La economía argentina está hoy más dependiente del financiamiento externo que interno porque durante décadas se fueron acumulando desaciertos y descuidos en busca de corregir un mal crónico como la combinación recurrentemente desestabilizante de no ocuparse y preocuparse por buscar  y sostener la solvencia fiscal, y de no ocuparse y preocuparse por desarrollar  un mercado de capitales doméstico capaz de fomentar el ahorro en la moneda nacional y romper con el bimonetarismo.

A partir de ahí se desprenden el resto de todos los males del país, como el alto desempleo y de niveles de pobreza, muchas veces disimuladas con políticas de clientelismo en la administración pública y asistencialismo sin contraprestación laboral a quienes están en condiciones de brindarlo; los precios políticos, sea de las tarifas, como del tipo de cambio y muchas veces la tasa de interés; el exceso de regulaciones y controles de precios que sólo han contribuido a desalentar las inversiones y el desarrollo del país; y una creciente presión tributaria por parte de los tres niveles de Gobierno, con suba de alícuotas de Ingresos Brutos para compensar otras que se acordó bajar; revalúo de bienes y ahora, el principal disparador de la corrida contra las Lebac, el Impuesto a la Renta Financiera; entre muchos otros.

Claramente, que el populismo y la retórica interesada se ocuparon y preocuparon por impulsar con una reforma tributaria muy sesgada y gradualista la creación del Impuesto a la Renta Financiera, basadas en criterios mundialmente aceptados de equidad tributaria, pero a todas luces inoportuno por las necesidades de dólares financieros para cubrir el déficit fiscal y externo; como lo es establecer una meta de inflación cuando se sostiene firme en el rango de dos dígitos al año.

Luce inoportuno el Impuesto a la Renta Financiera, mientras legisladores se aumentaron las dietas en sustitución de la monetización de viáticos que nunca llegaban a consumir pero que los “vendían” para abultar bolsillos que llenan la sociedad en su conjunto con el pago de gravámenes directos e indirectos; o gastos de “representación” de funcionarios en sus viviendas para agasajar a ilustres visitantes extranjeras, porque las necesidades financieras del país en cada año son tan grandes y crecientes que superan con holgura la capacidad de cobertura en el mercado interno.

El economista Julio Piekarz, ex gerente general del Banco Central en los inestables años 80, actual consultor de empresas analizó en una entrevista con Infobae el difícil momento que enfrenta el Gobierno en general, y el Banco Central en particular, y arriesgó sugerencias para superar la crisis cambiaria y monetaria de las últimas semanas.

– ¿Cómo se llegó a esta repentina crisis contra el peso que llevó al Banco Central a desprenderse de más de USD 7.300 millones de reservas en sólo dos meses; subir las tasas de interés del 26% hasta 38% anual; y sin poder evitar que el tipo de cambio de pesos por dólar pasara en ese período de $20,60 a $23 al público, subió más de 11%; empezó el 28 de diciembre de 2017; se gestó antes; o fue la consecuencia directa de la entrada en vigencia para  no residentes del Impuesto a la Renta Financiera, incluidas las Lebac?

– Lo que viene de antes es una política gradualista en lo monetario y en lo fiscal, por lo tanto una política sujeta a riesgos, porque al gradualismo hay que financiarlo. Y entre déficit fiscal y vencimiento la Argentina venía con necesidades de fondos del orden de los 55.000 a 60.000 millones de dólares por año, más o menos del orden del 10% del PBI de un año; por tanto cualquier evento que pueda poner en duda ese financiamiento dentro del programa gradualista es difícil.

– Cuando habla de 55.000 a 60.000 millones de dólares de necesidades de financiamiento, ¿cuánto corresponde al déficit financiero de las finanzas públicas de la Nación?

