La actividad económica comienza a mostrar claras señales de recuperación, principalmente el agro pampeano y la construcción y más recientemente la industria y el empleo privado. Pero salvo en el caso del propio agro, aún no se logró volver a los niveles de precrisis de 2016. Es por eso que muchos dirigentes y diversos sectores de bajos ingresos resaltan que están peor que en 2015.

Para peor, aparecieron turbulencias en la plaza cambiaria que agregaron ruido a semanas del sondeo electoral de las PASO.

Luis Secco, un destacado y consultado economista de la city que incluso participó en poco más del primer año del nuevo Gobierno a través de la jefatura de asesores del ex presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, analizó en una entrevista con Infobae la situación actual y hasta sugirió recomendaciones para  el día después de las elecciones.

– En estas elecciones primarias se advierte mayor presencia de economistas que aspiran a ocupar una banca en la Cámara baja, de la mano del voto popular, ¿cree que es la función de la profesión?

– En general el economista siempre puede aportar su visión de las cosas. Lo importante de la economía es entender que todo afecta a todo, y que nada es mono causal. Si sirve para aportar algo al equilibrio general y a una visión más integral de cualquier problemática económica que sea tema en el Congreso mucho mejor. La oficina de Presupuesto del Congreso que funciona muy bien en los EEUU es una pieza clave del funcionamiento parlamentario.

– ¿En la Argentina no?

– En la Argentina no existe. Siempre que se presenta una reforma se dice ‘vamos a armar la oficina’…

– ¿O sea que la Comisión Bicameral de Presupuesto y Hacienda trabaja para discutir el Presupuesto de cada año, y nada más?

– No hay un ‘board’, un consejo permanente, es decir un grupo fijo que sirve de soporte de análisis del Presupuesto a nivel parlamentario. En cada grupo de discusión económica surge la inquietud de que  hay que armarlo. Sería muy bueno que se concrete. Tal vez este sea un primer paso.

– En esta campaña para las PASO los economistas candidatos de la oposición hablan y critican la gestión del Gobierno y los del oficialismo hablan poco de economía, y cuando lo hacen resaltan los logros, pero casi ninguno plantea propuestas para legislar, que es las función para la que se postulan a ocupar en la Cámara de Diputados. ¿Usted qué piensa que deben hacer, impulsar más regulaciones o desregulaciones?

– En una época se llamó re regular. Creo que hay mucho para desregular y también mucho para re regular. Obviamente, la herencia de 15 años de intervencionismo y de políticas económicas cuyo eje pasaba por la extracción de recursos al sector privado, y el control de su actividad, ha determinado una sobrecarga que requiere desregular. Pero además, hay sectores que tienen que seguir regulados, pero con normas modernas. No puede ser, como lo he leído en algunos de sus artículos, que la Argentina mantenga regulaciones y convenios laborales ultractivos de hace 70 años, porque el mundo cambió dramáticamente, no sólo las prácticas de trabajo y la tecnología, sino también la gente. La nueva generación es distinta, piensa y actúa distinto y tiene otras características que las de los años 40 o 50 a 70. Ahí está claro que hay que desregular y re regular.

– ¿Y respecto a la falta de propuestas de los candidatos economistas, qué piensa?

– Lo que más me preocupa es la falta de visión clara de qué país queremos, a dónde queremos ir, porque pareciera que cualquier viento queda bien, y al no haber discusión menos puede haber consensos. Si queremos ir a una economía más integrada y abierta al mundo; con más rol o menos del sector privado. Creo que hay cuestiones que todavía se dirimen en cuestiones de corto plazo, pero viendo más el árbol que el bosque y a dónde queremos ir. Está muy estudiado en la academia y en los centros que hacen estudios empíricos de organismos internacionales que no hay modelos de un único país; lo que nosotros no hemos sabido o no hemos podido definir que modelo de país queremos; y hasta que punto estamos dispuestos a comprometer algunas decisiones de oportunidad de corto plazo en pos de un cambio de largo plazo.

“Pareciera que cualquier viento queda bien, y al no haber discusión legislativa, menos puede haber consensos” (Martín Rosenzveig)

“Pareciera que cualquier viento queda bien, y al no haber discusión legislativa, menos puede haber consensos” (Martín Rosenzveig)

– En ese punto, ¿cómo ve un tema que está en boga, como el de las reformas tributaria  y laboral?

