> Mauricio Macri inaugurando el Metrobus Matanza evitando un esperable y masivo escrache peronista que nunca se produjo.

> María Eugenia Vidal y 500 funcionarios bonaerenses del PRO recorriendo por 5ta. vez una veintena de municipios opositores.

> Fuertes arremetidas oficiales para designar magistrados fieles en la Cámara Federal que analiza causas de corrupción.

> Dura pulseada por colocar el juez que debe controlar los partidos políticos y las elecciones bonaerenses.

Todos son movimientos inesperados para un macrismo aguachento, que la oposición describe como “tímido”, “incapaz” y “de transición”.

¿A qué se debe esta contradicción?

Luego de 12 años de kirchnerismo, comprender cómo funciona el macrismo se torna complejo. Mientras que Néstor Kirchner o Cristina Fernández intentaban seducir colectivos políticos, sociales, culturales o sexuales; el PRO es absolutamente egoísta a la hora de repartir cargos entre sus aliados en Cambiemos; pero cuando tiene que negociar, no duda en usar generosamente la billetera del Estado, pese a que el principal problema del Gobierno de Mauricio Macri es un incontrolable déficit fiscal. Eso, sin duda, es una notable contradicción, nacida de la debilidad política que tiene la gestión macrista desde el balotaje.

Pero el Gobierno de Mauricio Macri es una constante contradicción entre sus dichos y los hechos. Por ejemplo, uno de sus pilares fue fomentar el diálogo entre los argentinos, pero Alfonso Prat Gay, Carlos Melconián, Isela Constantini, el ex Procurador del Tesoro, Juan Carlos Balbín; Enrique Szewach y/o Carlos Regazzoni fueron expulsados de sus cargos por no alinearse con la voluntad del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, o sus dos ViceJefes, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana.

El macrismo hace gala de respetar las independencia del Poder Judicial y la separación de poderes, pero pulsea para colocar “por la ventana” al magistrado Juan Manuel Culotta como subrogante del Juzgado Electoral de la Provincia de Buenos Aires o para ubicar a juez Carlos Mahinques en la Cámara Federal de Casación Penal, que tiene la última palabra en los casos de corrupción que más jaquean al kirchnerismo, y puede suceder lo mismo en el futuro con el macrismo.

Además, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, publica en Facebook una declaración en la que separa al Gobierno de Mauricio Macri del fallo a favor de aplicar el beneficio del 2×1 a los acusados por crímenes de lesa humanidad; pese a que en los pasillos tribunalicios se sostiene que el tema fue tratado en diálogos reservados entre el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, y el titular de la Suprema Corte de Justicia, Ricardo Lorenzetti; por eso los abogados de los posibles beneficiados estaban al tanto de que el fallo salía y ya tenían preparados sus escritos para reclamar la aplicación a muchos de sus defendidos.

Un rumor dice que Ricardo Lorenzetti estaba a favor del fallo que firmaron Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti; pero él temía que esa posición generara el rechazo de los legisladores kirchneritas y de izquierda, lo que le aportaría votos a Elisa Carrió para su intento de llevarlo a un juicio político, algo que la líder de la Coalición Cívica no consigue de sus aliados radicales o macristas.

Esta contradicción del PRO también se nota en el caso de la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó. “Espadas” macristas dicen que la funcionaria kirchnerista debe renunciar, pero casi no se avanzó en el Congreso en el pedido de juicio político a la funcionaria, hasta que “sorpresiva” y “misteriosamente” comienzan a conocerse datos de sospechosos usos para alquileres que comienzan a debilitar su posición y la defensa que puede argumentar el kirchnerismo. El resto, es cuestión de tiempo….

Otra contradicción del macrismo relacionada con el Poder Judicial es el recambio del Procurador del Tesoro, Juan Carlos Balbín, por los problemas que generó en el Caso Correo Argentino y ante el temor de las medidas que podía llegar a tomar cuando lleguen a la Argentina los datos revelados en Brasil sobre las coimas que habría pagado Odebrecht a funcionarios nacionales y provinciales, para ganar obras públicas.

Pero las contradicciones del macrismo también se extienden al mundo sindical. Por un lado, el Gobierno de Mauricio Macri les reconoció una cantidad inmensa de millones de pesos, cifra que nunca aceptó negociar Cristina Fernández. Sin embargo, luego él sufrió su 1er. Paro General, con gran adhesión de los trabajadores. Entonces, Macri lanzó 4 “recomendaciones” para minar las elecciones internas gremiales y hoy día avanza en profundos cambios en los acuerdos paritarios más ‘duros’.

Así, en menos de 3 meses, el Ministerio de Trabajo avanzó en baja de costos (y renuncia de prebendas sindicales) con los petroleros, los metalúrgicos y la construcción. Hace pocas horas, lo hizo con los trabajadores del sector lácteo y, en camino, se vienen otros similares. De esta forma, el macrismo está haciendo algo que nadie se animó antes: modificar los acuerdos paritarios, aunque sea por un corto plazo, en beneficio de los empresarios. Algo impensable con el peronismo en el poder, en sus más de 70 años de historia.