– Unos USD 35.000 millones. En 2016 y 2017 el déficit total financiero, es decir incluyendo el primario y los intereses no cambió mucho respecto al 2015; cambió en la composición del gasto público. En 2018 empezó a verse algún avance con una ligera moderación en el aumento del gasto y un rojo total estimado en 5,3% del PBI, sin contar los intereses de deudas intrasector público; porque si se agregan sube a  6,2% o 6,3% del PBI, al que hay que sumar los vencimientos de deudas por unos 20.000 a 25.000 millones de dólares. Eso es lo que viene de antes.

– ¿Y de ahora, o, mejor dicho, con el cambio de Gobierno?

– El gradualismo, que es la característica del Plan Económico del Gobierno, se convirtió además en un Programa Electoral.

– Los economistas tienen la costumbre de vincular el déficit de las finanzas públicas y las necesidades de financiamiento con el nivel del PBI, pero pareciera que la sociedad no llega a percibir su real magnitud y gravedad, como si se lo expresara en términos del total de la recaudación de impuestos; o peor aún del total de depósitos privados que representan 17% del PBI, significa más del 60%, ¿había alternativa para prescindir del financiamiento de los mercados internacionales, y desalentar a los inversores externos de corto plazo con un nuevo impuesto, por más equitativo que parezca?

– No, porque el mercado financiero y de capitales doméstico sabemos que es pequeño, comparativamente con otros países de la región y del resto del mundo. De modo que una necesidad de financiamiento como la que tiene la Argentina requiere de financiamiento externo, que es lo que ocurrió. Por eso, cualquier cisne negro o gris podría generar una dificultad. Así llegamos a fines del 2017, para ir directamente a su primera pregunta. Creo que el 28 de diciembre, cuando se anuncia el cambio de metas de inflación, lo que hubo en realidad fue un cambio de política. En Jefatura de Gabinete y en el Ministerio de Economía; y de Finanzas, en definitiva, es decir fuera del Banco Central, prevalece la idea de que hay que estar dispuesto a soportar un poco más de inflación para asegurar que la economía siga creciendo, es lo que se denomina técnicamente, utilizar la curva de Phillips de corto plazo, más inflación, más crecimiento.

– ¿Estaba preparada la Argentina para esa política, sin que se afecte el objetivo presidencial y vara de gestión, de reducir drásticamente la pobreza?

– La Argentina es un país donde la gente cambia sus expectativas acorde con la información que tiene de manera muy rápida. Creo que en la coyuntura que estamos viendo hoy, con dificultades en el mercado cambiario, son una congestión de variables negativas:

1. El cambio de metas de inflación el 28 de diciembre debilitó la gestión económica y se entró en un escenario de más inflación esperada, y más volatilidad en las variables nominales;

2. El error que cometió el Gobierno en proponer, o aceptar, porque ahora ni se discute quién tomó la iniciativa, de  aprobar un Impuesto a la Renta Financiera sobre las Lebac; y

3. El componente internacional que es la suba de la tasa de interés de largo plazo de los EEUU; el fortalecimiento del dólar; la devaluación en otros muchos países respecto del dólar; y la salida, que aún no sabemos si es transitoria o permanente, de fondos invertidos en economías emergentes; pero que pega particularmente en la Argentina porque vemos que acá el índice de riesgo país subió más que en todos los otros; y la devaluación también fue más fuerte acá.

– ¿Por qué se dio ese fenómeno diferenciado?

– Porque la Argentina y el gradualismo tienen fuerte vulnerabilidad financiera; y debilidades propias por encima de las de otras economías con las que podemos comparar.

– ¿Cuánto de esto era previsible, pero el Gobierno no lo consideró o subestimó?, porque primero: el mercado y analistas como usted sabían que se venía una suba de la tasa de interés de largo plazo en los EEUU, tal vez un par de meses más adelante, tal vez más lenta; segundo: 15 días antes se había publicado en el Boletín Oficial que el 26 de abril comenzaba a regir el Impuesto a la Renta Financiera para inversiones de no residentes; ¿No debió prever las consecuencias y haberse anticipado a la natural reacción de esos inversores de salir del peso y volver a sus dólares?

