Todo bien: será olvidado que Mauricio Macri perdió de local un partido que no debía perder. Como presidente pro-témpore del Mercosur, quería conseguir la sanción a Venezuela, y era su objetivo como anfitrión en Mendoza, una provincia que administra Cambiemos. Macri estaba jugando en la Bombonera, todo preparado para el gran show pero no lo consiguió. Sin embargo, consecuencia de que la política exterior no es fundamental para los argentinos, es posible mirar hacia otro lado. El problema (de Macri) consiste en que ocurrieron otros problemas durante los días recientes.

3 hechos que parecen inconexos muestran 3 duras realidades que el Gobierno de Mauricio Macri trata de ocultar.
> La postergación del Impuesto a las Inversiones Extranjeras,

> la ausencia del Presidente de la Nación de un nuevo aniversario de la creación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y

> el envío, en su lugar, de Marcos Peña;

esconden

> la muy dura interna que existe en el inexistente equipo económico,

> la ausencia de anuncios económicos en medio de un mar de incertidumbres y

> el intento de coronar una candidatura presidencial para el Jefe de Gabinete.

El Impuesto a la Renta Financiera para Inversores Externos duró menos de 24 horas y confirmó

> la pelea que existe entre el titular de la AFIP, Alberto Abad, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; y

> la poderosa incidencia que tiene el ViceJefe de Gabinete, Mario Quintana, sobre el titular de Hacienda, quien en menos de 1 hora atendió la orden que vino desde la Casa Rosada (previa queja de Luis Caputo, el titular de Finanzas, que no parece tener buenas relaciones con su colega en el Palacio de Hacienda).

La sucesión de órdenes contradictorias fue la siguiente:

Luego del blanqueo, Nicolás Dujovne le pidió a Alberto Abad, que afine la puntería para aumentar más la recaudacion fiscal. En el Palacio de Hacienda tienen en claro que el aporte del “sinceramiento fiscal” maquilló bastante las cuentas públicas en 2017, pero no tendrán la misma capacidad y efecto en los próximos 2 años.

El estudio en la normativa fiscales que ordenó Alberto Abad le dio diversas “puntas” para introducir cambios en la operatoria fiscal para incrementar la recaudación. Resultado de ello es

> la promesa de cobrar impuestos a compras que se realizan por redes sociales e internet,

> el pago de impuestos por canales electrónicos o

> el cálculo del Impuesto a las Ganancias a través de las compras con tarjetas de crédito,

entre otras medidas que se van a ir anunciando paulatinamente (aunque ahora hay dudas de que se avance en este proceso, por la falta de apoyo político).

Mientras Nicolás Dujovne parece avanzar en una reforma fiscal más que tibia, el titular de la AFIP busca caminos para reducir lo máximo posible la inmensa economía en negro que tiene la Argentina.

En ese sentido hay que entender las inspecciones, allanamientos e investigaciones que cada semana se anuncian tratan de mostrar que la lucha contra la evasión y la elusión fiscal es cada vez más dura y se hace más complejo operar en negro; la misma estrategia que se aplicó para incentivar a los contribuyentes a sumarse al “sinceramiento fiscal”, que en el fondo, tuvo un enorme éxito.

Al conocerse la reglamentación del gravamen que impuso Axel Kicillof, el primero en reaccionar fue Luis Caputo, pero como el titular de Finanzas tiene muy mala relación con su par de Hacienda, directamente se quejó ante el ViceJefe de Gabinete, Mario Quintana. El llamado al Palacio de Hacienda se hizo con la presencia de Luis Caputo delante y Alberto Abad se enteró de la postergación de la aplicación del Impuesto a las Ganancias para Inversores del Exterior “por ahora”, lo que en idioma macrista implica que van a buscar una forma de cobrarlo, pero con otro nombre.

Otra muestra de las internas del Gabinete fue el desplazamiento del titular de la Agencia Argentina de Inversiones, Juan Procaccini, un hombre del ViceJefe de Gabinete, Mario Quintana, que estaba bajo la estructura del Ministro de Producción, Francisco “Pancho” Cabrera; y que fue expulsado por pedido del recién llegado Canciller, Jorge Faurie, que intenta colocar gente propia en esa estructura.

La primera duda que desató el giro fue acerca de la verdadera profundidad que tendrá la Reforma Fiscal que promete el Gobierno, en especial de un sector ultraliberal de economistas ortodoxos que reclaman eliminar todos y cada uno de los subsidios sociales, pese a tener 30% de pobres. Es cierto que Luis Caputo vetó la norma fiscal que reglamentó Alberto Abad por que va en contra de su Plan de Financiamiento, pero la ausencia de coordinación económica en el Gobierno de Mauricio Macri se hace cada vez más evidente, dado que en vez de alcanzar soluciones consensuadas, terminan por crear problemas que desnudan las debilidades del oficialismo.

En medio de esta batalla entre el Palacio de Hacienda, la AFIP y la Casa Rosada, el Banco Central tuvo que volver a subir la tasa de Lebacs dado que no puede dominar a la Inflación Núcleo. Sin embargo, pese al aumento de rendimientos, la entidad pudo renovar menos de 90% de todos los vencimientos que se produjeron. A esta alturas, algunas consultoras ortodoxas dan por perdida la batalla del Banco Central para combatir la inflación usando sólo la herramienta monetaria y señalan a una Casa Rosada que no muestra un verdadero esfuerzo por reducir el Gasto Público y el Déficit Fiscal, por lo cual, condiciona cualquier inversión a mediano plazo.

