Editorial 11 de Diciembre:

Despreciar la política, justo cuando se hace política, tiene sus efectos. La derrota del Gobierno en la Cámara de Diputados, ante una alianza de 13 bloques opositores, en el tema “Impuesto a las Ganancias”, no es una causa, es un efecto de creer que el marketing político y la comunicación por redes sociales reemplazan las enseñanzas que no dejó Níccolo Machiavelli en 1513, cuando publicó por primera vez “El Príncipe”.

El enojo de Mauricio Macri y de Marcos Peña luego de la derrota, no sólo expone la impotencia que tiene el Gobierno macrista para revertir el fracaso legislativo, el pésima análisis político que se hace puertas adentro de la Casa Rosad a y la incapacidad de sumar apoyos, aunque sea, para protestar; dado que luego de la votación en la Cámara de Diputados y las dos autoridades mencionadas, los únicos que hablaron por parte del oficialismo fue Gabriela Michetti, quién primero dijo que si la Cámara Alta aprobaba los cambios en Ganancias sería vetada y, luego, se desdijo; el radical Mario Negri, que lanzó una chicana contra Sergio Massa para ocultar el enojo que hay entre sus correligionarios contra el macrismo legislativo y Emilio Monzó que confesó, con una inocencia imposible de creeR en un peronista, que no esperaban el vuelco que tuvo el proyecto en la Cámara Baja.

Incluso, el Presidente de la Nación y el Jefe de Gabinete fustigaron la unión de kirchneristas, massistas, peronistas y socialistas y relacionaron a los actores principales de esta alianza con Cristina Fernández, lo que abrió la puerta para que Graciela Camaño le recordara a ambos que Alfonso Prat Gay, Emilio Monzó Y Martín Lousteau, hoy todos parte del universo “Cambiemos”, también fueron funcionarios kirchneristas. Un claro ejemplo de lo malo que es improvisar un discurso “en caliente”.

Sin duda deja un pésimo sabor en la boca del macrismo cumplir el primer año en el poder con 3 derrotas contundentes (el fracaso del “voto electrónico”, la declaración de la “Emergencia Social y Alimentaria” que le arrancaron los colectivos sociales kirchneristas al Gobierno y los cambios en Ganancias). Pero también son derrotas políticas

> el giro que está tomando el Caso Milagro Sala,

> que la Argentina haya sido sacada de las pruebas PISA (pese que fue culpa del kirchnerismo, el costo político lo paga el Gobierno de Mauricio Macri) y

> el insólito ajuste al Conicet, que tiene un inmenso impacto internacional.

En todos los casos, el Gobierno carece de un discurso que defienda las posiciones oficiales en cada tema. Los pocos macristas que hablan lo hacen en una cantidad muy limitada de medios, los mensajes que circulan por redes sociales no capilarizan en la opinión pública, lo que deja a la oposición diosa y reina de los medios de comunicación. Otro error del duranbarbismo.

El Gobierno presentó la reforma del Impuesto a las Ganancias en respuesta del desafío que lanzó Sergio Massa, pero salió a competir sin discurso. Por ejemplo, nadie en el oficialismo recordó que Mauricio Macri ya había hecho una suba de 150% en el Mínimo no Imponible que tuvo un costo fiscal de $50.000 millones hace 6 meses. Sólo con este argumento, quizás, la Casa Rosada hubiese podido sumar algunos puntos a su favor.

Pero la impericia política del Gobierno le cedió un triunfo a Sergio Massa, al kirchnerismo (que impuso el proyecto de Axel Kicillof) y al peronismo, que cedió sus votos. Mientras el Gobierno cree que es una fortaleza no dialogar con la oposición, ni negocia con sus aliados de “Cambiemos”; en el arco opositor, todos hablan con todos.

Sergio Massa se sentó a negociar c on Diego Bossio. Luego lo hizo con Máximo Kirchner. El resto fue afinar detalles. ¿Qué unió a las tribus peronistas? Un solo objetivo: Infligir una enorme segunda derrota al Gobierno luego de haber desterrado el “voto electrónico”. Una alianza circunstancial, que se armará, o no, ante cada proyecto de ley que, de ahora en más, presente el Presidente de la Nación envíe al Congreso, lo que promete paralizar el proceso de creación de leyes durante todo 2017.

