La marcha a Plaza de Mayo encontró entre sus participantes a mayores de 40/45 años, de clase media, proveniente del corredor norte porteño, compuesto por los vecinos de Retiro, Alto Palermo, Palermo y Belgrano, más aportes de el eje que establece la Avenida Rivadavia, sin duda, la zona donde el PRO tiene el grueso de su caudal electoral porteño.

De esta forma, se confirma lo que dicen las encuestas: el núcleo duro del macrismo (que ronda entre 25/30% de los votantes) sigue fiel al Gobierno de Mauricio Macri.

Otro 25%/30% se identifica con el kirchnerismo y grupos de izquierda y peronistas antimacrista.

Y queda otro 30/35% del electorado que se considera “independiente” y puede votar hacia uno u otro lado del escenario político del momento.

En este marco, la gran duda del equipo de campaña del PRO es si esos 12/17 puntos porcentuales que se sumaron a “Cambiemos” para que Mauricio Macri lograra ganar el balotaje todavía tiene interés en sufragar en contra del kirchnerismo, manteniendo el clivaje que dominó hace 2 años.

La composición de los presentes ayer era similar del 12S y el 8N, lo que confirma que el sentimiento antikirchnerista se mantiene incólume en una parte muy grande del electorado, incluso para dar su apoyo superando las críticas al macrismo por no meter presa a Cristina Fernández y sus ministros (el pedido más repetido ayer en Plaza de Mayo), el fuerte ajuste de las tarifas (que golpea el bolsillo de las clases medias en forma directa) y la larga lista de imputaciones al Gobierno de Mauricio Macri por no hacer aquello que consideran fue su mandato expresado en las urnas.

No hay que ser inocente: más allá de que varios funcionarios del Gobierno (entre ellos el senador nacional porteño Federico Pinedo y el ministro del Interior, Vivienda y Obra Pública, Rogelio Frigerio), además de Elisa Carrió y la Unión Cívica Radical en forma orgánica, negaron apoyar la organización del 1A, la verdad es que el “call center” del PRO estuvo muy activo impulsando el llamado a marchar que se lanzó por las redes sociales desde hace más de tres semanas. Y esto puede ser un problema.

Si algo habían demostrado las marchas opositoras (las organizadas por los docentes, la CTA, la CGT y el 24/03, además de la marcha de las mujeres) es que el Gobierno había perdido la calle y que no servía la comunicación por redes sociales que tanto dinero cuesta a la Casa Rosada. A tal punto, que tuvieron que volver a usar la propaganda tradicional, al estilo kirchnerista, en medio de partidos de la Selección Nacional.

Pero ahora, con el éxito en la convocatorio a la marcha, el ecuatoriano Jaime Durán Barba y el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, pueden llegar a creer que fue su estrategia de comunicación y marketing político por redes sociales la que posibilitó la masiva participación de personas que, por lo general, no son los mayores consumidores de redes sociales. Pero esta argumentación del duranbarbismo se derrumba si fue el miedo al regreso del kirchnerismo lo que impulsó a la presencia de los mismos que temían que Argentina se convirtiera Venezuela cuando se hicieron el 12S y el 8N.

De esta forma, esta masiva marcha de respaldo, llegó justo a tiempo para sostener el ánimo del macrismo, pero puede llegar a convertirse en un bumerán para lo que resta de la campaña electoral, donde el Gobierno se juega mucho más que un grito en contra del regreso del kirchnerismo (o de cierto peronismo de izquierda) al poder.

Un dato no menor es la legitimación impactante que otorgó al Gobierno con la marcha de ayer, dado que la masiva concurrencia se logró sin movilizar estructura, mi usar micros, ni cortar calles, ni dar vales, ni repartir bolsas, ni vender choripanes, ni repartir “ravioles” o “porros” (tal como parece ocurrir desde hace un año y medio en algunas marchas donde hay gran presencia de jóvenes), ni se prometieron planes sociales, ni hubo pintadas, ni desafíos a las fuerzas de seguridad. Tampoco fueron dañados ni la Catedral ni el Cabildo, algo casi milagroso. Y se realizó un sábado, 24 horas después de que el Gobierno anunció un aumento de 40% del gas. Sin duda, toda una demostración de apego democrático y al sistema que expresan el macrismo, el radicalismo y el lilismo.

La religitimación del Gobierno de Mauricio Macri (y de las medidas que está tomando, sobre todo, el ajuste a las tarifas de los servicios públicos) llegó luego de 6 meses de constante caída en la imagen positiva del Presidente de la Nación, de su gestión y de sus ministros; a tal punto que la imagen negativa ya superaba la positiva. Eso otorga la oxigenación que el Gobierno no logró con el recambio de funcionarios hace casi dos meses, ni con los anuncios de las recientes 3 semanas.

