El triunfo de Donald Trump, un magnate de los negocios, se atribuye en muchos casos al supuesto fracaso del régimen económico y la globalización.

No son pocos los políticos, economistas y politólogos que atribuyen el triunfo de Donald Trump a las nuevas tecnologías y a la globalización, que han posibilitado el crecimiento de la economía mundial, pero no sólo de modo desigual, sino con el sabor amargo de haber potenciado el desempleo y la pobreza.

Sin embargo, más allá del fenómeno puntual de la crisis de las hipotecas en los EEUU de 2007-2008, de la que aún muchas familias no han logrado recuperarse, no hay razones de peso para abonar las reflexiones del fin del capitalismo abierto y la globalización.

No hay razones de peso para abonar las reflexiones del fin del capitalismo abierto y la globalización, al menos en los EEUU, más allá de la retórica exagerada de campaña
No sólo porque Donald Trump ha potenciado su crecimiento personal saliendo de las fronteras de su país, sino porque, salvo muy pocas excepciones, menos de una decena de países de los 49 que representan más del 85% del PBI mundial, en los últimos 35 años ha sido generalizada la reducción del nivel y de la tasa de desempleo (aunque es cierto que en algunos casos se redujo la oferta laboral), y aumentó fuerte la generación de riqueza y el ingreso medio por habitante.

Lo mismo puede decirse de los índices de pobreza, en términos de ingreso para poder comprar una canasta básica de alimentos y servicios públicos y privados.

Los casos más críticos en términos de aumento del desempleo actual en comparación con la tasa promedio de esos siete lustros, son los de Grecia, Chipre, España, Portugal, Sudáfrica, Italia, Egipto, Turquía y Francia, y tal vez se pueda incluir la Argentina, por la degradación del mercado de trabajo que ocultó el manipuleo de las estadísticas y el amortiguador que ejercicio la administración pública. Pero aún así, en todos los casos se asistió a un proceso de creciente generación de riqueza: el valor del PBI aumentó fuertemente en términos de poder de compra, unos más, otros menos.

Vigencia de la ley de Okun

Casualmente, Diálogo a Fondo, el blog del FMI, da cuenta de una investigación con datos de los economistas Loungani y Mishra, que detectó que, salvo algunas excepciones, como China, Indonesia y Turquía, existe una clara relación positiva entre el crecimiento del PBI y el ritmo de generación de empleos, y entre los primeros puestos aparecen los EEUU y y Canadá. Dicho de otro modo, ratificaron la conocida ley de Okun, según la cual “un mayor crecimiento da lugar a un menor desempleo”.

Aunque explican los técnicos del FMI que “La ley de Okun se cumple en términos generales en el caso de Estados Unidos, pero se observa que la relación entre desempleo y crecimiento desde 2011 se ha desviado con respecto a la tendencia histórica, porque la profundidad y la duración de la Gran Recesión —el período posterior a la crisis mundial de 2008— dejaron sin trabajo a muchas más personas”.

Aun así, la tasa de desocupación actual en términos de la oferta laboral es levemente inferior al promedio de 35 años y el PBI por habitante es un 70% mayor.

De ahí que si bien frente al nuevo escenario en el que muchos se plantean si los EEUU se cerrará al mundo, con los costos que significaría volver atrás y dejar el campo fértil para que su liderazgo se debilite, no sólo habrá que preguntarse de dónde provendrá el crecimiento sustentable, sino también cómo se hará para que la generación de riqueza se distribuya más equitativamente entre la población, y no dónde se pueden lograr los votos relevantes para acceder a la presidencia.

No sólo habría que preguntarse ¿de dónde provendrá el crecimiento sustentable?, sino también ¿cómo se hará para que la generación de riqueza se distribuya más equitativamente
No hay duda de que “los países tienen que utilizar todas las herramientas de (la) política: monetaria, fiscal y estructural; para potenciar al máximo el crecimiento dentro de los países y amplificar el impacto mediante la coordinación entre naciones”, como sostiene el blog del Fondo Monetario Internacional. Pero también, y, fundamentalmente, los responsables del poder político deberán ocuparse de que la generación de riqueza se distribuya de modo creciente entre los sectores más rezagados, para comenzar a reducir una brecha insoportable por la inestabilidad socioeconómica y política que provoca, a través de impulsar instrumentos para ganárselo, como el acceso a la educación de calidad, acorde a los nuevos tiempos, no sólo a los niños, sino también a quienes se ocupan en tareas que se van sustituyendo por nuevas tecnologías de producción y de consumo. Esa es la tarea principal de la política, no de los economistas.

También es responsabilidad de la política la determinación de la progresividad o regresividad de los impuestos, esto es decidir que paguen proporcialmente a sus ingresos más impuestos quienes más ganan o los que menos, como ocurre en la Argentina con el IVA sobre los alimentos; igual que los subsidios a los bienes y servicios esenciales, y la aprobación del Presupuesto de Gastos con los recursos que el gobierno percibe con el cobro de impuesto y emisión de deuda pública.

 

Daniel Sticco