El Gobierno de Mauricio Macri presentó esta semana una inmensa Reforma Fiscal disfrazada de Presupuesto 2019. Partiendo de proyecciones poco realistas y aún menos creíbles, luego de que todas las estimaciones oficiales desde Diciembre de 2015 fueran equivocadas; la propuesta que ingresó al Congreso promete un pequeño recorte de gasto de la política, algo que era de esperar ante un año electoral; frente a más de una docena cambios, postergaciones, ampliaciones, reducciones de beneficiarios y aumentos de alícuotas en impuestos que se aplican al sector privado.

La promesa del Gobierno de Mauricio Macri, plasmada en el proyecto de Ley de Presupuesto 2019, es que vamos hacia una gestión con déficit primario 0%, pero eso se logra con un importante sacrificio de recursos de los privados, un poquito de la Ciudad de Buenos Aires (que cubrirá aumentando el ABL y otras gabelas municipales, que también recae sobre el sector privado) y en forma importante de la Provincia de Buenos Aires, pero con María Eugenia Vidal pidiendo una compensación, tal como se hizo con todos los recortes figurativos que se anunciaron en las recientes semanas.

Por la firma de 13 gobernadores de la “Addenda al Pacto Fiscal” y con la esperanza de que se sumen otra media docena esta semana, luego de la amenaza de la Casa Rosada de no hacer giros automáticos para cubrir déficit de cajas jubilatorias provinciales para aquellas administraciones que no adhieran; se promete un paso “tranquilo” por la Cámara de Diputados del proyecto de Ley de Presupuesto 2019. Pero la vez anterior dijeron lo mismo de la Reforma Previsional y terminaron ocurriendo dos amenazas de invasión contestataria al Congreso de la Nación.

La realidad es que la firma de los gobernadores a la “Addenda del Pacto Fiscal” no asegura el apoyo de los legisladores.

Muchos, van a obedecer a sus gobernadores, otros “cambiarán favores”, pero son muchos los que quieren hacer notar su antimacrismo acérrimo, como parte de un posicionamiento para la feroz interna por un lugar en las listas del panperonismo que se promete para el año que viene o simplemente para reconfirmar de qué lado de “La Grieta” se ubican.

Es de esperar que el kirchnerismo y muchos massistas hagan lo imposible para alterar las sesiones, tratando de extender el tratamiento del Presupuesto del 2019 el máximo posible.

¿El motivo? Se prometen marchas y movilizaciones al Congreso, tal como ocurrió en 2017 con la Reforma Previsional; pero esta vez, con el apoyo de las CTA y de la nueva agrupación de Hugo y Pablo Moyano, el Frente Sindical para el Modelo Nacional; un mix de moyanismo y la Corriente Federal del bancario Sergio Palazzo; que juntos suman 70 organizaciones sindicales, que pocas horas después de su presentación tuvo su primer acercamiento formal al kirchnerismo, prometiendo una alianza política y electoral en 2019.

El Gobierno de Mauricio Macri corre contra el reloj.

No es casual que sostenga que el Presupuesto 2019 tiene que estar aprobado en Octubre, apostando no pasar de mediados de Noviembre.

¿La causa? El 30/11 comienza la Cumbre de Mandatarios del G20 y la Casa Rosada necesita las calles en calma, lo que implica “paz social” a cualquier precio; dado que las avanzadas llegarán a la Ciudad de Buenos Aires desde el 15/11, si es que se realiza en la Ciudad de Buenos Aires….

En el Ministerio de Seguridad creen (y/o alimentan ‘el cuco’) que con el tratamiento del Presupuesto 2019, comenzará una movilización masiva como “ejercicio revolucionario” para tener a la militancia activa y motivada para la Cumbre de Mandatarios del G20, dado que se promete una importante presencia de activistas internacionales, que tienen vasta experiencia en generar choques con las fuerzas de seguridad en este tipo de reuniones mundiales. Son los famosos “globalifóbicos”.

Pero también es de prever que la discusión del proyecto de Ley de Presupuesto 2019 será dura, dado que con el tratamiento de la propuesta oficial, comienza a tomar formar la intensa interna panperonista que, muy en el fondo, va a definir si dentro de casi un año, kichnerismo, massismo y peronistas “dialoguistas” van unidos o divididos a las elecciones 2019. Y, en el caso de ir separado, hay un grupo de“figuras” que quieren ser las “estrellas” del creciente antimacrismo.

Así como el antikirchnerismo tuvo sus “estrellas”, que muy en el fondo terminaron por “ordenar” la conformación interna de “Cambiemos” y de las listas que compitieron en las PASO de 2015 y las Legislativas de 2017; es de esperar que el antimacrismo, cualquiera que sea su nombre de fantasía, determine quienes son más o menos antimacristas; recordemos que Mauricio Macri es hoy Presidente de la Nación porque, una parte del electorado, lo vio más antikirchnerista que a Sergio Massa.

Por eso, aunque hoy el Gobierno de Mauricio Macri “venda” el Presupuesto 2019 como parte de las condiciones para un nuevo Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, necesarios ambos para frenar el drenaje de reservas del Banco Central y regenere la confianza en la Argentina; el verdadero desafío será político, por eso el “poroteo” se mide hora a hora.

Si suma todos los votos de su bloque, a “Cambiemos” le faltan 21 votos para llegar a los 129 necesarios para tener mayoría propia.

