Pese a los usuales detractores, IDEA volvió a ser este año un termómetro de lo que ocurre en la relación entre el Gobierno de turno y una amplia gama de empresarios, banqueros y consultores.

Este año 2018, en particular, fue una edición con poco brillo, fría y oficialista, donde se hizo notar la ausencia de Gobernadores, gremialistas y legisladores, siempre salvo una o dos excepciones que no alcanzaron para representar a todo el espectro de cada corporación de poder. Pero lo más grave es que, salvo Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, que fueron invitados en sus roles ejecutivos, no per seno pasaron por el 54° Coloquio los potenciales presidenciables. Un favor para el macrismo, pero un error estratégico enorme para la entidad.

El segundo gran yerro de los organizadores fue sobreactuar la supuesta vergüenza por los sonados casos de corrupción. A diferencia de la Cámara Argentina de la Construcción, donde según confesiones de ex presidentes de la entidad, se organizaba la distribución de contratos de obras públicas durante el kirchnerismo, IDEA jamás tuvo en su seno algo similar. Por eso, no cabía la exageración de honestidad y pseudo autocritica, más teniendo en cuenta que 17% de los participantes al Coloquio de 2014 aseguran que no se podía criticar a un colega que pagara coimas y 28% sostuvo que era “aceptable en casos extremos”, según la encuesta realizada por Eduardo D’Alessio aquel año K.

Pero la exageración de los organizadores del 54° Coloquio de IDEA desnuda el impacto que el “GloriaGate” ha tenido en el mundo de los “grandes” empresarios, el resto tiene una problemática totalmente diferente; se traza una “grieta” entre aquellos que trabajan relacionados con el Estado y los que circulan por sendas únicamente privadas. Si habría que resumir ambos lados de la nueva “grieta” sería los que necesitan hacer negocios para mantener vivas sus actividades comerciales, cualquiera sea el costo, y los que deben someterse al compliance y las normas de transparencia.

Si esto mostró IDEA, ¿qué estará pasando en las asociaciones de bancos, la Unión Industrial Argentina, la Sociedad Rural (que virtualmente controla el ex Ministerio de Agroindustria pero el campo está peor semana a semana), y la Cámara Argentina de Comercio y Servicios? (Para citar sólo algunos casos).

Se sabe que la Cámara de la Construcción se entrega a manos de un abogado, pero, hasta ahora, nunca ha hecho un “mea culpa” por lo ocurrido, si es que ellos -que conocen la verdadera historia, más allá de Claudio Bonadío, Carlos Stornelli y Oscar Centeno- están arrepentidos, algo que, con fundamentos, se puede dudar.

No obstante las características particulares que los organizadores le dieron al 54° Coloquio, no permanecieron ocultas las dudas que tienen los empresarios, banqueros y consultores sobre el futuro del Gobierno de Mauricio Macri.

Ellos no tienen ni idea si él tiene chances de ser reelecto y, en caso de obtener otro mandato, descreen que el Presidente de la Nación tenga un futuro Ministro de Economía fuerte y un Plan Económico sólido y con consenso.

Las críticas a Marcos Peña fueron reiteradas. Hoy, para el establishment,sin duda, él es el gran culpable del derrumbe del Gobierno; califican de “impericia” la gestión y no pueden entender cómo fue que un conjunto de personas, que en sus vidas privadas fueron más o menos exitosas, han sido incapaces de alcanzar algunas de sus propias metas macroeconómicas.

Ellos (los presentes) tampoco imaginaban llegar a esta altura del mandato macrista con

** una recesión que puede derivar en una depresión,

** una inflación que no baja,

** dos cambios en la cúpula del Banco Central,

** cuatro modelos monetarios fracasados,

** dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional,

** aumento de la pobreza, de la deuda interna y externa, de la presión fiscal; y

** descontrol de los servicios públicos.

La pregunta repetida es: “¿Cómo llegaron a esto?”. Casi para terapia.

La otra pregunta es más dura: “¿Estos funcionarios saben lo que hacen?”.

Nadie entiende la política de aumento de presión impositiva, suba de tarifas públicas y tasas de interés en niveles siderales.

No importa el tamaño, empresas chicas o grandes, estudios chicos o grandes, bancos chicos o grandes; todos sostienen que las cuentas están estresadas, no pueden afrontar todos los pagos y temen la reapertura de las paritarias al mismo tiempo que caen las ventas.

A decir verdad, salvo mineras, petroleras y actividades relacionadas con el sector financiero; el resto de las empresas y consultoras presentes han sido más que negativas con sus diagnósticos, tanto para lo que resta del año como para el inicio de 2019; y casi con desesperación, se aferran a los pronósticos de los economistas (otros de los grandes ausentes en Mar del Plata, salvo un par de excepciones) de que la reactivación volverá en el 2do. trimestre del año que viene, todo atado a la baja de la inflación, el dinero que vendrá del FMI y la buena cosecha que se espera.