En el último mes, el Gobierno de Mauricio Macri vio como los movimientos sociales, los diversos peronismos y el sindicalismo había comenzado a articular acciones opositoras mostrando una unidad en la praxis que no tienen a la hora de sentarse en el Congreso Nacional o en las charlas que están manteniendo para armar las listas para Octubre.
La impecable capacidad de movilización de La Cámpora, que sorprendió a las organizaciones de derechos humanos, los movimientos sociales y los gremios peronistas; y que impulsó una serie de especulaciones para aceptar la presencia de Cristina Fernández en las listas bonaerenses para así asestarle un golpe “mortal” al Gobierno de Mauricio Macri, quedan hoy en un limbo, que puede cambiar los movimientos de algunos peronistas que habían perdido la esperanza de aislar al kirchnerismo en sus estructuras partidarias y en las listas legislativas.

Sin embargo, luego de la masiva movilización de ayer, queda en duda el liderazgo de La Cámpora para aglutinar militantes, dada la espontaneidad impactante de la presencia porteña del #1A en Plaza de Mayo. Además, la fantasía de que la clase media había abandonado al macrismo por el fuerte impacto que tuvo en los bolsillos, queda en duda, dado que el riesgo de que vuelva el kirchnerismo es más importante que el daño que pueda causar el “ajuste” para recomponer los precios relativos de la desquiciada economía que dejó Cristina Fernández.

Las dimensiones del apoyo que recibió el Gobierno de Mauricio Macri, quizás, lo haga replantear la estrategia que despliega hacia gremios y movimientos sociales, dado que cuanto más dinero les otorga, más protestas, piquetes, marchas y cortes se producen. ¿Vale la pena alimentar esta dinámica? Eso es lo que planteaba el ViceJefe de Gabinete, Mario Quintana, quién no quería reglamentar la Ley de Economía Social, y que la Ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, tuvo que exigir se cumpliera, dado que eso había acordado con Francisco en el Vaticano.

La marcha fortalece a Mauricio Macri y su Gobierno, pero no le quita el “aura” de debilidad que el ambiente político siente de la gestión macrista. “Estos muchachos están acostumbrados a que les obedezcan sus ordenes”, expresó 1 de los 3 secretarios generales de la CGT, Carlos Acuña. Y no es la excepción, sino la regla dentro de los peronismos.

Ahora le toca al Gobierno el siguiente movimiento, en especial, porque el escenario sindical está lejos de reencaminarse, más cuando los docentes van por un nuevo paro nacional y la CGT lanza lo que se espera uno de los paros generales más importantes de la última década, por el altísimo nivel de adhesiones que se espera, a causa de la participación activa de los medios de transporte y de los grupos de izquierda, que prometen decenas de piquetes que cerquen a la Ciudad de Buenos Aires.

Poco importa que el Gobierno haya destinado 40% más para Gasto Social o que se hayan otorgado 77% más de Asignaciones Universales por Hijo, la inflación ha pegado duro en el poder de compra del salario y el mercado no logra absorber la mano de obra que queda sin trabajo; en especial, porque los signos de reactivación surgen en zonas rurales y los mayores problemas de consumo y empleo se detectan en las zonas urbanas y suburbanas. En parte, eso va a asegurar el apoyo al paro general de la CGT.

Pero todavía queda por desbaratar el duro paro de los docentes bonaerenses. Desde hace dos semanas, el Gobierno de María Eugenia Vidal comenzó a acelerar pagos a los docentes, con el fin de vaciar de participación las medidas de fuerza que impulsan Roberto Baradel y otros gremialistas bonaerenses. Compensaciones de atrasos del año pasado, el presentismo y el descuento por adherirá a los paros van a crear diferenciales de hasta 6.000 pesos entre un docente y otro, por lo cual, muchos que están a favor de parar, han dejado de hacerlo.

El impacto en el bolsillo de las decisiones tomadas por María Eugenia Vidal ataca el mismo eje sobre el que se ha sostenido el argumento que levanta Roberto Baradel y otros gremialistas para impulsar los paros. Así, como la discusión con los sindicalistas no puede transitarse por lo gremial o por lo político se ha comenzado a batallar por el terreno económico.

De esta forma, se ha comenzado a encapsular el conflicto docente, dado que además de avanzar por los pagos de sueldos y compensaciones, también se han quitado los frenos a las causas judiciales que tiene a varios sindicalistas docentes bonaerenses como protagonistas, en especial, a Roberto Baradel, que aparece como el más complicado en varias de ellas.

El enojo de la clase media urbana, que decidió sacar a Cristina Fernández del poder y, para eso, voto a Mauricio Macri en las PASO, la 1ra. vuelta y el balotaje; vuelve a convertirse en el mayor activo al que puede recurrir el Presidente de la Nación para relanzar la gestión y reposicionarse para la campaña electoral. La duda es si serán capaces de aprovechar esta nueva oportunidad que le regaló la gente el sábado #1A.