Forzado por la  coyuntura local e internacional, como fueron la sequía que afectó a la economía pampeana y también regional y los desaciertos en la elección del gradualismo como estrategia estabilizadora, en el primer caso; y la guerra comercial entre las dos mayores potencias económicas, más la suba de las tasas de interés en los EEUU, en el segundo, el Gobierno decidió un cambio de política macroeconómica, con el apoyo financiero del FMI.

Sin embargo, como ocurre con el fútbol en la Argentina donde hay 46 millones de técnicos y recomendaciones sobre cómo jugar para ganar el próximo partido, entre los economistas no se advierte un menú acotado de recetas, sino que pareciera que  hay tantas como economistas, y más, porque también se suman políticos, periodistas y el resto del “círculo rojo”.

Es así que para muchos Cambiemos siempre tuvo un plan económico, orientado a bajar el déficit fiscal, reducir la inflación, exterminar la  pobreza y revertir el abultado faltante de divisas (déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos), pero para otros, el Gobierno sigue careciendo de un plan macroeconómico coordinado, que impulse todos los componentes de la demanda agregada.

En este último grupo se ubica Irina Moroni, Economista Jefe de Fundación Capital (FC), la entidad que preside el ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, que cuenta con una amplia experiencia tanto en el ámbito del sector público, donde se inició y trabajó en la Comisión Nacional de Comercio Exterior; en el Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI); asesora en el Ministerio de Producción; desde hace una década como economista de la FC, donde asumió la jefatura dos años atrás.

Forma parte de una nueva camada de economistas que analiza diariamente no sólo la marcha de la coyuntura macro, sino también del desempeño de los grandes sectores productivos que accedió a una entrevista con Infobae para evaluar el giro que ha dado el Gobierno en su política para ordenar las cuentas públicas.

– ¿Cómo ve la marcha de la economía luego de que el Gobierno decidiera abandonar el gradualismo y fijarse metas realistas, en particular en materia de inflación y de no dejar atrasar el tipo de cambio?
– La situación macroeconómica todavía es delicada, y por eso hay que mantener cierta cautela. Está claro que la prioridad de las autoridades, luego de la corrida cambiaria que ocurrió entre el 25 de abril y mediados de junio, fue inicialmente lograr la estabilización del tipo de cambio, vía, mayormente “secar” el mercado de pesos; con la suba de las tasas de interés y de los encajes bancarios y coordinación con el Ministerio de Finanzas para colocar títulos para absorber liquidez, sobre todo a partir de la nueva conducción del Banco Central. Ahora se logró un mes de cierta calma cambiaria y están empezando a probar a ver como se desanda parte de aquel camino. El volumen operado en la plaza del dólar pasó de un promedio de 800 a 900 millones de dólares y fue descendiendo a un rango de 400 a 500 millones.

– ¿Ese es el primer efecto de la suba de las tasas de interés en el mercado secundario de las Lebac hasta un 60% anual, mientras que la tasa de referencia de política monetaria se mantuvo en 40%, en ambos casos muy por arriba de la meta de inflación?
– Sí, a fin de año que la tasa de referencia de política monetaria se podría ubicar en 35% anual. Es decir prevemos que se irá reduciendo gradualmente. Pero para poder iniciar ese proceso, claramente tiene que haber logrado la estabilización del tipo de cambio y también la desaceleración de la inflación; y eso no lo veo hasta septiembre  u octubre.

– Hasta ahora se ha visto que el traslado a precios de la devaluación fue más activo en los mayoristas que al consumidor, como promedio general, ¿esa disparidad la atribuye al efecto de la recesión, o a que en la cadena final había más margen para tolerar el salto cambiario que en los primeros  eslabones? Porque si fuera el primer caso, cuando se observen indicios de reactivación la inflación va a volver a subir…
– El último registro de precios del Indec fue bastante elevado. Por lo general el pass through, el traslado de la devaluación a precios, se da en varios meses, no ocurre inmediatamente. Por tanto hay que mirar mucho lo que pasó con el desagregado del índice de precios mayoristas del Indec, porque en lo que va del año ya subieron un 30%, frente al 16% de los precios al consumidor. Esa brecha constituye una presión sobre la inflación que está presente. La recesión mitiga ese traspaso, pero de cualquier modo ese proceso no terminó, y por tanto creo que vamos a seguir viendo registros de inflación elevados, aunque menos que los picos de junio y julio, pero seguirán altos también en agosto.

Y recién para octubre puede  haber algún descenso, pero todo va a depender de lo que pase con el efecto final de los aumentos dispuestos en las tarifas de los servicios públicos; cómo termine de jugar la actividad económico en el traspaso a precios de la devaluación de abril a junio.

