Pasó el G20. Fueron 2 años de trabajo para lograr 2 días de reuniones de los máximos líderes políticos del mundo, que fueron protegidos por el mayor operativo de seguridad que se haya realizado en la Argentina. Y con el término de la reunión internacional que supera en poder político real a las Naciones Unidas, finaliza la Pax Armada que, a fuerza de presiones, negociaciones, cataratas de dinero y decisiones estratégicas; mantuvo callado a los miembros del “Círculo Rojo”, congeló cualquier protesta sindical y contuvo a los colectivos sociales. Si hasta el kirchnerismo desapareció de las calles porteñas y sólo se hizo visible en las RRSS (redes sociales).

Lo cierto es que nadie, en serio, quiso frenar la realización del G20 en la Argentina. Sabedores de que este tipo de cumbres internacionales no le generan votos al Mandatario de turno, pero sí mejora la imagen; prefirieron no pagar el costo político de ser los responsables de causar un daño enorme para el escaso prestigio mundial que le queda al país. Incluso, si salía mal, iba a darle un “golpe de gracia” a una Administración que está debilitada. Para suerte del macrismo, nada de lo malo esperado se produjo.

En fuentes kirchneristas creen que la gala en el Teatro Colón no le aportará a Mauricio Macri tanto como la celebración del Bicentenariopara Cristina Fernández de Kirchner, dado que las dimensiones de la crisis económica, olvidada por sólo 72 horas, volverá este lunes 03/12con toda su fuerza, dado que regresarán los piquetes, los paros docentes en la Provincia de Buenos Aires, los reclamos sindicales y la lluvia de indicadores macroeconómicas espantosos.

En pocas horas más, los encuestadores nos van a informar que la imagen e intención de voto de Mauricio Macri ha “rebotado”. Ya lo adelantan las RRSS, donde las repercusiones de la gala del Teatro Colón han tenido 85% de menciones positivas y el rol de la Argentina y del Presidente de la Nación en el propio foro, 75% de posteos favorables. Pero la duda es cuánto va a durar este “respiro”, más cuando en la semana debe conocerse el temario que la Casa Rosada presentará para las Sesiones Extraordinarias. Si avanza con temas “incómodos”, el revuelo de la oposición dejará el G20 en el olvido en muy pocos días, lo mismo que la final de la Copa Libertadores de América, que se terminó por “colar” en la cumbre internacional.

Hoy, casi todas las encuestas coinciden que CFK tiene, apenas por 1 o 2 puntos porcentuales, más intención de votos que Mauricio Macri y que, en caso de un balotaje, tiene grandes chances de volver al poder. Por eso, para el macrismo, este “respiro”, es vital para evitar que la idea de derrota inevitable se imponga en el mundo político y empresario.

Muchas son las lecciones que podemos sacar de la organización y realización del G20. La principal es que, cuando hay decisión política, recursos y apoyo internacional serio, se pueden obtener logros que sorprenden al resto del mundo, e incluso, nos sorprenden a nosotros mismos. Sin embargo, la verdad es que, como sociedad, elegimos no ser lo que pudimos y mostramos en la cumbre mundial.

El “Círculo Rojo” no hace más que “llorar”, mientras que sus ahorros los giran al exterior. Los sindicalistas y los colectivos sociales se mueven al ritmo del dinero que les entregan. Eso los hace básicamente mafiosos, dado que mientras que se pague “protección”, se comportan casi civilizados. Por fin, la política, oficialista y opositores, cualquiera sea la posición que se ocupe en cada gobierno, especula con la ganancia o pérdida de capital político, imagen e intención de voto; el país les importa poco.

El macrismo demostró que sabe hacer bien las cosas, en especial, cuando les dicen cómo tiene que hacerlas (el peso de las agencias de seguridad y de las oficinas de ceremonial de las principales potencias del mundo se hizo sentir, dado que a todo lo que se pidió o exigió dijeron “sí”); lo que genera una enorme bronca cuando se contrasta con lo realizado en la gestión gubernamental en los últimos 3 años.

Que el G20 haya salido impecable tiene causas claras. Debería ser un ejemplo de cómo avanzar en el último año de gestión. Sin embargo, a la luz de lo que se ha visto en los últimos 36 meses, la Casa Rosada saldrá a vanagloriarse del éxito obtenido y la soberbia volverá a aflorar (no olvidemos que Marcos Peña quedó a cargo de organizar el G20). Es una lástima, será otra oportunidad perdida para cambiar y puede ser el origen de una nueva cadena de errores, mala decisiones y “balazos” en el pie.

CFK vio el G20 desde El Calafate (Santa Cruz). Su departamento en Recoleta estaba rodeado de fuerzas de seguridad. Pero si se hubiese quedado en la Ciudad de Buenos Aires, ella tendría que haber concurrido a la gala del Teatro Colón, dado que todos los ex Mandatarios fueron invitados. Pero la viuda de Néstor Kirchner no acepta verse cara a cara con Mauricio Macri, no tanto para demostrar su desprecio al Presidente de la Nación, sino que no es capaz de pararse frente al hombre que la destrozó como líder política y cabeza de un movimiento ideológico que, hoy, puede tener chances de volver al poder, pero que no gana más adeptos (Además, es claro que la ex Mandataria sólo se animará a enfrentar a Mauricio Macri si le gana la elección el año que viene, sólo para sobrarlo, para despreciarlo).

