Envalentonados por la masividad del #1A, el Gobierno de Mauricio Macri decidió endurecer su lenguaje en vez de tender puentes para el diálogo, tal como lo había prometido el Presidente de la Nación en su 1er. discurso ante la Asamblea Legislativa y en las 2 inauguraciones de Sesiones Ordinarias del Congreso. Sin embargo, los imperativos y las necesidades de la campaña electoral obligan a cambios de estilo que nadie puede asegurar que generen la adhesión que se busca.

Nunca es bueno abusar de “La Grieta” que recreó en la sociedad el Gobierno de Cristina Fernández. Al kirchnerismo no le sirvió para ganar en 2015 ni le sirve hoy para reunificar al peronismo. Y si bien le fue útil a Mauricio Macri para se r elegido Presidente de la Nación, puede ser contraproducente dado que es un gobierno en minoría.

En la Argentina, la historia de paros generales es larga. La primera se remonta a 1902. Entre 1930 y 1943 hubo 103 huelga generales, todas locales. Desde 1955 a 1967 hubo 28 paros nacionales y 13 locales. Mientras que desde 1983 se han realizado 40 paros generales nacionales. A todas vistas, la Argentina no mejoró con estas medidas de fuerza, dado que siempre van dirigidas a realizar demostraciones de fuerza de los gremios, causar desgastes de los gobiernos que las padecen y consolidan el poder de quienes las promueven. Y lo ocurrido el jueves no fue la excepción.

Minimizar el primer paro general de la CGT al Gobierno de Mauricio Macri no tiene sentido, más si se tiene en cuenta que fue uno de los paros menos queridos por la conducción de la central sindical peronista, y sólo se concretó porque el triunvirato a cargo tuvo que ceder ante la presión de las bases, de la izquierda sindical y del kirchnerismo, que le copó el palco en su más reciente movilización.

En las redes sociales, el hashtag #1AYoNoParo fue tendencia toda la mañana del jueves, sin duda impulsado por el call center del Gobierno, pero eso no evitó las calles estuvieran vacías. Es cierto que muchos negocios abrieron en las zonas urbanas y suburbanas, pero allí se mezcló el rechazo al paro general con la nece sidad de vender que tienen muchos comercios.

Sin duda que con transporte funcionando el resultado del paro general habría sido otro, pero el Gobierno debería entender que le conviene seguir dialogando con la CGT, dado que cuanto más confronte a la llamada “burocracia sindical”, más aire le da a los grupos de izquierda, que el jueves #6A intentaron ganar el protagonismo de la medida de fuerza, aunque eso no les redunde votos en las elecciones.

Es falso que el Gobierno haya recuperado el control de la calle el sábado #1A o el jueves #6A. Al comienzo del paro general, puso en la calle 3.000 efectivos de las fuerzas de seguridad, la Policía de la Ciudad destinó 400; es cierto que hubo choques y se logró levantar el piquete de Panamericana y 197, pero en Puente La Noria, en General Paz y en el Acceso Oeste (a la altura de Vergara) sólo se negoció dejar un par de carriles libres.
Un caso curioso fue el Puente Pueyrredón. Las fuerzas de seguridad no permitieron cortar el puente, pero fueron los propios efectivos los que no dejaron pasar el tránsito durante horas. Además, hubo cortes en Salta, Chaco, Santa Fe, Neuquén y Córdoba que no fueron levantados, lo mismo que en la Autopista Rosario – Buenos Aires.

La decisión de enfrentar a la CGT se tomó antes del paro general pero, en el fondo, e s el Gobierno quién intenta ordenar las transiciones en muchos gremios donde vienen elecciones y muchos de los actuales secretarios generales han pasado la barrera de los 70 años y no tienen elegidos “delfines”. Por eso, avanzarán las auditorias sobre las mutuales y obras sociales, se pedirá Certificado de Buena Conducta a los candidatos y se obligará a realizar las elecciones con voto electrónico o similar.

Hace un año, el Gobierno intentó seducir a los sindicalistas devolviendo fondos a las obras sociales que les adeudó, durante años, Cristina Fernández. Por $27.000 millones, la Administración Macri “compró” algo más de 1 año de paz social. Ahora, se buscan caminos alternativos para reencauzar una negociación que nunca se interrumpió. Sin embargo, algo parece claro: más allá de las discusiones, no habrá otro paro general hasta que pasen las elecciones y, según el resultado de la votación, los gremios endurecerán, o no, su posición.

El Gobierno no desconoce los verdaderos alcances del paro general del jueves #6A. Mauricio Macri recibió informes detallados de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; el titular de la AFI, Gustavo Arribas; y la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien le hizo un pormenorizado resumen de lo que ocurría en el Gran Buenos Aires. Por eso, la minimización de la medida de fuerza sólo tiene raíces electorales.

Pero esta posición del Gobierno evitó mostrar el mayor logro político que tuvo la Casa Rosada el #6A: los cortes que realizó la izquierda, tuvo presencia de militantes políticos, pero no de colectivos sociales. Así, se pudieron ver banderas del Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialistas, del Movimiento de Trabajadores Socialistas o del Movimien to Socialista de los Trabajadores; lo mismo que de la Asociación de Trabajadores del Estado y la CTA Perón, que conduce Víctor de Gennaro.