También hay que reconocer que el enojo de Mauricio Macri y de Marcos Peña no es tanto contra Sergio Massa o contra el kirchnerismo, que son enemigos declarados del PRO y de “Cambiemos”; sino que va dirigido a los Gobernadores que no tuvieron problemas en traicionar a la Casa Rosada, pese a los miles de millones de pesos que se cedieron de obras publica, coparticipación, postergación de pago de deudas, autorizaciones para emitir deuda y financiaciones cedidas por el Banco Nación.

Ahora, esta traición era esperable por todos los actores políticos, salvo por Mauricio Macri y por Marcos Peña, lo que confirma la inocencia política con la que evalúan el escenario político (y mejor que hablemos de “inocencia”, dado que si hacemos referencia a soberbia, o incapacidad, estaríamos ante un escenario de inmenso peligro para la democracia).

El Gobierno confía que los senadores nacionales de Domingo Peppo, Gustavo Bordet, Lucía Corpacci, Juan Manzur, Miguel Lifschitz y Juan Manuel Urtubey frenen lo votado en Diputados. Sin embargo, los representantes de esos mismos Gobernadores votaron el proyecto que redactó Axel Kicillof junto a Sergio Massa, el kirchnerismo y Libres del Sur y los legisladores de Margarita Stolbizer. ¿Controlarán estos Gobernadores a sus Senadores?

La historia fiscal argentina puede resumirse en un concepto: la Nación intenta (y logra) quedarse con la mayor taja de recaudación fiscal y cede a las provincias fondos a cambio de sometimiento político voluntario. Sin embargo, esto ha cambiado con el PRO en el poder: ninguna Administración ha cedido tanto dinero a las provincias; sin embargo, los resultados políticos son ínfimos. Sorprende la impericia para plantear un intercambio de favore s como se hizo en el pasado. A eso se llama “negociación política”.

La debilidad legislativo que surgió de las urnas el año pasado obligó a Mauricio Macri a tener que ceder mucho más de lo que recibió. En el período legislativo 2016, tomando sólo las Sesiones Ordinarias, el Congreso tuvo el doble de reuniones que en 2015 (39 a 21), pero aprobó 29 leyes menos que hace un año (96 contra 125), según Directorio Legislativo. El resultado fue que del total, el Gobierno pudo imponer sólo 1 de cada 4 leyes que se aprobaron. El control de la Agenda Legislativa fue de la oposición.

Mientras el Gobierno trató de caminar por la senda de la corrección política, la oposición dio prioridad a sus necesidades políticas, lo que obligó a responder a la Casa Rosada con incoherencias. Así, los kirchneristas, que no tocaron Ganancias durante años, ahora se vuelven “defensores” de los trabajadores de sueldos altos. Y el macrismo, que prometió en campaña que los sueldos no iban a pagar Ganancias, ahora dicen que no se puede cumplir con esa propuesta electoral y amenaza con un veto.

¿Qué pasó en el medio? Estar fuera o dentro del poder. Cuando se está fuera, se puede prometer el Cielo. Cuando se está en el poder, se reparte escases. A Cristina Fernández no le tembló la mano vetar en 2010 la obligación de pagar el 82% móvil a jubilados, que logró aprobar la oposición y casi no pagó costo político. ¿Se animará Mauricio Macri, el PRO y “Cambiemos” a enfrentar ese desafío? Por ahora, parece que no.

Si bien la oposición aprovechó la negación a hacer política que tiene el “núcleo duro” del PRO, quizás, nunca hubiese podido sumar los votos de 13 bloques si la economía no estuviera en los pisos de su 5º año de estanflación. El fracaso en el terreno económico está teniendo un costo político inmenso para Mauric io Macri y su Gobierno y lo seguirá teniendo (y con aumento) si no aparecen los famosos “brotes verdes” prometidos.

En la política del Siglo XXI, no hay éxito político sin éxito económico, lo que implica que el éxito de las oposiciones es la demostración más clara de que la economía de un país no funciona. La Argentina es un claro ejemplo.

El primer año de Mauricio Macri y del PRO en el poder, ¿fue un año perdido? En lo económico se hizo mucho, pero no se logró salir de la estanflación, el mayor reclamo de los votantes. En lo político, sin duda fue un fracaso, dado que todas las debilidades políticas que históricamente ha mostrado el macrismo quedaron desnudas de la forma más cruda y violenta.

