Ambos países mantienen una reducida participación en el comercio mundial de bienes

El triunfo de Donald Trump en las elecciones a la presidencia de los EEUU despertó rápidamente temores sobre el costo que representaría para la Argentina la posibilidad de una vuelta al proteccionismo por parte de la todavía mayor economía del planeta.
Más aún, porque el Gobierno argentino creía muy avanzadas las gestiones para que se reabriera el mercado de carnes vacunas de alta calidad, y por tanto precio, como de los emblemáticos limones del norte argentino, pese a que en este caso el país mantiene una largo y creciente ingreso del producto con valor agregado, a través de jugos y concentrados que exporta a todas sus filiales la mayor embotelladora de bebidas gaseosas, de capitales estadounidenses.
No hay duda de que un mayor cierre de la economía americana, con el consecuente efecto alcista sobre las tasas de interés y apreciación del dólar generará aguas abajo el perjuicio de una fuerte caída de los precios de las materias primas que más exportan los países de América del Sur, y en particular la Argentina.
Sin embargo, los EEUU, como la Argentina, tienen en común que son dos economías que se mantiene relativamente cerradas, en comparación con el promedio mundial, aunque han logrado algunos progresos, pero fueron eclipsados por el impulso aperturista de China.

El grado de apertura de las economías, medido por la relación de la suma de las exportaciones e importaciones con el PBI que generan cada año, determina que frente a un promedio del planeta del orden del 70%, en la Argentina se ubicó en el último lustro en algo menos del 25%, con una sostenida desaceleración de un pico de 31% entre 2004 y 2008 a un 18% actual, y en los EEUU promedió 23%, en este caso con una proporción máxima de 24% entre 2011 y 2012 y retrocedió a 21% en la actualidad.

En dicho período de referencia China registró una apertura equivalente a 45% del PBI, luego de haber alcanzando valores extremos de más de 60% del PBI entre 2005 y 2007; mientras que la media mundial fue de 71% del PBI, con un máximo en 2008 de poco más de 75 por ciento.

En la Argentina, los intentos de “vivir con lo nuestro” llevaron a “vivir con lo puesto”

EL DESAFÍO CONSISTE EN CONQUISTAR MERCADOS CON EL AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD
De ahí que más que concentrar la mirada en un único país, el cual ha perdido peso en el escenario internacional-no tanto por su contribución al comercio global, como por su pérdida de productividad, habida cuenta de que su participación en el PBI del planeta descendió de más de casi un tercio a comienzos de los 80 a menos de un cuarto en la actualidad, a expensas de China, principalmente, que pasó en ese período de un minúsculo 2,4% a más de 15%, mientras que la Argentina pasó de 1,2% a 0,7%- los argentinos debiéramos estar más preocupados por elevar la productividad y conquistar mercados, que en detenernos hacia dónde perfilará la economía de los EEUU a partir del próximo 20 de enero.

Muy pocos economistas se atreven a considerar que “el sueño americano de mejorar el bienestar el conjunto de la población” se podrá lograr cerrando aún más la economía. La Argentina puede dar cátedra sobre los perjuicios que provocaron las políticas orientadas a “vivir con lo nuestro”, porque desalentaron la inversión y las exportaciones y llevaron a “vivir con lo puesto”, diría el siempre recordado economista Abel Viglione.

 

Por Daniel Sticco