Lo dijo en una entrevista con Infobae el presidente de la CAC, Gustavo Weiss. Y aseguró que “en el sector no hay empresas que trabajen en negro”

La construcción aparece como uno de los claros puntales del plan de Gobierno para que la Argentina recupere el sendero del crecimiento, tanto en lo que respecta a la obra pública como en la obra privada, aunque en esta franja los tiempos aparecen claramente más lentos.

Pero también se habla a menudo de la construcción como una actividad dominada no sólo por grupos de poder, sino también como un lugar clave para el lavado de dinero, con sobreprecios en los costos y en los valores de venta, y otros actos de corrupción que llevaron a algunos pseudos actores a la cárcel, como Lázaro Báez, sometido a juicios con varios frentes abiertos.

Uno de los argumentos más extendidos de justificación de los sobreprecios, en particular en la obra pública, se basan en el efecto de una economía que, salvo raras excepciones, hace 70 años transita no sólo con elevados índices de inflación que posicionan al país entre los primeros 10 del planeta en esa materia, sino que además agrega un Estado con altos déficit de las finanzas públicas -en todos los órdenes, nacional, provincial y municipal- que llevaron a no cumplir con los pagos de los contratos en los tiempos pactados.

En una entrevista con Infobae, el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, cuyo segundo mandato consecutivo vence en noviembre, y que sigue a otro de dos años, entre 2013 y 2014, dado que los estatutos de la CAC imponen una alternancia de un año para poder volver al cargo, se propuso, sin explicitarlo, derribar muchos de los mitos con los que carga una actividad con múltiples facetas, y que abre el camino a la multiplicación de diversas actividades con alto componente de fabricación nacional y generadoras de empleos.

-Hay una percepción generalizada respecto de que la actividad de la construcción está contaminada por actos de corrupción, con sobreprecios y subejecución de obras, ¿cuál es su visión?

– ¿Habla de obra pública?…

-A nivel de la población no se hace diferencia entre obra pública y privada; se advierte una clara brecha entre el valor de construcción individual y el del metro cuadrado en un edificio en propiedad horizontal…

-Bueno, diría que hay dos cosas totalmente distintas. Un tema es la obra pública y otro la obra privada, en la cual, categóricamente digo que no hay sobreprecio. La realidad es que hoy el costo de construcción en la Argentina es caro; y es caro medida en dólares. Los argentinos tenemos una clara distorsión cerebral en materia cambiaria porque el 100% de los materiales y servicios, salvo ejemplos especiales de los departamentos de alta gama que tienen equipamiento importado, es de industria nacional. De ahí que la razón por la que pensamos en dólares es la larga historia de inflación que a fines de los 80, principios de los 90, derivó en hiperinflación.

“En realidad el costo de la construcción en la Argentina es cara. Los argentinos tenemos una clara distorsión cerebral en materia cambiaria”
-Comencemos por la obra pública…

-Con los últimos acontecimientos que llegaron a la Justicia, con la denuncia de casos icónicos como Lázaro Báez que día por medio está en las noticias, eso ha generado en la opinión pública una sensación de generalización del tema de que en toda la obra pública desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego, desde el Gobierno nacional, provincial y municipal, está teñida de corrupción. Claramente no es así, habrá casos que sí, casos que no, pero en la inmensa cantidad de obras creo que no. Reconozco que la percepción ciudadana va en sentido contrario en muchos casos.

-¿Usted se animaría a estimar qué porcentaje de la construcción opera en la informalidad?

-Nosotros tenemos un alto grado de informalidad, pero no está en las empresas constructoras, sino en los pequeños trabajos. De la totalidad de la industria, casi el 50% es construcción y refacción de viviendas unifamiliares que va desde la obra en un barrio privado de renombre, hasta una casa humilde en el conurbano sur, pasando por los que se dedican a oficios particulares de reparación, el cual es en su inmensa mayoría es informal. El resto es 25% obra pública y 25% privada grande, donde todo es en blanco. Todos nuestros socios están registrados, primero porque para las trabajos gubernamentales es una exigencia, pero además porque nos expondríamos a un juicio.

“Nosotros tenemos un alto grado de informalidad, pero no está en las empresas constructoras, sino en los pequeños trabajos”
-A la luz del caso Lázaro Báez, ¿la Cámara Argentina de la Construcción tiene algún mecanismo de depuración de afiliados para no quedar contaminados?

-Sí, tenemos un código de ética que por supuesto reprime todos los actos de corrupción que es paralelo a la Justicia, funciona por denuncia por los propios afiliados, y cuando se determina causas de ese tipo es la exclusión de la entidad.

-¿Lázaro Báez estaba afiliado a la CAC?

-Lázaro no era socio de la Cámara Argentina de la Construcción. Hace muchísimos años fue socio durante muy corto período en la delegación Córdoba, porque nosotros tenemos un sistema federal. No pregunte por qué, porque en Córdoba no trabajó nunca, y jamás pisó este edificio central, ni tampoco el de la provincia y nunca participó de las actividades de esta cámara.

“Lázaro Báez no es socio de esta cámara, sólo lo fue de la delegación Córdoba, pero por muy poco tiempo. No pregunte por qué, porque nunca trabajó en la provincia”
-Se percibe en la opinión de la población que en lo referente a las empresas que se concentran en la obra pública está cartelizado, siempre ganan los mismos en las licitaciones y se vinculan con el poder de turno, en los tres órdenes de gobierno, ¿que les responde?