– Sí, creo que sí. Me parece que es una mezcla de que hay falta de profesionalismo en algunos sectores del Gobierno, por un lado; falta de previsión; no escuchar las críticas independientes, aún las constructivas, por el otro, y estar muy jugados al gradualismo con fines electorales. Creo que el cambio de metas de inflación fue muy negativo, enlazado en una macroeconomía muy débil, diría equivocada, por no decir berreta; y no haber luchado, si es que no lo propuso, porque ahora no queda claro, ya que están diciendo que fue la oposición, y no haber luchado para no poner un impuesto a la renta financiera a los no residentes, también fue un error; una imprevisión y una subestimación de los riesgos del gradualismo. Creo que este Gobierno o subestima los riesgos del gradualismo, o los niega, porque en realidad lo está usando con fines electorales. No me refiero a ninguna propuesta de bajar el gasto público en 10% del PBI de un día para otro; pero hubiera querido haber más acción: ¿por qué no se congelan las vacantes en el sector público?.

– Frente a esa realidad, ¿cómo ve los próximos pasos, qué cabe esperar?, porque pareciera que se está confundiendo una corrida contra las Lebac con una corrida cambiaria por desconfianza…

– Claramente, no veo que haya surgido un grado de desconfianza tremenda hacia la gestión del Gobierno, por más que ha caído bastante en las encuestas; pero sí creo que es desconfianza externa y doméstica sobre la política económica de corto y de mediano plazo. El presidente Macri tiene muchas iniciativas positivas; han actuado en distintos frentes, pero no se cuán acompañado está el Presidente, aparentemente hay más de una opinión sobre la coalición, como se  ha visto en el caso de las tarifas; y por otro lado, al ritmo con que se encara los cambios es lento. Me parece que el desarme de posiciones en Lebac por parte de los inversores juega un rol importante en el contexto previo, determinado por el cambio de metas de inflación; porque tenía como objetivo, aunque no lo digan, bajar más fuertemente la tasa de interés.

Cuando el Banco Central baja la tasa de interés en dos ocasiones en 150 puntos básicos, sin ningún tipo de fundamento, en el medio de índices crecientes de inflación, y el tipo de cambio sube fuertemente, creo que el Gobierno se asusta; y cuando empieza a ver los índices de inflación de enero, febrero, y marzo le viene el temor del impacto político de eso en el electorado. Todo eso es percibido externamente; y por tanto el desarme de portafolio juega un factor importante, es, como se dice, demanda de dólares institucional; pero luego otros inversores institucionales, externos y locales, obviamente se contagia de esta presión cambiaria y de este anticipo de las debilidades de este programa gradualista. Y ahora el riesgo es si se contagia el público minorista.

O sea, el origen de esto es la vulnerabilidad de la Argentina con este programa gradualista. El detonante es el cambio de metas de inflación de fin de año, acaba de ser reconocido por un funcionario “subestimamos el pase al dólar y de los créditos actualizados por inflación, eso es imprevisión; y ahora está el riesgo de si se propaga a todo el mercado.

– Antes de avanzar con ese punto, porque apenas 15 días atrás tuvo lugar la Asamblea Anual del FMI y Banco Mundial  y el Gobierno volvió a recibir un respaldo generalizado de los líderes internacionales a su política monetaria y fiscal, y los técnicos solo hicieron advertencias muy lavadas sobre la conveniencia de hacer algún ajuste más enérgico en las finanzas públicas, por el nuevo escenario de suba de las tasas de interés en los EEUU. ¿No vieron inconsistencias en la política del Gobierno, o al menos el riesgo de seguir con el gradualismo fiscal, pero shock en la suba de las tarifas a las familias y empresas?