– Se plantea que hay que bajar tal y cual impuesto, pero antes se debería pensar qué Estado queremos; cuáles son las funciones que se van a priorizar; cómo conviene financiarlo; si va a tener un sistema tributario que recauda para que a través del gasto público se redistribuya la riqueza, como hacen los países modernos. Me parece que todavía estamos en una situación en la que sabemos que tenemos problemas y que hay que resolver muchas cuestiones de coyuntura y de corto plazo importantes, pero nos cuesta ponernos en un marco de debate de corto y mediano plazo que sea conocido, entendido, debatido y de alguna manera soportado por todos.

– ¿Cree que sabemos que significa que ahora llegó el neoliberalismo, por oposición al falso progresismo de la última década?

– En primer lugar debo decir que no. Detesto el “neo” adelante de liberalismo. Creo que el liberalismo, sobre todas las cosas, propone crear las condiciones para que las iniciativas privadas puedan desarrollarse sin trabas y lleguen a buen puerto, y sin que tengan un socio permanente en el Estado, que de alguna manera actúa como obstáculo, más que para favorecerlas. Si vamos a un modelo con un poco más de libertad económica tenemos que tener un Estado que sirva a esa libertad económica; sucederá lo contrario si se pretende mantener un Estado intervencionista y gigante. Luis Alberto Romero, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, tiene una cita que me parece genial: “La Argentina no es que tiene un Estado muy grande, tiene un gobierno muy grande”, porque como no hay bienes públicos no se ve la presencia del Estado en la vida de los privados. Me parece que los modelos exitosos de los que hablaba antes, por lo general, le dan la preferencia importante al rol de la actividad privada por sobre la estatal. Creo que hacia ahí tendría que ir la Argentina, eso requiere, como me preguntaba, re regular en unos sectores y áreas y desregular en otros. Definir una hoja de ruta es lo que nos falta, porque nos quedamos muy trabados en la discusión del corto plazo.

– ¿Será porque la macroeconomía: inflación, déficit fiscal que es la principal causa, exceso de regulaciones que afectan la competitividad y productividad; el recurrente endeudamiento para pagar gasto corriente de ese Estado-gobierno grande, del que hablaba, exige una tarea ardua para su normalización, en términos de lo que hacen la mayoría de los países?

– Sin duda que la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para todo lo demás, porque sin ella no hay dada. Y eso lleva mucho tiempo porque no logramos tampoco tener por lo menos esa base.

– Con una tasa de pobreza en torno al 30% de la población, y aun cuando baje al 20%, sabemos que nunca se podrá decir que la economía está bien. Pero, ¿cómo evalúa la situación económica, lo hecho en el primer año y medio del nuevo Gobierno está tan mal y es un desastre como dice la oposición, o está mejorando notablemente como sostiene el oficialismo?

– Veo que la economía está mejorando, hay claros síntomas en la actividad real. Pero, claro, depende comparado con qué. Me parece que había una expectativa muy alta respecto de que el nuevo ciclo político traía de la mano un crecimiento acelerado; una estabilización más rápida. Y creo que parte de la percepción que tienen muchos de que no se está tan bien tiene que ver con lo que esperaban, más que respecto de cómo estábamos. Claramente que la economía está sustancialmente mejor, se está saliendo, moderadamente, y hay cuestiones objetivas: está abierta al mercado internacional, hay capacidad para endeudarse; hay libertad para decidir en qué activo se invierte, en pesos y en dólares; por tanto veo una serie de factores que han contribuido a mejorar la situación de todos los argentinos.

– ¿De todos los argentinos?, porque esas acciones que enumera pareciera que favorece a quienes venden al resto del mundo, a los que tienen capacidad de ahorro y pueden diversificar su cartera, pero hay muchos que aún perciben una mejora de su situación laboral y de sus ingresos

– Es cierto que el proceso lleva su tiempo para que alcance a “todos”, pero creo que en general hay derrame, en el término que usamos los economistas de propagación, no de “sobras” como dicen algunos en campaña. Además, no hay duda de que sin esas mejoras que enumeré sería muy difícil poder sacar a tanta gente de la pobreza. Naturalmente que pedir que quien aún está en situación de marginación fuerte tenga paciencia, sería irrespetuoso e insensible. Por eso es clave tener en claro a dónde se quiere ir y tomando en cuenta esa realidad que hay que atender.

