El camino a las elecciones legislativas se la hace cada vez más cuesta arriba para el Gobierno de Mauricio Macri, el PRO y Cambiemos. Tienen la necesidad imperiosa de ganar para no ser considerado un simple gobierno de transición entre 2 liderazgos peronistas, y más cuando el kirchnerismo logró copar las 3 marchas que se organizaron a comienzo de semana, en medio de un peronismo desarticulado y carente de liderazgo.

Por más que los “PRO puros” y los macristas más antikirchneristas minimizaron y menospreciaron las 3 marchas que se hicieron entre lunes 06/03 y miércoles 08/03, quedo demostrado en la calle que la alianza entre los grupos de izquierda duros y los colectivos kirchneristas coparon la marcha de los docentes, el acto de la CGT, hasta tomarle el palco, algo nunca visto desde 1946; y la marcha por el Día de la Mujer, que cerró con colectivos PRO aborto que, aunque critican a Cristina Fernández de Kirchner por no avanzar en la despenalización del aborto, se consideran parte del movimiento LGBT formado por el kirchnerismo, que les concedió identidad y forma.

Las 3 marchas fueron masivas, con una inmensa concurrencia espontánea, además de los aparatos que siempre operan dentro del peronismo. Este es un dato que no quieren ver los “PRO puros” al minimizar las manifestaciones, dado que las 3 confirman que el kirchnerismo tiene una importante capacidad de maniobra, un factor clave en las futuras PASO, donde movilizar estructuras puede volcar la elección hacia un lado o hacia otro, situación que liberaría a Cristina Fernández de participar de la interna peronista bonaerense, si se termina por convertir en la encargada de definir quién será el ganador de la contienda.

La marcha de los docentes demostró la fuerte representación que tienen los dirigentes que hoy tienen jaqueada a María Eugenia Vidal, dado que la respuesta de las bases fue la más importante en más de 15 años y 120 paros. Otro dato político que se niegan a reconocer los “PRO puros” y los colectivos antikircheristas, es el inmenso daño que el paro docente está causando a la figura política argentina (y del macrismo) que tiene mayor imagen positiva y mayor proyección electoral en el largo plazo (la Vidal).

La decisión de enfrentar a los docentes, creyendo que con eso podría ganar el Gobierno de Mauricio Macri fue pésima. El discurso del macrismo (“no hay plata” y “no habrá paritarias nacionales”) no deja espacio de maniobra para negociar. Y, para peor, el Presidente de la Nación relanza el Plan ProCreAr y le pide a María Eugenia Vidal que elimine los Ingresos Brutos a los créditos hipotecarios, justo a una provincia que no tiene fondos para conceder un mayor aumento a sus docentes. ¿Quién fue el “genio” que le “tiró” esa idea al Mandatario?

La estrategia del enfrentamiento con los docentes tuvo un resultado: en 16 provincias (casi todas peronistas) no se cerraron paritarias, pero comenzaron las clases; el Gobierno porteño cerró un acuerdo, pero no lo revela para no dejar malparada a la Gobernadora de Buenos Aires, cuyo territorio es el único donde las clases no comenzaron para los colegios públicos, donde van los chicos más pobres; mientras que las escuelas privadas, subvencionadas por el Estado, que atienden a los chicos de familias con mayor poder adquisitivo, sí comenzaron las clases. Todo mal.

Lo peor es que además de la capacidad del kirchnerismo de encarnar el creciente enojo contra el Gobierno por la recesión que se extiende y la inflación que se niega a bajar, los indicadores sociales negativos se suman con avisos de nuevos aumentos de tarifas públicas, en una sucesión que no permite ver algunos hechos positivos, que el Gobierno carece de capacidad de celebrar, tal como la euforia crediticia que se vivió en ExpoAgro, donde los bancos concedieron $20.000 millones en créditos en 48 horas.

Hablando desde la comunicación pública, el Gobierno se apoyó en el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que recita datos positivos que nadie ve en la calle y que no sólo causan que se pierda el respeto hacia el funcionario, sino también, generan un rechazo creciente hacia el macrismo, que hace gala de decir la verdad pero muchos consideran esos datos como mentiras; creando en una contradicción que puede tener fuerte impacto electoral, tal como ya reconocen en la Casa Rosada.

Desde el 01/03, el Gobierno de Mauricio Macri intenta poner en funcionamiento la máquina electoral del PRO y, en menor medida, de Cambiemos. La Casa Rosada sabe que tienen que ganar la calle para defender la gestión presidencial, lo que implica que veremos una lucha por el control de la calle. El kirchnerismo, para volcar la interna peronista hacia sus deseos. El macrismo, para volver a “enamorar” a sus votantes.

Pero no será tarea sencilla para ninguno de los 2. La interna peronista, que ahora se metió de lleno en la CGT y obligó a Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló a sostener al triunvirato que conduce la central obrera, apenas si está tomando calor. Y en el macrismo, todavía tienen que superar las protestas que levantan radicales y lilitos, que en Casa Rosada llaman “Guerra de Egos”.