Sergio Massa tiene 21 Legisladores, pero 5 ya dijeron que no votarán a favor del proyecto presentado. Otros 7 se pueden sumar en los próximos días.

La única veta para obtener los votos que faltan es el Peronismo Federal, de allí las concesiones que hizo Mauricio Macri a los gobernadores peronistas.

Sin embargo, Emilio Monzó, el Presidente de la Cámara de Diputados, dice que el oficialismo sumará 135 votos para aprobar el proyecto de Ley de Presupuesto 2019.

Sin duda, una proyección optimista.

Para obtener los votos que necesita, Monzó se apoyará en aquellos legisladores peronistas que fueron claves para negociar y redactar la “Addenda Consenso Fiscal”: Pablo Yedlin (Tucumán), Pablo Kosiner (Salta), Walberto Allende (San Juan), Jorge Franco (Misiones), Martín Llaryora (Córdoba), Juan José Bahillo (Entre Ríos), Elda Pértile (Chaco) y Eduardo “Bali” Bucca (Buenos Aires), que leído correctamente significa el apoyo de Luis Manzur (Tucumán), Juan Manuel Urtubey (Salta), Sergio Uñac (San Juan), Hugo Passalacqua (Misiones), Juan Carlos Schiaretti (Córdoba) Gustavo Bordet (Entre Ríos) y Domingo Peppo (Chaco).

Pero el “Peronismo Federal” no puede ceder sus votos con facilidad al Gobierno de Mauricio Macri para aprobar un Presupuesto 2019 que oculta una enorme Reforma Fiscal y tendrá fuerte impacto en el bolsillo de las familias. Lo pagarían carísimo en la interna del panperonismo (¿o acaso al senador Miguel Pichetto no acaban de correrlo en su visita a Quilmes con carteles “Sos Macri”?).

En pocas horas más, se realizará la presentación oficial del grupo de gobernadores peronistas y se promete que se sumará Luis Manzur, que hasta hace pocas horas, encabezó a la “rama dura” de titulares de los poderes ejecutivos provinciales más opositores a la Casa Rosada. ¿Será que, a cambio, en Cambiemos ya “bajaron” la candidatura a gobernador tucumano de Alfonso Prat-Gay para convencer al ex alperovichista a ponerse del bando “dialoguista”?

Los costos para lograr la aprobación del Presupuesto 2019 son inmensos.

A los $4.000 millones que costó el reemplazo del Fondo Sojero, hay que sumar los $100.000 millones que implicarán varias compensaciones a las provincias peronistas, más de $30.000 millones que reclama María Eugenia Vidal por la caída se subsidios al transporte y a las empresas AYSA, Edenor y Edesur; y todavía se espera saber cuánto pedirá Horacio Rodríguez Larreta por los mismos motivos. De allí la necesidad de aumentar la presión fiscal a los privados.

Con el fin de impulsar el voto favorable del proyecto de Ley de Presupuesto 2019, el Gobierno anunció que el nuevo Acuerdo con el FMI está ‘cerrado‘, que se amplía el monto potencial de financiación y que el dinero se podrá usar para permitir que siga el drenaje de reservas del BCRA. A cambio, la Casa Rosada cambia por 3ra. o 4ta. vez la política cambiaria, tal como si en el fondo, el problema principal económico tuviera relación con la cotización del dólar frente al peso. Otro error de análisis.

Con tasas de referencia que van de 45% a 60%, 41% de encajes bancarios para los nuevos depósitos y una inflación que no para de crecer mes a mes, el Banco Central le habría prometido al Fondo Monetario Internacional flotar dentro de una banda, lo que asegura un costo de salida de fondos que se animen a venir a la Argentina.

Pero gran parte de la licitación de titulos públicos Lecap fue tomada por“capitales golondrinas” que se hicieron con más de US$ 600 millones de la emisión.

¿Es necesario recordar que esta crisis comenzó cuando los “capitales golondrinas” escaparon, en masa?

¿Qué va a pasar cuando comiencen a bajar las tasas de interés, o los encajes, o ambos a la vez?

¿Se puede establecer una banda de flotación del peso cuando la inflación está lejos de mostrar signos de bajar y se prometen para el año que vienen más aumentos en los servicios públicos?

Son demasiadas las dudas que surgen ante las condiciones que tiene el nuevo Acuerdo con el FMI.

Pese a que hay muchas preguntas por responder sobre el manejo monetario y cambiario de Luis Caputo y Gustavo Cañonero, que el Gobierno ha hecho lo imposible para “comprar voluntades” de los gobernadores y las necesidades políticas obligan a que el tratamiento en el Congreso en forma rápida y ordenada, el futuro del proyecto de Ley de Presupuesto 2019 dependerá, en gran parte, del éxito o fracaso del Paro General que se llevará a cabo el martes 25/09.

Ya se anticipa que el Paro General será más que contundente. No habrá transporte y se prometen cortes, piquetes, actos y movilizaciones.

Poco importa cómo actúen sindicalistas, piqueteros, colectivos sociales o agrupaciones de izquierda o ultra izquierda. Será clave observar la adhesión que tendrá la medida de fuerza en los sectores medios, en los comercios, en los barrios donde suele arrasar “Cambiemos” en la urna.

Si la oposición confirma que el Gobierno de Mauricio Macri ha perdido una parte importante de su masa de votantes, nadie querrá hacer la vida “fácil” al Mandatario.

Entonces, la primera batalla del 2019 será el proyecto de Ley de Presupuesto y nadie querrá regalarle un triunfo político al oficialismo.