– Cuando dice que “la inflación se estabilice”, ¿a qué se refiere, a que baje del rango actual en torno al 3% por mes y vuelva al sendero del 1,5% a 2 por ciento?
– Exactamente, esa es la etapa crucial, en la que la inflación vuelva a ubicarse por debajo del 2 por ciento.

– ¿Qué otro condicionante podría demorar la desinflación al rango previo a la corrida cambiaria?

– Está claro que influirán en la inflación futura los efectos de los ajustes en las tarifas; la actualización de las paritarias que cerraron con cláusulas de revisión; la actividad; y también el sendero que adopte el tipo de cambio. Y por supuestos como se mueva el resto de las variables económicas. De ahí que para haya una convergencia en precios todos los indicadores relevantes se  tienen que mover al mismo ritmo, ingresos y gastos del sector público, los agregados monetario, etc

– ¿Cómo cree que cerrará el año en esas variables relevantes?
– En la Fundación Capital estimamos que los salarios estarán creciendo en torno a 28,6% interanual, con un promedio del año de 26,6%; con una inflación a fin de año en torno a 31,8%, es decir estamos viendo una pérdida del poder adquisitivo.

– Pero según esos números sería moderada, un 2,5 por ciento…
– Es una baja importante del poder de compra de los salarios, sobre todo porque estamos hablando de la variación entre los extremos de cada año. Aunque las reaperturas de las paritarias y los bonos de fin de año que otorgan algunas empresas pueden mitigar un poco la caída del salario real.

– Y en el frente fiscal, ¿cómo está viendo el escenario?, porque pareciera que se ha decidido no abandonar la política de baja de los subsidios y seguir con los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, como tampoco el sendero descendente de las retenciones sobre las exportaciones del complejo sojero; pero en general no se perciben otras acciones de recorte del gasto, y las que se han hecho en obras públicas no dejarían margen para avanzar en ese rubro el año próximo.
– Como se están dando los números en las cuentas fiscales creo que la meta fiscal de este año se va a cumplir. Pero está claro que las mayores dificultades estarán en 2019 para la reducción del déficit fiscal en 1,4 puntos porcentuales, porque es bastante exigente.

Los tres caminos iniciales por donde las autoridades contemplan lograr esa disminución del desequilibrio de las finanzas públicas son los gastos de capital, es decir los vinculados con la  obra pública. Ahí tratan que la apuesta sea a los PPP, Programas de Participación Público-Privada, para que compense esa baja; pero difícilmente sea así; luego están las transferencias a provincias, que se discutirá en el próximo Presupuesto; y los subsidios económicos, como mencionábamos antes.

– Usted habla de “caminos iniciales”, ¿por qué lo dice, ahora hay otros, o más?
– Sí, porque con los tres caminos iniciales costará llegar a 1,3% de déficit fiscal primario. Por eso se inicia también el camino de mirar los gastos de funcionamiento del Estado para encontrar nuevos lugares donde recortar.

– Pero aún así no se observa un objetivo tangible, más allá de algunos enunciados de recortar 1.500 empleos sobre una nómina a cargo del  Poder Ejecutivo Nacional y empresas públicas de más de 450 mil. ¿Usted cree que el Gobierno tiene un plan económico?

– Nosotros destacamos en la Fundación Capital que todavía hace falta ver bien cómo es el plan macroeconómico integral; cuál es el plan de crecimiento; cuáles van a hacer los motores del crecimiento; hoy por hoy no están claros.

– ¿Cuáles cree que deberían ser los motores del crecimiento?
– Para que haya un plan de crecimiento tiene que apuntarse a la inversión, el consumo y las exportaciones; es decir las distintas variables tienen que tener un incentivo para que crezcan. Creo que en 2019 va a haber un rebote de la actividad, por una base de comparación más baja, el PBI cerraría este año con un caída del 0,9% y para 2019 un crecimiento de 1,6%, donde va a jugar un rol muy importante la recuperación del agro, si el clima acompaña.

– Se advierte gran consenso entre los economistas sobre las limitaciones que mantendrá la actividad agregada para que pueda volver a crecer a tasas superiores a 3%. ¿Comparte esa visión, y a que lo atribuye?
–  Veníamos de un péndulo donde en un año se caía y al otro se recuperaba la actividad económica; y seguimos en ese proceso. Creo que obedece a lo que decía antes, todavía no se ve el plan económico integral. Por el momento tenemos un plan fiscal; una estrategia monetaria, pero falta ver cuál es el horizonte.

– ¿A los empresarios cómo los ve?, ¿esperando que se estabilice y ordene la macroeconomía, o pidiendo subsidios e incentivos de un Estado sin recursos?
– Hay un poco de wait and see, es decir de esperar hasta que aclare el panorama y a partir de ahí actuar, sobre todo cuando se vio una corrida cambiaria.