– Los cambios positivos de este Gobierno, respecto de la gestión anterior, han sido importantes; pero desde el punto de vista de la macroeconomía sustantiva no ha habido cambios en el nivel de déficit. Creo que el FMI siempre es políticamente correcto, de todos modos dio estimaciones de inflación muy superiores a la del equipo económico argentino; y de menor crecimiento del PBI, por supuesto que está en el medio el efecto de la pérdida de cosechas por la sequía.

De todas formas, creo que el Fondo ha visto las debilidades, pero le debo decir una cosa, el FMI no tiene credenciales muy importantes en sus capacidades para prever las circunstancias de los mercados internacionales, eso lo sabemos. Ha subestimado en el pasado todas las crisis de deudas del mundo; y ha subestimado y no ha previsto la crisis del 2008 y 2009; bueno son humanos. Además es un organismo, con mucho verticalismo, donde es muy difícil que un miembro del staff, por más independiente que sea, pueda dar una opinión independiente, clara. Esto lo he visto en participaciones de misiones de la Argentina en el pasado.

– ¿Cuáles cree que serían las recomendaciones o sugerencias de política para superar la crisis financiera y cambiaria de las últimas semanas?

– Con respecto al Banco Central lo que sugeriría, aparte de las medidas anunciadas en los últimos días, en particular el viernes, es: primero: subir las tasas de interés de las Lebac más largas, porque aumentar sólo para los tramos cortos no alcanza, porque la tasa de 40% anual es equivalente a poco más del 3% por mes y representa un punto de indiferencia de suba del tipo de cambio menor a 70 centavos de peso por dólar, por mes, y eso es lo que estuvo subiendo en la última semana por día.

Segundo hay que dejar que el mercado opere más libremente, y operar sobre la tendencia de los precios; es decir no intervenir sin límite con la venta de reservas para mantener un precio. Esa es una decisión difícil porque cada vez que el tipo de cambio sube cuestiona un poco más la política antiinflacionaria; pero creo que es la decisión que hay que tomar en estos momentos.

Tercero, creo que fue muy, muy importante dar la señal de que el aumento de tarifas no retrocede, porque hay que mostrar fortaleza política del lado del Gobierno, reforzar el compromiso de bajar más el déficit fiscal presupuestado, para adaptarse al nuevo escenario internacional y local; y también, como dijo el ministro Nicolás Dujovne, avanzar con mayor contención del gasto, alineándolo a la meta oficial de inflación. Pero la reducción del déficit fiscal adicional que se decidió el viernes es insuficiente, se basa en la mayor recaudación por inflación; baja del ritmo de la obra pública en vez de atacar el gasto público improductivo; y además no se reduce el déficit previsto para 2019 y 2020. No alcanza.

– Respecto de la sustentabilidad de la deuda pública que parece inquietar a muchos analistas, ¿cuál es su visión?

– Veo que este Gobierno tiene una idea equivocada sobre la sustentabilidad de la deuda pública, porque usa la remanida y vieja teoría de la sustentabilidad de la deuda que se basa en su relación con el PBI; y excluye la deuda intra organismos del Estado, y la compara con la de otros países de la región, de Europa y de los EEUU, y sostiene que la deuda es baja. Pero lo que importa realmente para un país es la necesidad financiera de cada año; los países no entran en crisis porque la deuda es alta o baja en relación al producto, sino por si no pueden renegociar los vencimientos y obtener más crédito para cubrir el déficit fiscal, es lo que llamo sustentabilidad financiera, y eso exige obtener este año un 10% del PBI, es mucho dinero. Esa es la cifra que importa.

Y también se equivoca cuando habla de la sustentabilidad a futuro, porque suponga usted que hacia 2020; 21 o 22 se lograra que el déficit fiscal primario fuera 0%, pero los intereses de la deuda pública acumulada seguirían siendo equivalente a 3% del PBI; y más los vencimientos exigirían necesidades de financiamiento de unos USD 35.000 millones por año. De modo que la deuda va a seguir creciendo más que el PBI; y también los vencimientos anuales.