Pero, pese a la cataratas de críticas contra el Gobierno de Mauricio Macri y sus inmensos errores, temen que Elisa Carrió rompa “Cambiemos” (y precipite una renuncia anticipada del Presidente de la Nación, trazando un curioso paralelo con Fernando de la Rúa) y eso abra la puerta para el regreso de Cristina Fernández de Kirchner; pero tampoco no ven a otro candidato peronista con chances de ganar la elección sin el apoyo kirchnerista.

María Eugenia Vidal desilusionó. Esperaban de ella en Mar del Plata un discurso épico, de campaña, de estadista. Sin embargo, ella se ciñó al relato duranbarbista, lo mismo que Dante Sica, Nicolás Dujovne y el propio Mauricio Macri.

Sin embargo, en las charlas off the record, dicen que el ministro de la Producción hizo trascender que no hace más porque no lo dejan. ¿Habrá estado anticipando una futura renuncia? La duda quedó flotando en el ambiente.

Mauricio Macri hizo gala del discurso que, en principio, llevaría a la campaña electoral. Ya sea para defender la reelección, propia o de “Cambiemos”, él levanta el fantasma del regreso del populismo (léase CFK), usó a Hugo Moyano como ejemplo de una supuesta lucha de la Casa Rosada contra el sindicalismo que tiene “secuestrado” al sector productivo y repitió que gracias a su gestión se combata a la corrupción, quizás olvidando los “Panama Papers”, el “CorreoGate” y las denuncias contra varios de sus ministros y ex ministros, que se tramitan con lentitud intencional en Comodoro Py.

El único “huesito” que le tiró el Gobierno a los participantes del 54° Coloquio de IDEA fue la promesa de volver a impulsar una Reforma Laboral, plan que ya fue lanzado tres veces, fracasó otras tantas y que parece difícil que se pueda realizar en un Congreso, donde el Gobierno hoy no tiene los votos para aprobar el Presupuesto 2019, y con una gran parte del sindicalismo preparando un Paro General, con movilización, de 36 horas, en noviembre.

La promesa oficial fue tapada por el “aquelarre” fiscal que se observó en el Congreso durante la semana, en la búsqueda de sumar votos para lograr la aprobación del Presupuesto 2019, llave para que se avance con el 2do. Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Es decir, el Gobierno de Mauricio Macri eleva la presión fiscal para incrementar el endeudamiento, con el fin de no caer en default. Una combinación nefastapara el sector privado, pero también para atraer inversiones, mejorar la situación social o crear el clima para ganar una elección. Y, así, llegamos a la etapa donde se trabaja para el cortísimo plazo para poder superar el corto plazo.

Para la Casa Rosada, la realidad es dura:

** un 2do. Acuerdo con el FMI no alcanza para sumar los votos para aprobar el Presupuesto 2019,

** la Addenda firmada por 17 Gobernadores no alcanza para sumar los votos para aprobar el Presupuesto 2019,

** el aumento de la presión fiscal sobre el sector privado no alcanza para sumar los votos para aprobar el Presupuesto 2019,

** castigar con más gastos a los dos principales territorios macristas (la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires) no alcanza para sumar los votos para aprobar el Presupuesto 2019.

La conclusión es clara: La debilidad política del Gobierno hace costosísimo sumar los votos para poder aprobar el Presupuesto 2019.

Después de casi cuatro meses de negociaciones, el ministro de Interior, Obra Pública y Gobierno, Rogelio Frigerio, y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, sólo han logrado obtener concesiones menores del peronismo no kirchnerista y del massismo, aumentando el “dineroducto” desde el Tesoro Nacional a las arcas provinciales, lo que tendrá un impacto en la elecciones 2019: Casi todos los Gobernadores peronistas serán reelectos, dado que les sobrará dinero para poder hacer campañas locales. Y nace una duda: ¿En canje facilitarán la reelección de Mauricio Macri, para que termine de liquidar políticamente a CFK?

El 17 de Octubre y el acto político, disfrazado de misa, que se realizó en Luján, confirmaron la desarticulación y fragmentación del panperonismo. Proclaman la unidad, pero no pueden negociar. La figura de CFK y el grado de rechazo a Mauricio Macri los divide. Todos defienden su poder territorial y su continuidad en el cargo, nadie quiere sacrificarse a una movida política arriesgada que pueda dejarlos sin poder y sin acceso a la caja. Por eso cuesta tanto pasar de las palabras a los hechos.

Cuando falta un año para votar, oficialismo y oposición se hacen la misma pregunta: “¿Cómo ganar en 2019?”. Una cuestión que al resto de la sociedad, no le interesa.

Por eso, ya sea en Mar del Plata o en Luján, los tejes y manejes de las corporaciones políticas se imponen, mientras la crisis avanza. Se repite el divorcio entre los factores de poder y la calle.

Por eso, no hay que extrañarse que en IDEA se hiciera más énfasis en las sesiones de autoayuda y coaching que en la economía real; mientras afuera, la Prefectura Naval frenaba a grupos piqueteros.

En el fondo, el futuro político y económico de la Argentina se va a terminar de definir en la calle, en las próximas semanas.