Pero, al mismo tiempo, lanza un “Plan Empalme” que implica un cambio de subsidio social por un subsidio al empleo que, si tiene éxito, tendrá como efecto vaciar de “militantes cautivos” a los colectivos sociales kirchneristas o filokirchneristas que baten récords haciendo piquetes y ofrecen la oportunidad a los gremios de sindicalizar a esos beneficiarios de planes sociales cuando se conviertan en trabajadores.

Si bien un programa similar del kirchnerismo no tuvo éxito, el “Plan Empalme” es una idea interesante, lo mismo que hace el macrismo al alentar la llegada de aerolíneas low cost (con el fin de eliminar la posición dominante de Aerolíneas Argentina y Austral, lo que quitará poder de extorsión a los gremios del sector) o cuando alienta a la oposición a Roberto Baradel dentro de Sutecba; otra acción que nunca se animó a hacer el kirchnerismo.

Así, mientras el Gobierno de Mauricio Macri elabora y lleva a cabo acciones y estrategias desafiantes contra sus enemigos políticos y se posiciona para despejar focos de poder, tales como el Poder Judicial; salen a la calle con una campaña electoral donde proclaman que están “haciendo lo que hay que hacer”, es decir, plasmando en un lema uno de los reclamos más fuertes del votante macrista: “volver a la normalidad”.

José Luis Espert califica al macrismo como “tiernópolis”. Sin embargo, muchas de sus acciones políticas tienen un cariz de desafío, valentía y sutileza que no tuvo nunca el radicalismo de Raúl Ricardo Alfonsín ni la Alianza de Fernando de la Rúa. Y lo hace en medio de malos resultados macroeconómicos, una recesión que se extiende en ciertos sectores, una recuperación que luce menos que tímida en otros y un nivel de consumo que diferencia muy bien las clases sociales y sus lugares de residencia.

En el 1er. año de Gobierno de Macri se “hizo lo que hay que hacer” con la macroeconomía. Se salió del default, se volvió a colocar deuda en los mercados internacionales, se están cerrando causas judiciales adversas en el CIADI, desarmó los contratos de futuro del dólar, cambió las alianzas en política exterior y logró un acercamiento con el papa Francisco. Sin embargo, según las encuestas, nada de esto parece haber sumado votos a Cambiemos.

Entonces: ¿Cuál es el motivo de la visión ultrapositiva que tiene la Casa Rosada al encarar la campaña electoral?

En parte, las encuestas sostienen que Cambiemos puede llegar a retener entre 7 y 8 de cada 10 votos que recibió en el balotaje.

Por el otro, que el panperonismo está pasando por un proceso de reestructuración complejo, durante el cual no parece encontrar una estrategia común, pese a las importantes negociaciones que se están llevando a cabo en las últimas semanas.

Por ejemplo, en el último mes, se avanzó en un intento de cerrar una lista de unidad entre los grupos de intendentes kirchneristas, sciolistas y peronistas del Gran Buenos Aires. Pero, al mismo tiempo, los alcaldes de Lomas de Zamora y Bolívar, Martín Insaurralde y Eduardo “Bali” Bucca, el primero, cabeza del Grupo Esmeralda, y, el segundo, hombre de Florencio Randazzo; analizaron con Sergio Massa la posibilidad de una triple alianza, que encontró más problemas que soluciones a la hora de avanzar en las discusión de los armados y las posibilidades reales políticas.

Esta semana, Cristina Fernández confirmo un adelanto de esta columna de hace más de 1 mes, cuando revelamos una negociación entre Juan Cabandié, Máximo Kirchner y un operador tradicional del peronismo acerca de una posible lista de unidad. En esa oportunidad, la ex Presidente de la Nación ofreció no ser candidata a cambio de que no hubiera interna en el peronismo bonaerense. Incluso, ella expresó que podría apoyar a Florencio Randazzo si era elegido por los alcaldes bonaerenses para encabezar la lista, aunque puso a la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, como una opción para enfrentar al randazzismo o ser 1ra. en la lista.

Pero, al mismo tiempo que Cristina Fernández expresaba su supuesta exclusión, Verónica Magario dijo después de la inauguración del Metrobus Matanza, que ella fue elegida por 4 años y que no tiene planes de dejar su lado. Entonces, surge la duda: ¿la oferta de la ex Presidente de la Nación y la supuesta candidatura de la alcalde matancera, es una maniobra para negociar o para “entretener” a sus enemigos y, luego, armar listas apartes?
Un dato: Cristina Fernández no figura en el padrón bonaerense, pero tiene hasta el viernes 19/05 para sumarse, si lo deseara: Quizás, por eso, la ex Mandataria acortó su viaje a Europa, aunque para explicar esa decisión uso las marchas contra el 2×1 que realizarán las organizaciones de derechos humanos el miércoles, donde ella dice que participará.

Lo cierto es que hoy día, el kirchnerismo, luego del macrismo, es la fuerza que está más preparado para ir a la elección de Octubre y a una interna partidaria.

El resto, Esmeraldas, massismo y randazzismo, todavía siguen esperando definiciones. Sin duda, un escenario complejo, pero que en el fondo, no hace más que ayudar a la estrategia del PRO. Toda una paradoja.