Además, la coyuntura internacional puede determinar que el crédito internacional vuelva o no a los mercados emergentes, y si vuelven probablemente sea más caro. Por eso esto tiene que ser un llamado de atención, porque así, como veníamos, no se puede seguir. Es decir, este programa gradualista requiere de un cambio. No digo que para el Gobierno sea el fin del gradualismo; no digo que esto sea la crisis del gradualismo, pero como mínimo es un llamado de atención, y por eso veo bien, aunque insuficiente, que se haya reforzado la meta de baja del déficit fiscal y de contención del gasto que anunció el ministro. Los riesgos que los críticos venían señalando sobre el gradualismo se han manifestado, pero el Gobierno lo ignoró mucho tiempo porque no escucha, lamentablemente. Permanentemente insistieron en que había financiamiento para el déficit, que la deuda era baja y que el gradualismo podría seguir sin problemas.

Y también, lo que tiene que hacer el Banco Central es absorber el exceso de dinero, porque si cada vez que la autoridad monetaria vende dólares y absorbe esos pesos, éstos vienen de las Lebac, lo que ocurriría es que no se absorben pesos en términos netos. Por eso es fundamental sacar dinero del sistema que se  ha estado expandiendo a tasas del 30%, con una meta de inflación oficial del 15%. No es casual que desde noviembre las expectativas de inflación para el año subieran de 16,6% a 22%; y esta fue con información al 27 de abril. Ya son seguramente mayores.

– Pero el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, dijo en la última conferencia de Política Monetaria que la expansión monetaria responde al aumento de la demanda de dinero por parte de las familias y empresas, y por tanto es exógena; porque se ha elegido un esquema de metas de inflación, con fijación de las tasas de interés de referencia. ¿Comparte ese análisis?

– No, creo que hay un error. No digo que sea un error de Federico Sturzenegger, sino que hay una incomprensión desde el principio de este programa, en 2016. Una parte de los analistas venía señalando que la política fiscal era gradualista y la política monetaria dura.

– Porque miraba el nivel de las tasas de interés…

– Claro, pero insisto con que es un error. El programa de metas de inflación es política monetaria gradualista. Y no podía ser de otro modo, por la expansión monetaria que genera las transferencia al Tesoro; la compra de dólares del financiamiento externo y los intereses de las Lebac. Y todo eso genera un exceso de dinero que si la gente dice que no lo quiere va a la Lebac. Entonces, los agregados monetarios vienen creciendo, como bien dice usted, a una tasa del 30% / 35% anual, pero eso no debe leerse como un aumento de la demanda real de dinero, es sobre expansión monetaria.

Y ¿qué pasa? En un esquema de metas de inflación cualquier aumento de precios determina un crecimiento nominal de la cantidad de dinero, es un escenario de dinero pasivo. Por supuesto que si se hiciera un control de los agregados monetarios la suba de las tasas de interés sería mucho mayor. Con una meta de inflación del 15% la expansión monetaria debería ser del 15% o 18%; no de más del 30%. Nadie puede esperar que con esta expansión suba la demanda real de dinero, eso da contra toda teoría y evidencia empírica internacional.

– ¿Entonces?

– Lo que queda es actuar por un instante sobre el control de los agregados monetarios, es decir absorber, absorber y absorber. Pero ¿qué sucede? este es un Gobierno muy verticalista y siísta, donde todos los funcionarios deben decir sí! para poder seguir, porque de lo contrario, lo siguen!. Hoy el ministro de Hacienda está cuarto en el orden de las decisiones: primero el Presidente; luego el Jefe de Gabinete; y los secretarios coordinadores con rango de ministros Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. A mi no me preocupa tanto que el poder esté dividido sobre la economía, pero sí que el  presidente del Banco Central y que el ministro de Economía no esté para decir “qué tengo que hacer hoy”, sino para decir “hay que hacer esto”; y eso es lo que yo no veo. El Banco Central, debido a este susto, ha recuperado la independencia.