El resultado de las finanzas públicas en el décimo mes del año estuvo muy lejos de las expectativas deseadas por el Gobierno de reducir el abultado desequilibrio heredado, y con ello bajar la dependencia de dos medidas altamente criticadas por los economistas, el uso del endeudamiento o de la emisión de dinero, sobre todo, porque no hay intención del equipo de Alfonso Prat-Gay de echar mano al bisturí y reducir el sobre empleo en el estado nacional.

Con ingresos que apenas crecieron en $23.756 millones y gastos antes del pago de intereses de la deuda pública que se elevaron en más de $64.537 millones, Hacienda está lejos de mostrar una política de austeridad fiscal que alimente las expectativas de “normalización de la economía”, porque torna imposible avanzar de modo más firme en la eliminación de impuestos distorsivos que demoran la reactivación y la maduración de las abultadas inversiones anunciadas.

En octubre, la brecha entre aumento de los recursos y los gastos fue negativa en más de $40.000 millones, casi la mitad de los dólares que ingresaron en efectivo con el blanqueo hasta ahora
No sólo eso, mientras las finanzas públicas no ingresen en “caja” el Gobierno no podrá ser más agresivo en la eliminación del Impuesto a las Ganancias sobre los trabajadores. Por el contrario, en el proyecto de ley de reforma, con suba del mínimo no imponible, en 2017 volverán a ser más los que pagan que los que quedarán eximidos.

La cuenta es muy simple, frente a salarios que se espera que al menos suban como la inflación proyectada, sin recuperar la pérdida real del corriente año, esto es en torno a 17% en la meta del Gobierno, y 23% en las expectativas privadas, el mínimo no imponible apenas se eleva en 15%, y para colmo se redujeron las deducciones para determinadas cargas de familia.

A la herencia recibida de trabajos impagos a muchos proveedores por parte de la administración anterior, Hacienda sumó tres factores relevantes que explican el aumento de los gastos al ritmo de la inflación, cuando los recursos lo hicieron más de 10 puntos porcentuales menos:

1. “Transferencias corrientes al sector privado”, por los incrementos en el programa Planificación y Coordinación Estratégica del Plan Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas; el pago de las Asignaciones Familiares (incluyendo la Asignación Universal por Hijo para Protección Social), en las diversas coberturas asistenciales y por las mayores erogaciones destinadas al sostenimiento de tarifas del transporte automotor;

2. “Prestaciones de la Seguridad Social”, por el efecto movilidad en estos haberes y por la mayor cantidad de casos cubiertos por moratoria previsional, que fueran subestimados en el Presupuesto que se votó en 2015; y

3. “Gastos de Capital”, por el sostenido impulso dado a la construcción de viviendas mediante el Programa Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda Única Familiar (ProCreAr), como así también a la infraestructura energética y habitacional en jurisdicciones provinciales a través de distintos programas, como Techo Digno, Fortalecimiento Comunitario del Hábitat, etc) y por la mayor inversión efectuada por Vialidad Nacional y las empresas Agua y Saneamientos Argentinos S.A. y Administración de Infraestructuras Ferroviarias S.E.

De ahí que el sector público nacional registró un déficit primario sin rentas financieras de $62.958,7 millones, 184% más que un año, cuando el valor del PBI en pesos no llegó al 40%, porque al aumento previsto por la inflación en ese rango, hay que deducirle el impacto de la contracción de la actividad económica que para ese mes el estudio Ferreres estimó cercano a 5% en valores reales.

Los números no cierran para cumplir con la meta del año

El acumulado de los primeros diez meses mostró una brecha negativa más acotada entre la expansión de los recursos (25,9%) y los gastos antes del pago de intereses (32,2%), pero no impidió que el desequilibrio se acrecentara 69%, a $286.023 millones, unos 30 puntos porcentuales más que el aumento nominal del PBI.

En este mismo período, el resultado financiero fue deficitario en $261.460,7 millones,M., verificándose un incremento interanual de 66,2%, respecto del déficit de igual período del año anterior.

Hacienda asegura que el rojo fiscal en términos del PBI está alineado a la meta de 4,8% asumida a comienzos del año
Aún así, el secretario de Hacienda, Gustavo Marconato se muestra confiado en alcanzar la meta de reducir el déficit fiscal en términos del PBI: “El objetivo asumido al inicio del año de reducir el déficit primario al 4,8% del PBI en 2016 implica un acumulado anual de $378.000 millones. Por lo tanto, el resultado primario sin rentas financieras de los primeros 10 meses del año se acerca a 3/4 del objetivo asumido para todo el ejercicio”, explica en el clásico comunicado de prensa. Sin embargo, las cuentas no cierran.

 

Por Daniel Sticco