La economía real, como se denomina entre otra a los sectores tangibles, de la industria manufacturera y la construcción, junto con el agro y las actividades extractivas, comenzaron el año con la pesada mochila  de la fuerte recesión que arrastran desde junio de 2018 en el primer caso, con caída en enero de 2019 de 10,8% respecto del nivel de 12 meses antes; y desde septiembre de 2018 en el segundo, se contrajo 15,7% interanual.

En ambos casos, se trató de la menor tasa de receso del trimestre noviembre 2018 a enero 2019, y también mostraron en común que iniciaron el nuevo año con sendos repuntes de 4,6% y 4,4%, respectivamente, en  los índices de actividad en comparación con los de diciembre, luego de quitar los efectos estacionales de paradas de planta por mantenimiento y vacaciones del personal.

A partir, desde el Ministerio de Producción y Trabajo se afirman en la idea de que tanto “los datos de enero de construcción e industria refuerzan la hipótesis de que la recesión habría tocado su piso en noviembre y que a partir de diciembre la economía ya se encontraría en fase de recuperación”.

“De los 13 insumos para la construcción relevados por el ISAC, solo 2 mostraron crecimiento interanual: hormigón elaborado 1,5% y yeso 5,7%. Pero 8 de los 11 sectores con caídas tuvieron bajas interanuales menores que en diciembre. Las expectativas, como en industria, siguen siendo desfavorables aunque menos que el mes previo: en obra privada, las perspectivas de caída de actividad bajaron de 50% a 40%, y en obra pública de 59,1% a 56,4%”, resaltan en sus análisis los técnicos de la cartera que encabeza Dante Sica.

Los permisos para la construcción de obras privadas suelen anticipar la dinámica del sector con un rezago de alrededor de 6 meses. En este sentido, se destacó que en enero se autorizó la construcción de 615 mil metros cuadrados, 7,4% más que un año atrás, después de un trimestre con signo negativo.

De todas formas, un mes parece poco para predecir un punto de giro de la fuerte recesión, sobre todo porque en el caso de los pedidos de permisos para construir ya se había observado en septiembre de 2018 un aumento de 8,2% después de 5 meses de declive consecutivos en comparación con el año previo, y luego volvieron a la senda contractiva.

En el caso del sector manufacturero en su conjunto en octubre 2018 también el Indec midió un punto de quiebre de la baja de la actividad, pasó de menos 6,3% a más 3,2%, frente al mes previo, pero luego sucedieron 2 períodos consecutivos con disminución del rendimiento fabril, y acumuló 3 meses con tasas de disminución de dos dígitos respecto del año anterior.

Inercia negativa para el mercado de trabajo

Uno de los efectos más perjudiciales del cuadro recesivo que afectan tanto a la industria como a la construcción, por sobre el resto de las ramas de actividad, es la intensidad del recorte de la nómina de personal, habida cuenta de que en un ciclo prolongado de baja de ventas y producción, el ajuste se observa tanto en el salario real, como en la intensidad laboral, por la concurrencia de la disminución de la nómina, como de las horas trabajadas.

En el caso particular de la rama manufacturera el relevamiento de expectativas del Indec para el trimestre febrero a abril de 2019 arrojó un saldo de respuesta negativa de poco más de 1 de cada 5 que prevé disminuir la nómina de personal; y de poco más de 1 de cada 3 que proyecta bajar la intensidad laboral.

En el caso de la construcción, entre las empresas que se concentran principalmente en la obra privada, poco más de 1 de cada 5 estimó que necesitará menos trabajadores que un año antes; mientras que esa relación en el caso de la obra pública es de poco más de 1 de cada 2 empresarios.

Las altas tasas de interés, la aceleración de la inflación y  la propia incertidumbre que genera el escenario electoral en un ambiente recesivo, se esgrimen como los factores determinantes de la extensión del cuadro recesivo que se inició a mediados del año anterior.