octubre; donde no llegó, el peronismo se impuso. Así que, de ahora al 2019, la meta de la Casa Rosada es llegar a todas partes, para ganar en todo el país en las próximas elecciones”).

Pero el otro giro de importancia que se vio esta semana fue a un Gobierno que no teme oxigenar a su Gabinete, que tiene muchas figuras estresadas o ineficientes en la gestión, y colocar hombre de confianza, no importa que sea presidente de la Sociedad Rural Argentina, como el caso de Luis Miguel Etchevehere; o un empresario de primera línea, como Fernando Oris de Roa, quien fue socio de la mayor citrícola del mundo, San Miguel, y fundador de la avícola Avex.

En ese sentido, el “Gobierno de los CEOs” no teme ser aún más “Gobierno de los CEOs”, dado que los votos apoyaron este perfil político.

 

Fernando Oris de Roa en su empresa avícola Avex.

Fernando Oris de Roa en su empresa avícola Avex.

La designación de Luis Miguel Etchevehere en Agroindustria; de Ricardo Buryaile como representante argentino ante la Unión Europea; y de Fernando Oris de Roa ante el Gobierno estadounidense, también dejan muy en claro que el Gobierno coloca en puestos claves personas que sepan discutir y defender las exportaciones primarias de la Argentina, uno de los tres pivotes que el Gobierno de Mauricio Macri anunció que son centrales para el desarrollo, la reactivación, la inversión y la generación de puestos de trabajo.

La visión del macrismo en el poder es sencilla. La expresó Mauricio Macri en el Centro Cultural Kirchner: El crecimiento de la Argentina vendrá de la inversión que realice el sector privado, el sector público debe limitar su nivel de gasto si quiere eliminar el Déficit Fiscal y baja la inflación. Así como el kirchnerismo creía que la solución a todos los problemas era con “más Estado”, la visión macrista es “más privados” para salir de las carencias de infraestructura, bajar la desocupación y reducir la pobreza.

Pero entre los objetivos y las concreciones hay un largo camino que no deja de estar plagado de contradicciones. Así,

> se apuesta a la inversión en el sector primario, pero se le quitan cerca de $5.000 millones de ingresos a la industria del biodiesel y se los cede a las petroleras, para que éstas bajen apenas 1,5% el precio de las naftas;

> se quiere impulsar a las economía regionales, pero se le ponen impuestos a las producciones de algunas de estas regiones;

> se reclaman inversiones, pero se lanza un Impuesto a la Renta Financiera, el Gobierno dice que no quiere devaluar el peso, pero para no pagar la Renta Financiera impulsa a una dolarización de las carteras, que podría hacer subir la demanda y el precio del dólar;

> se dice que se limitan las importaciones, pero por cada punto de PBI que crece la Argentina, aumentan 3 puntos las compras al exterior. Todos estos son temas, aún, están por resolver.

El segundo tramo del Gobierno de Mauricio Macri aparece tan plagado de incertidumbre como los primeros dos años. Sin embargo, empresarios, sindicalista, la oposición y el “Círculo Rojo” comienza a conocer cómo es el macrismo en el poder. Las reformas pueden ser graduales, pero la agenda aparece cargada y ambiciosa. La Casa Rosada ya está mostrando sus cartas.

Ahora, las pulseadas políticas por venir dirán si alcanza con casi 8 millones de votos para lograr los cambios planteados. A Cristina Fernández, el 54% alcanzado en 2011 no le alcanzó para reformar la Constitución Nacional ni ser reelecta y tampoco pudo imponer a Daniel Scioli como Presidente de la Nación.

Ocurre que la Argentina, política y socialmente hablando, es muy complicada. Tarde o temprano, el capital político ganado en las urnas, se agota y los ciclos políticos se derrumban. Carlos Saúl Menem, Eduardo Duhalde y Cristina Fernández pueden dar fe de ello.