Jugar con potenciales resultados electorales es arriesgado, lejos está de definirse el escenario político. En ese sentido, la semana que viene, el“Peronismo Federal” va a intentar realizar una demostración de fuerza. La foto de 10 Gobernadores no tuvo impacto. En realidad, las encuestas son claras: Ninguno de los miembros del peronismo no kirchnerista levanta en intención de voto. No aprovechan la crisis del macrismo ni ganan con el desprestigio de CFK. Ser tibios, le está costando caro.

Los estrategas del “Peronismo Federal” cometen el mismo error que los asesores de Sergio Massa en 2015: No entienden que el escenario electoral está polarizado. No hay lugar para un 3ro. que tenga chances de ingresar al balotaje. Muy en el fondo, los Gobernadores no kirchneristas deben decidir si son antimacristas o antikirchneristas.

Más allá de que tenemos 50% del electorado que se autotitula “independiente”, en un escenario político agonal, ser “anti” te posiciona, te define, te ubica para el votante que se interesa poco en la política -apenas 20% del electorado-. Pero no ser de ninguno de los dos lados, no te define, dice lo que no sos, no lo que sos. Por eso, al final, esos sufragios potenciales escapan y profundizan la polarización previa.

La reunión que se realizará en Parque Norte la semana que viene es clave para el “Peronismo Federal”. Deberán tratar de romper el virtual acuerdo que llegaron los “Barones del Conurbano” con el kirchnerismo bonaerenses. Se pueden controlar 10 provincias, quizás 15, pero sin el Gran Buenos Aires, no hay chances de entrar en el balotaje.

En la Provincia de Buenos Aires, el virtual acuerdo entre los “Barones del Conurbano” y el kirchnerismo se logró ante el interés/necesidad mutua de enfrentar a María Eugenia Vidal. Mientras el massismo puso énfasis en el nivel de endeudamiento del Presupuesto bonaerense, los intendentes del Gran Buenos Aires se desesperaron por evitar que los subsidios que la Nación derivó a la Provincia fueran depositadas sobre los municipios.

El kirchnerismo escuchó y se puso de su lado. Juntos, obligaron a retroceder a la Gobernadora, que ahora tendrá que recostarse sobre eljuego de azar, sobre todo el online, para pagar la cuenta que le “regaló” la Casa Rosada.

El Gobierno va a intentar extender el “Efecto G20” lo máximo posible, en especial, dado el impacto que tuvo en el público la gala del Teatro Colón. Pero la vorágine argentina va a sacar el tema de tapa de los diarios y del interés de los medios en un par de días. Y, de a poco, nos vamos a ir acercando hacia el 10/12, cuando se cumplan 3 años del macrismo en el poder. Será hora para hacer balances y, en el fondo, casi todas las estadísticas estarán y mostrarán una gestión que destruyó más de lo que construyó o aportó al país.

En ese sentido, más allá de las felicitaciones internacionales, la alegría del Gobierno y los festejos que el macrismo hará para recordarnos el éxito del G20, el verdadero indicador de confianza, el Riesgo-País, resiste por encima de los 700 puntos. A fines de Julio de 2015, cuando nadie sabía quién sería el futuro Presidente de la Nación, se ubicaba en 615 puntos; pero cuando asumió Mauricio Macri, ese mismo año, estaba en 438 puntos.

En el camino, el macrismo ha protagonizado dos recesiones, dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, tres cambios de conducción del Banco Central, cuatro políticas monetarias, se emitió deuda y se fugaron divisas como nunca antes en la historia argentina y se gobernó sin un Ministro de Economía fuerte y sin un Plan Económico.No hay indicios de que esto vaya a cambiar post G20.

Paradójicamente, las acciones suben más que los bonos, lo que implica que la devaluación y la inflación hacen impacto sobre los activos privados, mientras que se confía cada vez menos en la gestión macrista. Nada de esto parece que va a cambiar luego de los acuerdos firmados con China, Japón, Estados Unidos o Rusia, ni tampoco por el reiterado apoyo de Christine Legarde y el Fondo Monetario Internacional.

La confianza en el Gobierno de Mauricio Macri se perdió ante la sucesión casi infinita de políticas económicas adoptadas, figuras mediocres encargadas de conducir la gestión diaria y la terquedad en no escuchar ni a los que saben ni sus recomendaciones. Y todo eso se volverá a recordar con el tercer cumpleaños de Mauricio Macri en el poder.

Es difícil que un gobierno haga bien en un año, lo que hizo mal en tres años. Todavía tienen chances. Nadie creía que el Gobierno de Mauricio Macri fuera capaz de organizar una cumbre del G20 tan perfecta. Lo hicieron. Quizás, si escuchan a los que saben, dejan su soberbia en sus casas y hacen lo que hay que hacer, quizás sorprendan por segunda vez. Mientras tanto, comienza la semana y regresan los problemas. El “Círculo Rojo” volverá a lloriquear, los sindicalistas y los colectivos sociales volverán a cortar calles y hacer paros. Los kirchneristas volverán a poner palos en las ruedas. En el fondo, volveremos a ser la Argentina que, en realidad, somos.