Antes de que Mauricio Macri y Marcos Peña salieran a atacar a Sergio Massa, quemando todos los puentes para una potencial alianza con cualquiera de las tribus peronistas, había estal lado fuerte la interna entre la Casa Rosada y las “espadas” del Gobierno en el Congreso. Primero se acusó a Emilio Monzó de “no avisar” de la inminente maniobra de la oposición, algo que ya había sido publicado en portales y medios de comunicación dos días antes. Desde el Congreso, apuntaron los dardos hacia Alfonso Prat Gay por redactar un proyecto “poco atractivo” y “tacaño” y a Mauricio Macri y a Marcos Peña por no cedeR en la negociación.

Quizás, en el fondo, ambas partes tengan razón. O no. Pero como “la única verdad es la realidad”, queda en claro que hay un “cortocircuitos” entre la Casa Rosada y el Parlamento. Y si esto es así, ¿cómo se da el lujo el macrismo de dejar que el Ministro de Interior, Vivienda y Obras Pública, Rogelio Frigerio, viaje a China en la semana política más crucial del año para el Gobierno? Argumentar “estaba programada” es inaceptable, políticamente hablando por más chinos que sean los interlocutores.

El Gobierno se equivoco en permitir que el kirchnerismo usara el Congreso como escenario para lanzar su diatriba. También se equivoco a dejar que Sergio Massa usara al Congreso como puente para negociar con Gobernadores (que no le atendía el teléfono, hasta ahora) y que se colocara como “cabeza” de una pseudo alianza panperonista.

La arremetida de Mauricio Macri y Marcos Peña contra Sergio Massa no solo dificultará futuras negociaciones legislativas, sino que torpedea las posibilidades de tejer acuerdos políticos entre la Gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y el Frente Renovador, para la aprobación del Presupuesto 2017 del distrito y de un paquete de leyes claves para la buena gestión provincial en un año electoral.

También pone una inmensa valla a las negociaciones que María Eugenia Vi dal está haciendo con Intendentes peronistas para lograr desarticular la fuerza en vista de las elecciones del año que viene. Sin duda, el peor costo del enojo del Presidente de la Nación y su “mano derecha”.

María Eugenia Vidal ha sido un ejemplo de cómo se debe negociar desde una posición de minoría legislativa y de control territorial y, al mismo tiempo, sumar imagen positiva y comentarios laudatorios de parte de aliados, opositores e independientes.

Jaime Durán Barba y Marcos Peña no quieren hacer una alianza con el peronismo, María Eugenia Vidal no tiene problema en seducir peronistas y sumarlos a su Gabinete.

Jaime Durán Barba y Marcos Peña apuestan a comunicar por las redes sociales y medios “amigos”. María Eugenia Vidal habla con todos los medios, camina los municipios (ya pasó por más de 110 sobre 135) y deja que varios de sus ministros hablen con los medios.

Marcos Peña es duro para negociar con la oposición en el Congreso, pero termina cediendo miles de millones de pesos a los Gobernadores. María Eugenia Vidal es flexible, no puede dar plata, pero negocia con cargos y obras públicas.

Por fin, Marcos Peña negocia desde una posición que desprecia la política, mientras María Eugenia Vidal es un manual de política con polleras.

A la vista de los resultados obtenidos, en su primer año de gestión, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal han tenido un mejor resultado frente a sus opositores en sus respectivas legislaturas, que el Gobierno de Mauricio Macri. ¿Cuál es la diferencia? Ni el Jefe de Gobierno, ni la Gobernadora de Buenos Aires tienen que sus Gabinetes ni a un Jaime Durán Barba, ni a un Marcos Peña.

Mauricio Macri ya no tiene opciones: cambia su forma de gobernar o la gobernabilidad perderá fuerza hora a hora, hasta que s e sepa el resultado de las elecciones legislativas el año que viene. Estamos hablando de largos 10 meses, salvo que se adelante la fecha de la votación, algo que es dudoso que se realice dado que la economía no arranca y el armado de listas de todas las fuerzas prometen ser largas, dolorosas y desgastantes.

El Gobierno del PRO tiene 2 caminos: cambiar o insistir en el error de menospreciar la política. Queda en manos de Mauricio Macri resolver si Jaime Durán Barba y Marcos Peña seguirán ordenando lo que se hace en el Gobierno, o si asumirá su rol de Presidente de la Nación. En pocas palabras, Mauricio Macri cambiará la historia o la historia se lo puede llevar puesto.