-Eso es un mito. Si va a Santa Cruz de los últimos largos años había un ganador permanente que era Lázaro Báez, por eso tiene el proceso judicial. Pero fuera de ese caso especial, muy claro, porque el grueso de las licitaciones los ganaba él o empresas de su grupo, pero si se va al resto en el orden nacional y de cada provincia se podrá ver que la cantidad de empresas que ganaban y que ganan obras públicas son muchísimas. No se podrán encontrar casos como el de Santa Cruz en ningún otro lado.

-Pero en la Ciudad se involucra la obra pública con una asentada constructora cuyo dueño es muy cercano al Gobierno nacional…

-Lo desmiento categóricamente. Conozco el caso al que usted alude, pero sólo es una más de muchísimas que operan en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia. Es más, si alguna empresa concentra más del 2% de las obras en esos distritos, ni siquiera el 1%. No, lo desmiento rotundamente, que no hay situaciones de posición dominante.

-¿Cómo está el costo de la construcción en una comparación internacional?

-El valor de la construcción está conformado por diferentes componentes: 1. El precio del terreno que cada vez es más caro, porque cada vez hay menos en los centros urbanos, diferente es en los municipios del conurbano, lo mismo ocurre en China o los EEUU; 2. Los insumos en la Argentina, en algunos casos, son caros, porque hay poca competencia y en algunos rubros hay comportamientos monopólicos; 3. El componente impositivo es récord mundial. Estudios de la CAC y de otras entidades ha estimado que la cadena de Ingresos Brutos hace que en ciertos rubros se transforme en el 15% del costo final; 4. Mano de obra, en algunos lugares del país no tiene la productividad es baja. Si bien los salarios nuestros en la UOCRA, con quién acabamos de acordar un aumento del 20%, más una cláusula gatillo si la tasa de inflación es mayor, son bajos en comparación con otras actividades, y en ciertos lugares, insisto, cuando se lo ajusta por la productividad es muy inferior. Y, en ese rubro se agrega el costo de la industria del juicio por accidentes laboral, que ahora se busca reducir con la nueva Ley de ART. Todo eso genera un cóctel donde el precio del producto terminado, más allá de la ganancia del desarrollador, es más alto que el producto existente, por eso se construye poco. Hoy no existe la diferencia que existía en el pasado que había llevado a ahorrar en ladrillos, luego de comprar el terreno.

-¿Por qué la construcción demoró más de 15 meses en mostrar mayor actividad?

-En primer lugar porque cuando asumió el Gobierno la deuda con nosotros era enorme. Durante los primeros meses del 2016 se pusieron al día, nos pagaron toda la deuda. Y por el otro tuvieron un largo tiempo en arreglar los contratos que estaban económicamente en muy mal estado. Eso permitió que en la segunda mitad del año la mayoría de los trabajos, con excepción de vivienda, se empezaron a poner en marcha y ahora la mayoría ya están en régimen de plena ejecución, y además aparecieron nuevos de licitaciones que se hicieron el año pasado.

“En la segunda mitad del año la mayoría de los trabajos, con excepción de vivienda, se empezaron a poner en marcha, y ya están en régimen”
-Vivienda lo separó, ¿por qué?

-Es un caso especial porque intervienen provincias y municipios, en convenios con el gobierno nacional, y se advierten problemas administrativos adicionales en algunas jurisdicciones que explican alguna demora. Pero, en general, esperamos que este año se recupere la caída del 12% que el sector registró en el último año.

-¿Cómo afecta la suba de la tasa de interés de referencia del Banco Central, como parte de la política monetaria para reducir la inflación?

-Los bancos no han movido sus tasas de interés activas, porque se percibe que las entidades tienen un problema grave de liquidez excedente y no logran prestar todo lo que pueden con los depósitos que perciben. Por eso la suba de las tasas de interés del Banco Central no ha llegado al costo de los préstamos a empresas. Aunque si suben las tasas de interés es probable que muchas personas se vuelquen al ahorro en pesos y posterguen inversiones en la economía real.

-¿Qué impacto espera el sector del impulso que va adquiriendo el crédito hipotecario?

-La Cámara Argentina de la Construcción es una institución que hace muchos años viene trabajando y proponiendo al Gobierno instaurar un sistema de crédito privado, al estilo de otros países como Chile, y finalmente ahora se hizo realidad. Este sistema es un antes y un después en el acceso de la vivienda para el sector media de la población. Hay muchísimas familias que pueden pagar una cuota no mucho más grande que un alquiler y comprarse su propia casa, en la medida que se la da plazo, 20 o 30 años. Y no tengo ninguna duda de que esto en el mediano plazo va a significar un enorme aumento de la construcción de unidades que califiquen para ese segmento de clientes. Y a medida que los departamentos desocupados para la venta comiencen a escasear habrá un fenómeno de aumento de precios, que se aproximará al del producto nuevo, con lo que va a haber un proceso de reactivación en un proceso de mediano plazo, porque desde el momento de la compra del terreno, hasta la edificación y venta, suele demorar más de un año, depende el municipio.

Por Daniel Sticco