“Creo que en general hay derrame, en el término que usamos los economistas de propagación, no de “sobras” como dicen algunos en campaña” (Martín Rosenzveig)

“Creo que en general hay derrame, en el término que usamos los economistas de propagación, no de “sobras” como dicen algunos en campaña” (Martín Rosenzveig)

– En la semana se dieron a conocer diversos indicadores de actividad con altas tasas de aumento: 6,6% la industria; 17% la construcción; la generación de más de 170 mil empleos, pero las estimaciones privadas y oficiales ubican el crecimiento del PBI en torno a 2% o 3%, tanto para este año como para el próximo, por la debilidad que mantiene la inversión. ¿Cuál es su análisis?

– Respecto de si 2% o 3% de crecimiento anual del PBI es suficiente para erradicar la pobreza, no debemos olvidar que la tasa de crecimiento histórica de la Argentina no es muy superior a 3%, claro, a veces se creció mucho y otras cayó muy fuerte, marcando una volatilidad, como decimos los economistas, que es muy alta. La percepción que hay es que para la política le falta más aceite, es decir no alcanza con un 3%. Ahora, la expectativa de crecimiento a tasas chinas como tuvimos en otras épocas hay que circunscribirlas dentro de un mundo que crece menos, y que hay muchos economistas que ya observan que secularmente seguirá creciendo a menor ritmo que el pasado a escala global.. Por tanto la Argentina tiene que inscribirse en ese mundo. Pedir el milagro de repetir las tasas del pasado es mucho más difícil de lograr.

– ¿Cree que tanto economistas, como Gobierno, deberían hacer docencia sobre ese punto?, porque en la semana también se dio a conocer una Encuesta de Expectativas de los Empresarios sobre las principales variables, cuyo resultado completo se presentará en el próximo Coloquio de IDEA en Mar del Plata, del cual usted es un asiduo disertante, y si bien el balance fue otra vez muy positivo, no lo fue tanto como a esta altura del año anterior, y a partir de ahí la lectura general fue que “los empresarios se muestran menos optimistas”…

– Por eso quiero llamar la atención sobre cómo llevar adelante un contexto en el cual el mundo crece menos, no sólo China, no sólo los países emergentes, sino la mayoría de los emergentes, y crecen además con menos generación de empleos por cada punto del PBI, porque la Argentina forma parte de ese mundo, no puede salir de ahí. Luego viene la cuestión doméstica, cómo está la política y cómo está la macroeconomía, en una situación en la cual hay gente en un contexto global de menor crecimiento donde la tasas ya no son de milagro de 7% u 8% anual, sino de la mitad, o menos; y enfrenta una incertidumbre política elevada. En ese escenario, decir estoy más o menos optimista, más o menos mejor, depende de comparado con qué, una cosa es respecto de dónde estábamos, y otra muy distinta respecto de lo que se esperaba. Puede estar indicando una sensación de para qué está la Argentina, dada estas restricciones, tener una tasa de inflación de 1,5% a 2% por mes y crecer al 3% no está tan mal; y probablemente hay un proceso para volver a crecer a la tasa histórica.

– Al respecto, ¿como lo ve al Gobierno?

– Creo que el Gobierno está buscando, de alguna manera, bajar las expectativas. Lo dijo el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en el programa de Marcelo Bonelli: “Estamos mejor que en 2015, la Argentina está creciendo, la tasa de inflación está bajando; dónde está lo malo”.

– Insisto, ¿cree que ese argumento puede ser utilizado mientras persista un nivel de pobreza que afecta al 30% de la población?

– Sin duda que no!, A esa gente no se le puede decir que espere; quiere ver otra cosa, y estoy totalmente de acuerdo. El Gobierno tiene que hacer política económica dentro de las restricciones que hay.

