En las últimas semanas se produjeron cambios sustanciales en el Banco Central, por entender el Ministerio de Hacienda y el poder político del Gobierno que la estrategia impulsada por el anterior presidente, Federico Sturzenegger y su equipo, no había resultado exitosa para bajar la inflación, y por el contrario, había generado las tensiones que surgieron en el mercado de cambios desde fines de abril, al haberse entusiasmado con el ancla entre el peso y el valor del dólar.

Esa estrategia, alimentada por un singular exceso de gasto público financiado con colocación de deuda externa que luego fue monetizada y absorbida en parte con la colocación de Lebac a tasas de hasta el 40% anual, derivó en ganancias financieras para bancos, empresas y algunas pocas, familias, que se tornaron impagables para la autoridad monetaria, y que, además, alimentaban el déficit fiscal total.

En el mundo financiero la brecha entre una tasa de devaluación cuasi asegurada muy inferior a la tasa de regulación con las Lebac, fue bautizada como “bicicleta financiera”, porque ingresan dólares de corto plazo que al menor atisbo de cambio de escenario, como ocurrió a mediados de abril, se desprenden de las colocaciones en pesos y vuelven a la moneda de origen, dando lugar a una corrida cambiaria.

El cuadro se intenta cambiar ahora con una batería de medidas monetarias y financieras, junto con la emisión de Bonos del Tesoro en dólares, a tasas de casi el 4,5% anual en divisas a 8 meses, que ha llevado a que los títulos largos, como el Bonar 24, pasen a rendir entre 6,5% y 8,5% anual, esto es entre tres y cuatro veces más que el costo del primer tramo de deuda que el Gobierno contrajo con el Fondo Monetario en el Acuerdo Stand-By.

Sin embargo, los nuevos conductores del Banco Central, el ex ministro de Finanzas, Luis Caputo, y su colega en el pasado en el mundo de las altas finanzas, Gustavo Cañonero, no solo debutaron con la suba de las tasas de las Lebac al 47% anual para el tramo corto y hasta el 42% para los más largos, hasta 5 meses; sino que además habilitaron el remate de parte de los dólares recibidos de la primera cuota del crédito del FMI, USD 7.500 millones, a un ritmo de USD 100 millones diarios durante 75 días.

Como antes, el objetivo es el mismo, intervenir en el mercado de cambios, no tanto para quitarle volatilidad al precio de la divisa, dentro del régimen de flotación, sino lisa y llanamente inducir a la baja, tras la devaluación del 40% que sufrió el peso en los 50 días previos al cierre del acuerdo de asistencia de FMI, como ancla de la inflación.

Pero ya está archi comprobado, y el destacado economista, Guillermo Calvo, lo ratificó ante la consulta de Infobae, que “hay volúmenes enteros dedicados a lo difícil que es parar la inflación” y que  hay que “enfatizar lo fiscal”.

Causa y efecto

Sin embargo, más allá de algunos tímidos anuncios de baja de gasto, y de la explicitación de los criterios cuantitativos de reducción del déficit fiscal y nuevo sendero de la baja deseada en la tasa de inflación, esto es de la causa y efecto de las regulaciones en los planos cambiarios y financiero, a una semana de la firma del acuerdo con el FMI y de la llegada de la primera asistencia del organismo por USD 15.000 millones, lo que parece predominar es “más de lo mismo”: subir las tasas de interés y mantener la venta de reservas incrementadas con la nueva deuda del Tesoro.

Aunque se han agregado dos componentes. Por un lado, el nuevo ministro de Producción,Dante Sica, se abocó a “evitar precios abusivos por parte de algunas empresas”, así como a retomar las reuniones sectoriales, en busca de inducir a los formadores de precios a que no trasladen al consumidor el efecto de la devaluación del 40% de los últimos dos meses; así como para incentivarlos a que aumenten sus exportaciones con el nuevo tipo de cambio real.

Pero muy pocos creen, y lo reconocen más en la actividad privada que en la gestión pública, que la principal causa de la inflación no está en las empresas, sino en el exceso de gasto público que se financia con emisión o con deuda.

Y, por el otro, el Banco Central inició el remate de dólares al precio mayorista, sustancialmente inferior al que las entidades le venden luego, en el mismo día, al público.

Esa estrategia ya ha fracasado repetidamente, porque sólo contribuye a interferir en la señal que da el mercado, a través del precio que pacta libremente, sobre cuál es el verdadero valor de las cosas.

Pero además, ahora tiene el defecto de que se le vende a las entidades autorizadas a operar en cambios USD 100 millones por día a una paridad que es inferior entre 60 y 80 centavos a la que luego, en el mismo día, se los venden al público minorista, con lo que sin esfuerzo se alzan con ganancias de 60 a 80 millones de pesos diarios.

Se trata de un negocio fácil (pedal en la jerga financiera, porque las entidades destinan pesos a la compra de dólares que luego venden por más pesos) que es fomentado por la nueva autoridad monetaria, sin que asegure el sendero buscado de baja o estabilidad del tipo de cambio.

Mientras que se llamó a silencio quien debiera ser el principal actor para inducir a la baja de la inflación, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, cuando debiera estar presente con anuncios permanentes sobre la marcha del plan de recorte de gastos improductivos e innecesarios que lleven a la baja real del déficit fiscal, sin depender del crecimiento de los recursos tributarios, porque con el nuevo escenario recesivo tenderá a desacelerarse.

Podrán cambiarse funcionarios, y hasta intervenir el Banco Central, como se  ha hecho con el pase del Ministro de Finanzas y la salida de Federico Sturzenegger, e incluso acordado un nuevo acuerdo de asistencia con el Fondo Monetario Internacional, pero la Argentina no logrará abatir la inflación y revertir el recurrente proceso de parar y arrancar (stop and go) que la mantiene estancada internamente, pero en franca caída en el plano internacional, sino se toma conciencia de que más que reactivar los controles directos e indirectos de los precios, sea de los bienes y servicios, como del dólar y del dinero (tasas de interés), hay que trabajar y mostrar todos los días acciones que conduzcan a la baja real del gasto público y aumento de la productividad del Estado.

De lo contrario, persistirán la bicicleta financiera y ahora, el pedal cambiario, en beneficio de pocos y perjuicios para muchos, incluido el propio Gobierno.