Esta política monetaria agresiva del BCRA frena la tibia reactivación que se observa en la economía y el consumo; y casi ha evaporado los anuncios de inversiones y la creación de nuevos puestos de trabajo, muy necesarios para intentar ganar las elecciones en Octubre. Sin embargo, como bien lo dejó en claro Federico Sturzenegger, no se modificará.

No son pocos los economistas ortodoxos que confirman que la economía está comenzando a crecer y que crecerá los próximos 2 años, pero ponen en duda que ese comportamiento de la economía

> impulse inversiones,

> creación de nuevos puestos de trabajo,

> baja de la inflación,

> reducción del déficit comercial y/o

> aumento del poder adquisitivo.

No es casual que el grueso de las fuentes de trabajo creadas durante el macrismo sean, en realidad, autónomas que no pueden seguir operando en negro.

Por más que algunos improvisados sostenga que la suba del dólar tenía que ver con la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner, el proceso de dolarización que se observa en las carteras de inversión tiene 2 orígenes reales:

> realizar la inmensa ganancia que tuvieron aquellos que apostaron a acciones argentinas el último año y medio (y que se duda que se pueda repetir en el próximo año), y

> una desconfianza creciente en que el Gobierno de Mauricio Macri pueda alcanzar las metas macro anunciadas y políticas deseadas.

Y acá vamos al 2do. problema que el Gobierno no quiere reconocer: la ausencia total de anuncios económicos.

En la Casa Rosada dicen que Mauricio Macri no fue a la celebración de un nuevo aniversario de la Bolsa de Comercio por recomendación de Jaime Durán Barba; e, incluso, que se recomendó a los candidatos de “Cambiemos” no hablan de economía porque no suma votos.

Sin embargo, esto ignora que la principal crítica que se le hace al Gobierno es en la economía. Si no hablan, quedarán como los kirchneristas: desconectados de la realidad; y confirman la crítica de que el Gobierno no tiene un plan económico que aplicar, sólo medidas aisladas.

El público de la Bolsa de Comercio es amigable con el PRO, con el Gobierno y con Mauricio Macri. Pero lo cierto es que el Presidente de la Nación quedó con una deuda con el sector bursátil: la Ley de Mercado de Capitales, que la Casa Rosada no pudo hacer pasar por el Congreso. Esto sin contar con una Comisión Nacional de Valores que se inunda en formalismos y con un Banco Central y un Ministro de Hacienda que no convencen a los inversores de las bondades del gradualismo.

Era comprensible que Cristina Fernández no fuera a la Bolsa de Comercio, no se entiende con Mauricio Macri.

Sin embargo, tampoco estuvo el Ministro de Hacienda o su par de Producción. Ni Nicolás Dujovne, ni “Pancho” Cabrera tienen nada para decir al mundo bursátil.

Si hasta Marcos Peña pidió evitar la reunión previa con las autoridades del sistema bursátil para no exponerse un intercambio incomodo o a una crítica velada. El Jefe de Gabinete es reconocido por no aceptar que lo contradigan o que le enrostren alguna de las decisiones que toma o que aplica por orden del Presidente de la Nación.

En 1 semana, Mauricio Macri deberá inaugurar una nueva edición de la Exposición Rural y tampoco se esperan anuncios. Con millones de hectáreas bajo el agua, con una Ley de Semillas que no sale, con un sector tambero en crisis, con una cadena de valor cárnica que no puede bajar sus costos y con un tipo de cambio que no le sirve al productor agropecuario, entre otra decena de temas que el sector necesita solucionar, el Presidente de la Nación poco tiene nada que decir, de proponer, de presentar.

Si bien es mala la falta de coordinación del conjunto de funcionarios que, se supone, deciden las políticas económicas y no tener anuncios por realizar; la peor de las internas macristas es la sorda lucha de un grupejo de la Casa Rosada de tratar de imponer la candidatura presidencial de Marcos Peña para 2019; para lo cual, en el camino, esmerilan la figura de María Eugenia Vidal, la política que tiene mejor imagen en la Argentina.

Hace más de un año se sostuvo que Mauricio Macri había resuelto que Marcos Peña sería su heredero en el cargo. Se intentó instalar esa idea, pero el fracaso fue absoluto. Sin embargo, eso no implica que no se siga trabajando en ese camino. Así, hoy, el Jefe de Gabinete aparece en los medios como el responsable de la campaña nacional de “Cambiemos”, mientras que la Gobernadora de Buenos Aires se ha puesto a los hombros la campaña en la Provincia. Los roles están bien definidos.

Pero este juego es peligroso.

“Cambiemos” es el sello que más votos va a sacar en las próximas elecciones dado que está presente en 23 provincias. Esperan decuplicar los votos kirchneristas. Ese total, ese triunfo, se lo acreditarán a Marcos Peña que diseñó la estrategia, el armado de listas y la campaña.

Pero en la Provincia de Buenos Aires, hay un riesgo importante de que “Cambiemos” pierdan ante Cristina Fernández. ¿Quién será elegida responsable de esta derrota? Nadie apuntaría al descafeinado de Esteban Bullrich, Graciela Ocaña, casi con seguridad, superará a Fernanda Vallejos; por lo cual, queda únicamente María Eugenia Vidal.

Estamos ante una rara campaña electoral. Poco importan las encuestas. El triunfalismo inicial del macrismo hoy es pesimismo, el kirchnerismo teme traiciones, Sergio Massa y Florencio Randazzo siguen sus intentos de ganarse un espacio entre la “grieta”. Pero más de 30% de los electores no han elegido su voto y nadie parece interesado en seducirlos.