Después de 8 meses consecutivos con suba promedio mensual de las reservas en el Banco Central, en línea con la clásica estacionalidad de la liquidación de divisas del agro -este año apoyada en una notable escalada de los precios internacionales de las materias primas que más exporta la Argentina (el Indec estimó una suba del 31% en el segundo trimestre 2021 en comparación con igual período del año anterior), desde la última semana de julio se asiste a casi una constante sangría.

Desde un pico de aumento de las reservas brutas de USD 1.609 millones en el promedio de mayo, se desaceleró a USD 565 millones en junio; USD 145 millones en julio, y en la primera quincena de agosto acumula una disminución de USD 595 millones.

La posición de los activos externos del Banco Central, como técnicamente se definen a las reservas brutas de la entidad que preside Miguel Pesce desde el inicio de la administración del Frente de Todos, es un indicador que siguen los economistas para medir el estado de la vulnerabilidad externa del país, así como el índice de Riesgo País refleja el grado de aceptación de la deuda soberano por parte de los inversores locales e internacionales.

En apretada síntesis, esos activos externos se alimentan del saldo positivo que caracteriza a la balanza comercial (exportaciones mayores a las importaciones); el ingreso de capitales del resto del mundo, pero también de residentes que tienen ahorros en divisas fuera del sistema financiero y deciden depositarlos en una cuenta bancaria local; y créditos internacionales, principalmente de organismos; y se debilitan por los pagos de deudas del sector público, retiro de depósitos en moneda extranjera, y depreciación cambiaria de los activos en canje, como las tenencias de oro.

Según los balances semanales del Banco Central, la sangría comenzó en la última semana de julio con la pérdida de USD 527 millones, siguió con otra de USD 519 millones en la primera de agosto, y completó la primera quincena del mes con otra caída de USD 76 millones. En esos 21 días, la baja provocada por la disminución de las cotizaciones del yuan (renminbi) fue de USD 5 millones; y la derivada de la menor cotización de las tenencias de oro, fue algo más significativa: USD 77 millones, pero poco relevante frente al total.

Más significativa fue la disminución de USD 456 millones desde el inicio de agosto, derivada del pago parcial de compromisos con organismos internacionales -incluido el Club de París-, pero claramente, el debilitamiento de la posición de activos externos se explica por la fragilidad de las finanzas públicas, pese al destacado desempeño de los recursos tributarios en los últimos meses.

De ahí que cuando se verifica un punto de giro negativo en la variación de las reservas, y el Banco Central decide intensificar las medidas de control de cambios para intentar detener los factores de caída, pese a que se ha reducido a la mínima expresión la provocada por el turismo internacional, los economistas de las consultoras privadas comienzan a concentrar sus miradas el semáforo de los activos externos netos propios y los de libre disponibilidad, porque da una señal contundente de la reacción del sector privado con fondos excedentes para retirar sus capitales del sistema, y contribuye a explicar la ampliación de la brecha cambiaria entre la cotización que rige para el comercio exterior y las alternativas habilitadas en el mercado financiero.

Netas propias y líquidas

Las reservas netas propias líquidas se obtienen de restarle a la posición bruta el componente del swap de monedas con China, actualmente equivalente a poco más de USD 20.000 millones; también el canje con el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), unos USD 2.400 millones; los encajes en divisas (diferencia entre depósitos privados y del sector público y los préstamos en moneda extranjera a los particulares), se sostienen desde el último canje de deuda, en septiembre 2020, por arriba de USD 13.600 millones; así como las tenencias de oro (USD 3.500 millones); y la representatividad en organismos internacionales, poco más de USD 5.000 millones.

Estas dos últimas partidas pueden transformarse en líquidas, a través de venta o caución en el primer caso, y de un préstamo de otros organismos, o nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, pero no sólo es un trámite que lleva su tiempo y que la sola mención puede generar efectos contrarios a los buscados.

Según se desprende de los datos del BCRA, las reservas propias líquidas se mantienen con signo negativo desde la segunda quincena de octubre 2020, cuando pasaron de un saldo positivo de unos USD 850 millones a un “rojo” de USD 1.550 millones, el cual se fue profundizando hasta menos USD 5.350 millones a mediados de febrero último. Desde ese momento, el impulso estacional del resultado del intercambio comercial y un transitorio cambio de humor en los mercados llevaron a recortar ese déficit hasta USD 1.430 millones 5 meses después. Pero, al revertirse esos efectos retomaron el sendero descendente, hasta unos USD 2.700 millones negativos en la actualidad.

De todas formas, al agregar la valuación de las tenencias de oro, como el valor de las cuotas de la Argentina en organismos internacionales el saldo final de las reservas propias realizables en divisas para que el BCRA pueda afrontar compromisos externos y la demanda neta de particular el saldo final se mantuvo siempre positivo, actualmente en torno a USD 5.900 millones, aunque también marca una tendencia declinante, que se acentuó en las últimas tres semanas.

Las medidas destinadas a restringir al extremo las operaciones de particulares en el mercado de cambios para revertir esos movimientos no han contribuido a revertir el aumento de la brecha entre las diversas cotizaciones de las divisas, sino, por el contrario, los ha intensificado, porque se insiste con atacar las consecuencias del estrés de la situación externa, en lugar de atender a las causas que lo provocan: los desincentivos a la exportaciones y al ingreso de capitales que representan los cupos, retenciones, la creciente presión tributaria, y en particular la ausencia de un plan integral de estabilización macroeconómica, en la que los incentivos superen a las penalidades.

Mientras tanto, el BCRA busca intervenir en el mercado cambiario con bonos públicos en su cartera –ingresaron tras el último canje de deuda en agosto 2020 por el equivalente a unos USD 9.650 millones-, de los cuales ya utilizó unos USD 2.100 millones, los cuales se transformaron en deuda con el conjunto del sector privado.

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