Mientras avanza el primer trimestre del año se van completando los rankings internacionales sobre qué lugar ocupa la Argentina y, en particular, los avances y los retrocesos, especialmente en lo que respecta a grado de percepción de corrupción, libertad económica, apertura de la economía, tasa de inflación, índice de riesgo país, entre los múltiples que se irán sumando cuando se agreguen los más específicos, sea en los campos social o sectorial.

La buena noticia es que en todos los rankings internacionales se observan progresos respecto del año anterior, y también en comparación con los índices heredados.

Sin embargo, la mala noticia es que en todos los indicadores persiste un singular rezago, no solo respecto de los líderes internacionales, en general países altamente desarrollados, sino también con muchos de la región, aunque ahí el panorama no es tan desalentador en términos relativos.

Pero en cualquier caso, las notas recibidas se mantienen muy bajas, con valores equivalentes a aplazo o reprobado, según las calificaciones escolares. Al ritmo al que se avanza, en este tercer año de Gobierno de Cambiemos cabe esperar nuevas mejoras, pero en muchos casos pierden relevancia en el cotejo internacional, porque se está frente a un año de generalizada bonanza, por tanto, desempeñarse un poco mejor que el promedio, si se cumplen los pronósticos locales, no alcanzará para subir de  la mitad de la tabla que integran entre 120 y 180 países, según el indicador.

Evitar atajos

Uno de los argumentos más usados por los funcionarios del Gobierno nacional, en particular del área económica, para justificar la política gradualista, es que no se quieren repetir recetas que posibilitaron mejoras frágiles, sin bases sólidas, porque luego derivaron en crisis mayores a las heredadas.

Sin dudas que nadie pretende que se tomen atajos que se sabe de antemano que conducen a situaciones posteriores, previo paso por etapas de mejoras no sostenibles. Pero justamente, de la vasta historia de fracasos de planes económicos innovadores, heterodoxos dejó claras huellas de dónde se debieron hacer cambios o ajustes a tiempo, para no volver a repetir errores.

Señales de alerta

Sin embargo, ahora, esas políticas gradualistas que demostraron ser exitosas para ganar las elecciones de medio término y mejorar el humor internacional, más por expectativas que por hechos concretos, parecen no ser suficientes no solo para que no se detenga el camino de mejoras de los índices respecto de los que muestran el resto de los países, sino para evitar que se deterioren.

No se trata de trabajar para los índices, sino de comprender que esos indicadores son la consecuencia de la realidad económico-social de familias  y empresas; a muchas de las cuales aún no se les ofrecen las posibilidades y oportunidades para salir de situaciones extremas y que, por demorar acciones de política que han mostrado ser exitosas en el resto del mundo, derivan en más gasto público, a través de planes sociales y subsidios, y, por tanto, en más inflación y nueva crisis.

El aumento del índice de riesgo país, en particular la ampliación de la brecha con sus pares de la región, excluido Venezuela, debiera ser una señal de alerta de que algo no está funcionando:

1. La inflación, aunque alta, está desacelerando, pero a menor ritmo de lo presupuestado.

2. El déficit fiscal se achica con contabilidad creativa.

3. Las exportaciones crecen, pero a un ritmo mucho más lento que las importaciones.

4. La generación de empleos se mantiene muy por debajo de la tasa natural de crecimiento de la oferta laboral, por lo que la reducción de la pobreza desde niveles altísimos no puede reducirse con la urgencia que necesitan muchas familias.

Hoy, en el mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el presidente Mauricio Macri dará una señal sobre si quiere persistir en políticas económicas gradualistas, en particular en el terreno fiscal, que posibilitarán modestas mejoras en la realidad económico-social, o si apela al respaldo de los legisladores para que aprueben e impulsen medidas ya probadas en el resto del mundo, para que, sin cambiar el rumbo, se acelere la marcha hacia los nobles objetivos de exterminar la pobreza, vía incentivos para el crecimiento virtuoso de la inversión, el consumo y el comercio exterior.