Y acá comienza otro de los problemas que debe enfrentar Mauricio Macri y la “Mesa Chica” del PRO: Elisa Carrió le está armando la lista y la campaña en la Provincia de Buenos Aires; y Martín Lousteau, de la mano del nosiglismo, le sacude los cimientos en la Ciudad de Buenos Aires. Esto ante una Casa Rosada que no quiere ceder ni 1 milímetro de poder a sus supuestos ‘socios’ en ninguno de los distritos que gobierno, pero que no puede retener sin sus aliados.

Mauricio Macri se ata a un Jorge Macri o un Esteban Bullrich que no le suman votos en la Provincia de Buenos Aires, frente a una Elisa Carrió que los triplica en intención de voto. Además, en territorio porteño, el Presidente de la Nación reclama que el embajador de la Argentina en USA, no se presente a la elección, sin darle nada a cambio a la fuerza que lo sustenta, ignorando los sufragfios que tuvo en el balotaje de hace 2 años.

Luis Barrionuevo afirmó que Mauricio Macri lo llamó por teléfono antes de la marcha del martes y del allanamiento que sufrió el gremio gastronómico por una causa de de facturas truchas por $1.000 millones; algo que debería hacedr un Presidente de la Nación, sino un Jefe de Gabinete o un ministro de Trabajo. Fue hubo un enorme error, dado que no se protegió al Mandatario de un “capricho”, tal como lo calificó el secretario general de la CGT Azul y Blanca. Todo costo, nada de beneficio.

El camino para llegar a la reactivación que prometen algunos indicadores encuentra al Gobierno lleno de palabras, pero sin anuncios de importancia. El relanzamiento del ProCreAr, en el mejor de los casos, dará para 50.000 créditos hipotecarios, una ínfima cantidad en un universo de 4 millones de unidades habitacionales faltantes. Postergar los aumentos de tarifas luego de las elecciones es casi una medida peronista. Anuncia un Plan Aerocomercial cuando el tipo de cambio y el costo argentino no atrae turistas internacionales y se acaba de difundir un escándalo presidencial con una aerolíneas extranjera: todo el afán no parece tener sentido.

El concepto de este cuadro de una encuesta de Hugo Haime golpea muchísimo puertas adentro de la Casa Rosada.
A lo largo de la semana, las pocas voces que tiene el Gobierno, no más de 6 personas que salen por 3 medios de comunicación con superpauta publicitaria gubernamental; han hecho tibios reconocimientos de los problemas sociales, han criticado suavemente a docentes y sindicalistas y siguen prometiendo una reactivación lejana. Y, en medio, ajustan estrategias de campaña electoral, todo muy desordenado, corriendo detrás de los

En ese sentido, el largo almuerzo que tuvieron Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Marcos Peña, con la presencia breve de Jaime Durán Barba y su mano derecha Santiago Nieto; fue acompañado con rumores de reducción en el número de ministerios (lo que sería una nueva demostración del método “prueba – error”) y cambios en el Gabinete. Simples demostrativos de que el Gobierno está recibiendo la misma información que el resto de los colectivos políticos: fuertes caída en la imagen positiva y la intención de votos, sobre todo en el Gran Buenos Aires y el sur de la Ciudad de Buenos Aires.

A decir verdad, para este momento, “Cambiemos” necesita consolidarse como alianza gobernante, el PRO requiere oxigenarse, Mauricio Macri precisa relanzarse y recrearse como figura política, el discurso debería revisarse y el estilo hace falta renovarlo y tornarlo más combativo, sobre todo, luego de lo visto en las tres marchas de esta semana, donde el enojo contra el Gobierno fue el principal motivador de los manifestantes.

Cuando falta poco más de un mes para que se definan las candidaturas de Sergio Massa, Cristina Fernández y Elisa Carrió, que en el fondo protagonizarán la pelea por el principal distrito electoral de la Argentina; el macrismo tiene poco para salir a ganar votantes en el Gran Buenos Aires salvo el miedo a que vuelva el kirchnerismo. Con María Eugenia Vidal, no alcanza. Menos con los diversos “Metrobus”. La obra pública la capitalizan los intendentes y la falta de trabajo y caída del consumo se siente mucho.

Mientras que en el campo se vive un reverdecimiento del consumo y el trabajo, pese a los cientos de miles de hectáreas bajo el agua o quemadas en los últimos dos meses, para que ese dinero llegue a las zonas urbanas falta mucho. El “Efecto Derrame”, si se produce, es lento y no llega con fuerza en las clases más bajas, donde el poder adquisitivo está siendo minado por la suba constante de los alimentos y la falta de trabajo.

La Secretaría de Comercio ha fracasado en su intento de contener los precios en súper e hipermercados, naufragó en su Plan de Transparencia, matando las compras en 12 y 18 cuotas, las importaciones que autoriza están desmantelando la producción de calzado, zapatillas, textiles, celulares y algunos insumos, con su inmenso costo social y sin obtener baja de precios.

¿No es hora de aceptar que se cometió un error al conformar el Ministerio de Producción y elegir a sus autoridades? La realidad contesta esa pregunta desde hace meses. Sin embargo, el Gobierno dilata decisiones que, cuanto más tarda en tomar, tiene mayor costo político y electoral. Y, al final, la lentitud de reacción del Gobierno es hoy lo que más preocupa.