¿Por qué no estuvieron el Movimiento Evita, la Corriente Clasista y Combativa y otros colectivos sociales? Fue consecuencia de las negociaciones entre la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y Juan Grabois & Amigos; a partir del encuentro que tuvo la funcionaria con el papa Francisco, en el Vaticano, hace pocos más de 2 meses. Sin embargo, el Gobierno mantuvo un estricto silencio sobre este inmenso logro.

En tren de endurecer su posición, el Gobierno de Mauricio Macri está tomando un camino que no es bueno para su imagen de respeto por las instituciones: amenaza con hacer juicio político a los jueces que fallan contra su voluntad. Ya ocurrió con el platense Luis Federico Arias, los camaristas Enrique Arias Gibert y Graciela Marino; y, ahora, la jueza laboral Dora Eva Temis, quien ante un pedido de la Unión de Docentes Argentinos, emitió un fallo que obliga al Poder Ejecutivo a llamar a paritarias nacionales, decisión que ya se adelantó que será rechazará en pocas horas más.

Es cierto que muchos o todos estos magistrados pueden ser militantes de Justicia Legítima y que pueden tener animosidad contra el Gobierno de Mauricio Macri, pero si la Casa Rosada quería separar de sus cargos a los fiscales, jueces y camaristas kirchneristas debería hacer tomado esa medida hace 1 año. Ahora, ya es tarde, dado que si adopta ese camino ahora, el PRO se para como una fuerza política avasallante, justo lo que se le criticó duramente a Cristina Fernández.

Con mucho menos “ruido” y más astucia, la gobernadora María Eugenia Vidal logró que los gremios docentes anunciaran que se levantan las medidas de fuerza, aunque aseguran que seguirán con “clases especiales” y “protestas”, pero con los chicos en las aulas. No es el fin del conflicto, dado que las clases perdidas es difícil que se puedan recuperar y el ambiente de diferencias se mantendrá en las escuelas.

En realidad, los gremios docentes han hecho una tregua por 2 causas:

> las bases ya no les respondían, dado que se sintió fuerte en los recibos de sueldo el descuento de los días de paro; y

> los sindicatos tienen, ahora como meta, la necesidad de recuperar el dinero descontado, para que sus bases no los repudien.

Así que se intentará canjear “paz social” porque el dinero vaya al bolsillo de los docentes. Es otra pulseada, el conflicto se mantiene, pero con otro formato.

Hasta acá, el paro docente ha conseguido los objetivos de todos los participantes:

> El Gobierno, polarizó con el kirchnerismo. María Eugenia Vidal se mostró firme.

> El kirchnerismo avanzó en transformar la imagen de la gobernadora de Buenos Aires de “Heidi” a “Margaret Thatcher” (algo que es bueno para el votante macrista, pero no se sabe si tendrá el mismo efecto sobre los votantes independientes que todos intentan seducir).

> Para La Cámpora, las marchas docentes les permitieron demostrar su poder de movilización.

> Roberto Baradel logró que Hugo Yasky lo nominara públicamente como futuro secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos reunificada y ya tiene asegurado el control de su gremio.

> Para las CTA, sirvió para avanzar en su unificación y en condicionar a la CGT, obligándola a realizar e l paro general del jueves pasado.

> Es cierto que el paro docente no logró que la Casa Rosada convoque a paritarias nacionales, pero los gremios tienen un fallo a favor, que esperan repetir en otros juzgados. Y era un reclamo de máxima.

> Los más golpeados son los gobernadores, que ahora deberán pagar los aumentos negociados sin el aporte del Tesoro Nacional, lo que abre otro frente de problemas para el Gobierno.

> Luego de este intenso mes y medio, las encuestas pueden decir que la imagen positiva de Mauricio Macri dejó de caer, mientras que Sergio Massa no recupera posiciones y Cristina Fernández mostró una leve baja. Pero guiarse sólo por encuestas sigue siendo peligroso, dado que los estrategas de la Casa Rosada confunden “polarizar” con “confrontar”.

La primera acepción significa “diferenciarse”, la segunda, implica enfrentar con poder… pero el Gobierno sigue teniendo minoría en el Congreso Nacional.

Dicen en la Casa Rosada que confrontar con la CGT es sencillo: tienen sólo 20% de imagen positiva, menos de 40% apoyó el paro general de jueves y casi 60% sostiene que la medida de fuerza fue política. Pero los gremios peronistas no son el mayor enemigo del Gobierno. Este gremialismo, está lejos del kirchnerismo. Cristina Fernández sigue siendo al mayor riesgo.

Por esta hora, el mayor rédito para el Gobierno es que el votante no macrista que apoyó a Mauricio Macri en el balotaje, está volviendo a pensar en votar al oficialismo en Octubre. Eso es positivo, para los objetivos legislativos de la Casa Rosada, pero sería mejor que los ciudadanos votaran al PRO por sus log ros, no por miedo a que pueda volver al poder Cristina Fernández, el kirchnerismo o alguna forma de peronismo.