En el cuarto mes de vigencia de una política extremadamente exigente y contractiva de la emisión de pesos para transacciones y de un tipo de cambio flotante con intervención sólo cuando se mueva fuera de una zona de intervención de un 30%, se está observando un comportamiento virtuoso en la forma de ahorro de los argentinos.

Los datos parciales del Banco Central de depósitos en el sistema bancario al cabo de la tercera semana de enero muestran un crecimiento muy dinámico de las colocaciones a plazo fijo en pesos por parte del conjunto del sector privado que fue atraído por una renta nominal del orden del 45% anual.

Ese ritmo de expansión es cercano al 10% en comparación con el promedio de similar período de diciembre: casi cuadruplica a la inflación. Y más que duplica el interés mensual.

En enero el ritmo de los depósitos privados muestra una aceleración en su tasa de crecimiento mensual (BCRA)

En enero el ritmo de los depósitos privados muestra una aceleración en su tasa de crecimiento mensual (BCRA)

Hasta aquí pareciera que se trata de un fenómeno natural frente a semejante tasa de interés, en un escenario en el que el tipo de cambio no sólo no se ha estabilizado, sino que incluso ha declinado. Pese a que la autoridad monetaria salió a comprar hasta USD 390 millones en lo que va del mes, la divisa cotiza por debajo de la zona de no intervención.

Pero lo que parece curioso, y hasta imprevisto, es que en ese período también crecieran los depósitos privados en dólares, que promedian en tres semanas de enero USD 29.545 millones. Se trata de un valor récord que supera en más de 4% al nivel medio de igual tramo de diciembre.

El resultado global de esos movimientos fue que el total de depósitos privados a plazo fijo –en pesos y en dólares en caja de ahorro y también a tasa por tiempo más prolongado– ascendiera a un promedio equivalente a poco más de 56.800 millones de dólares, unos USD 3.700 millones en apenas 30 días.

De este modo se aproximó al total equivalente a USD 58.700 millones de un año antes, cuando las colocaciones en pesos representaban una proporción mayor por efecto del atraso del tipo de cambio que se observaba entonces, como estrategia que una vez más mostró su fracaso como ancla de la inflación.

El gradualismo que mantiene el Banco Central en su política de reducción de las tasas de las Leliq, que es endógena a la estrategia de emisión, lleva a pensar a los analistas que persistirá la preferencia por la demanda de pesos para su colocación a plazo.

Mientras que el fuerte arraigo que prevalece en la dolarización de los portafolios de los agentes con capacidad de generar recursos excedentes a sus necesidades corrientes también lleva a sostener el aumento de las imposiciones en moneda extranjera, pese a que en el mes virtualmente no obtienen rendimiento, o incluso pierden nominalmente en su conversión a pesos.