– En materia de exportaciones el Gobierno espera una  recuperación, a partir del regreso de abultadas cosechas y del comienzo de la maduración de muchas inversiones en energías renovables, como en Vaca Muerta; y al mismo tiempo una reducción del costo energético que llevará a atenuar los próximos aumentos de tarifas…
– Sí, probablemente el año próximo tendremos una dinámica exportadora superior a la de este. Pero todavía falta encontrar nuevos mercados.

– ¿Y el escenario internacional como lo ve, porque la suba de las tasas de interés y la guerra comercial entre los EEUU y China, han afectado más a la Argentina que al resto de los países emergentes?
– Ese es el punto importante, porque a nosotros nos pega más por nuestras propias  vulnerabilidades. En realidad los que le golpeamos las puertas al FMI en busca de ayuda fuimos nosotros, no es que fueron todos en masa. Por eso es un momento en que se deberán buscar más oportunidades para vender productos argentinos y ser más precisos.

– ¿Cree que estamos en condiciones de acelerar ese proceso, primero habrá que fortalecer el mercado interno, para después abocarse a las exportaciones y conquistas de mercados
– Me parece que hay que buscar por todos lados, es decir por la inversión, las exportaciones y el consumo interno.

– ¿A la inversión qué le falta para que se reactive; la baja de la tasa de interés, que se deje atrás el escenario volátil de la macroeconomía?, porque por un lado se ven los generalizados apoyos de los líderes internacionales al presidente Mauricio Macri y a su política, pero la lluvia de dólares para emprendimientos productivos no vienen, más allá de casos puntuales.

– Hay procesos que llevan tiempo, como son los vinculados con los hidrocarburos; y hay otros que están invirtiendo como el sector energético y las telecomunicaciones, que es donde hay oportunidades. Es una buena pregunta ¿qué falta?. Está claro que con una presión impositiva  elevada es difícil atraer inversiones. Y todavía faltan muchas inversiones en infraestructura; y el costo logístico es clave, porque todavía cuesta mucho lograr que llegue algo al puerto. Hay muchas dificultades que van entorpeciendo el camino para lograr niveles de inversión productiva importantes.

– Usted hablaba de las PPP son una salida para aliviar el gasto en obras públicas, pero no las ve como una mano salvadora para impulsar el crecimiento de la inversión y el empleo, ¿por qué?
– Las PPP funcionan en determinados sectores, se puede reemplazar con la participación público privado las obras vinculadas con el transporte, como rutas, pero es más difícil para obras asistenciales, como red de agua potable y cloacas, hospitales; por otro lado se trata de proyectos que llevan tiempo de maduración, desde la licitación y obtención de financiamiento, hasta el inicio de los trabajos. Además, aún no está claro cómo se contabiliza ese gasto devengado por el sector público mientras las obras las ejecuta el sector privado, para que no impacte sobre la meta fiscal.

– El Banco Central comunicó que no abandonó la meta de inflación, con una meta superior de 32% que parece alineada a las estimaciones privadas, a diferencia del pasado que eran muy irreales, pero que ahora monitoreará también los agregados monetarios A un mes de ese cambio ¿cómo ve evoluciona ese frente?
– Lo que se ve hoy es que la base monetaria está aumentando a un ritmo elevado, en torno al 30%; pero el agregado con depósitos a plazo (M2) crece menos, un 21%. Es decir, ya se ve cómo están secando el mercado de pesos. Y respecto de la meta de inflación se menciona a la cota superior del 32%, cota que estimamos que se va a ir testeando porque en la Fundación Capital la estamos viendo en 31,8% a diciembre. Por eso creemos que las autoridades van a seguir con la búsqueda de seguir secando la plaza hasta que se observe que el ritmo de alza de los precios comience a ceder.

– En el mercado secundario de las Lebac ya se observa un descenso de las tasas de interés, de más de 60% anual a 46% / 47% anual para el tramo más corto…
– Sí, pero para cambiar la tasa de referencia de política monetaria depende de muchas variables. La urgencia del Banco Central de iniciar el recorrido bajista de las tasas de interés está, sobre todo en un contexto recesivo; pero no se pueden arriesgar demasiado, por eso vemos que van a ir probando, como anunciaron a comienzo de semana la reducción de la oferta de dólares del Tesoro en el mercado de cambios, y otro tanto para la próxima.

– En ese escenario, ¿cuál es su proyección sobre el mercado de trabajo? El Banco Central, en su Informe de Política Monetaria, explicó que en un escenario de tipo de cambio flotante baja el salario real calculado en dólares, pero se limita al mínimo la suba de la tasa de desempleo, ¿comparte ese análisis?
– En Fundación Capital estimamos que la tasa de empleo disminuirá de 42% de la población total a 41,5%; y la tasa de desempleo subirá levemente, de un promedio de 8,4% de la oferta laboral en 2017 a 8,5% a fines del corriente año.