La gran encuesta nacional para anticipar cómo quedarán conformadas las Cámaras legislativas desde el 10 de diciembre terminó, aunque aún restará esperar más de una semana para conocer el resultado definitivo de un escrutinio que no modificará nada, excepto que en las elecciones del 22 de octubre ocurra un cambio drástico en la distribución del electorado entre los tres candidatos más votados de cada agrupación política o frente constituido ad hoc en todo el país.

Los analistas políticos y los periodistas del área ya hicieron sus evaluaciones sobre el resultado de las elecciones del último domingo y también ensayaron algunas proyecciones para la próxima elección.

Pero del lado de la economía no quedó muy en claro cuál fue su contribución al resultado real en cada caso, aunque tanto oficialistas como opositores se sintieron ganadores por su decisiva influencia sobre las decisiones y las motivaciones de los votantes. Unos, luego de cargar en una calculadora básica todos los votos de su agrupación política. Otros, en cambio, después de utilizar un método más sofisticado de sumar los votos de todos los frentes en cada provincia y luego agregarlos como si formaran un único bloque opositor; y lo atribuyeron a los avances y los retrocesos en una realidad social que todos coinciden en que está muy lejos de aproximarse a un nivel aceptable, aunque naturalmente cada uno mantiene visiones bien diferentes sobre si se está igual, peor o mejor que a fines de 2015, y también sobre la perspectiva.

En la previa a las elecciones del domingo se decía, del lado de la oposición: “El Gobierno no quiere hablar de la economía porque no tiene nada que mostrar”. Peor aún, no fueron pocos los que hicieron campaña denunciando: “La economía es un desastre, se parece a la que aplicaba Alfredo Martínez de Hoz a fines de los 70”. Por el contrario, desde el oficialismo sostenían: “De la economía no hablamos porque las mejoras comienzan a manifestarse, lenta pero sostenidamente, y por tanto la batalla hay que darla en otros frentes como la corrupción, la inseguridad, la educación, porque afectan fuertemente a los sectores pobres más que la propia economía”.

Ahora, con los datos del mapa que determinó el escrutinio provisorio, se puede deducir quetanto unos como otros tuvieron razón.

Del lado de la oposición resaltan que tanto en el agregado nacional como en las provincias más grandes, en particular Buenos Aires, dos tercios de los votantes se manifestaron en contra del Gobierno nacional, que consideran que “gobierna para los ricos”, en alusión principalmente a la eliminación de las retenciones a las exportaciones y la emisión de pesos para pagar los intereses de las Letras del Banco Central que sólo pueden comprar muy pocos con capacidad de ahorro, y los bancos, en una apretada síntesis.

Por el contrario, desde el oficialismo hacen una lectura bien diferente: “La eliminación de la mayor parte de las retenciones posibilitó un fuerte salto de la producción agrícola pampeana y también del stock ganadero; y después de un año difícil en el que se cerró el capítulo del default, se levantaron las restricciones para exportar, se liberó el mercado de cambios, y que con el apoyo de la oposición se pudo reducir el impuesto a las ganancias; y también pagar deudas y actualizar los haberes de unos dos millones de jubilados, con la ley de reparación histórica; y la mayoría de los indicadores de actividad y consumo ya están con niveles superiores a los del año anterior. Eso posibilitó convertir a Cambiemos en la mayor fuerza nacional, con más del 36% de los votos, y muy lejos del segundo, que apenas superó el 20% de los sufragios”.

Y como lo que se vota en octubre es la renovación de dos tercios de la Cámara de Diputados y un tercio de la Cámara de Senadores por simple mayoría de los votantes, en esta elección de medio término no es tan relevante la mayoría relativa como en las presidenciales, el 50% más uno de los votos válidos, o más de 40% con diferencia de 10 puntos sobre el segundo si es menor a 45%, sino la simple diferencia, hasta por un voto, para definir qué partido gana o pierde senadores y diputados.

Para llegar a ese punto faltan poco más de 60 días. Desde el oficialismo confían en que en ese período “los indicadores económicos, que en los últimos meses comenzaron el ciclo de recuperación, se consolidarán y se generalizará la mejora“; y con eso podrían captar parte de los votos que no recibieron en las PASO.

En cambio, desde las fuerzas de la oposición trabajan con la hipótesis siguiente: “En 60 días no cambiará el panorama de los excluidos, y por tanto el Gobierno podrá obtener la primera minoría nacional, pero no le alcanzará para lograr mayorías en ninguna de las Cámaras legislativas, y por tanto necesitará de consensos para impulsar las reformas pendientes”.

Alivio para los beneficiarios de créditos hipotecarios

Los mercados de dinero respondieron en línea con la visión del oficialismo, y por eso se descomprimieron las tensiones en la plaza cambiaria, lo que provocó cierto alivio entre las miles de familias que habían recibido la aprobación de un crédito hipotecario ajustable por inflación para escriturar su primera vivienda en los próximos días y semanas, porque necesitarán menos pesos para comprar los dólares que deben entregar al vendedor.

También se manifestó en la última licitación de Lebac, cuando vencían poco más de 500 mil millones de pesos y la autoridad monetaria pudo renovar la totalidad de las ofertas sin necesidad de aumentar las tasas de interés, como se preveía antes de las elecciones del último domingo.

Sin embargo, en la Argentina nada está asegurado, sobre todo porque tanto de un lado como de otro se cometieron serios errores en los discursos y “cortos” de campaña que contribuyeron a alterar la decisión de una parte no menor del electorado independiente hacia una y otra dirección. Por tanto, nada garantiza que no se repetirán los errores de comunicaciones en el tramo final de la campaña electoral hasta el 22 de octubre.