– ¿Es tan mala noticia que el mundo, en particular China, desacelere el ritmo de crecimiento?, porque cuando desde hace 15 a 20 años crecía a tasas de dos dígitos, 14% / 15%, lo hacía por la incorporación a la economía urbana de poblaciones agrícolas que tenían un ingreso de USD 100 o menos por año; y ahora ya están en torno a USD 1.000 y el promedio del país pasó de USD 3.000 en USD 15.000 por año, y con menor crecimiento se generan por año millones de ricos que comienzan a demandar menos productos pero con mayor valor agregado y servicios modernos, y que en el caso de la Argentina posibilitaría recortar los índices de pobreza.

– Eso es cierto. Pero también es cierto que a medida que aumenta el ingreso medio de China, y considerando que hoy un crecimiento al 6% o 7% es muy diferente en su impacto que 10 o 15 años atrás, porque lo hace con el doble de población urbana, y por tanto de mayor ingreso, con lo que el efecto sobre la demanda global es, por lo menos, la misma. Pero también hay que tener en cuenta que a medida que crece el ingreso en China se va acostumbrando a consumir más proteínas; y más valor agregado no sólo en cuestiones tecnológicas, sino también en la comida. Eso constituye una oportunidad enorme para la Argentina, y gran desafío para aprovechar ese contexto. Pero vuelvo a la pregunta suya ¿cómo se puede hacer para aprovechar esto, si se arrastran décadas con franjas de la población argentina que hace muchos años que no están en el mercado de trabajo, que ni siquiera ofrece su fuerza laboral?Creo que hay que tratar con regulaciones de generar condiciones para que esa persona que está fuera del mercado de trabajo retorne; como ir bajando los costos laborales.

– ¿Cree que los Acuerdos Sectoriales, como el Gobierno selló con trabajadores de Vaca Muerta; terminales automotrices; la rama textil y del calzado, y más recientemente con trabajadores agrícolas, en particular vinculados con los silobolsas y  arándanos, para mejorar la competitividad y la productividad, son un buen camino?

– No, creo que constituyen un atajo a la solución del problema de fondo que es la macroeconomía, porque invita a cada sector a ponerse en la cola para aspirar a uno, y hasta tanto no le llega el turno, no hace nada. Más que eso, el Gobierno debería avanzar con las desregulaciones y las re-regulaciones para que la economía pueda ser más competitiva y los sectores de la producción más productivos, como ir reduciendo las cargas laborales y tributarias que se relacionan con el trabajo; para el primer empleo; para aquel que está dispuesto a entrenarse y capacitarse en el trabajo. Está claro que en el escenario actual una parte de la capacitación la tendrán que ofrecer las empresas. Por eso la re-regulación pasa por aprovechar estas oportunidades. En el corto plazo todo se hace más complejo, se traba, se dificulta porque existe un marco de incertidumbre macroeconómica y política muy alto. Alguien podría decir, espero que se despeje la macro para hacer eso, pero eso tampoco se puede hacer, porque la búsqueda de la estabilidad de precios y la reducción del déficit fiscal requieren de una hoja de ruta que conduce al mediano y largo plazo.

“La búsqueda de la estabilidad de precios y la reducción del déficit fiscal requieren de una hoja de ruta que conduce al mediano y largo plazo” (Martín Rosenzveig)

“La búsqueda de la estabilidad de precios y la reducción del déficit fiscal requieren de una hoja de ruta que conduce al mediano y largo plazo” (Martín Rosenzveig)

– ¿El Gobierno tiene esa hoja de ruta? 

– Creo que hay una gran discusión. Están los que dicen la hoja de ruta, el objetivo, el modelo de país, el Presidente y su equipo lo tienen bastante claro pero no lo comunican porque lo consideran políticamente correcto o inoportuno. Hay otros que dicen que esa agenda se va construyendo con los avances diarios en cada una de las áreas. Y también están los más negativos, como muchos colegas, a quienes respeto mucho, que sostienen que no existe una hoja de ruta, que no hay plan A. Me parece que hay una situación en la cual la discusión entre aplicar políticas de shock o de gradualismo que siempre la vi en paralelo sobre “si hay un programa integral, o no; si hay una hoja de ruta, o no’. En general cuando se repasan algunos programas económicos exitosos se ve que lo que hicieron fue un plan anunciado, y contado y mostrado, sobre lo qué se quería hacer y con qué grandes lineamientos. Nada se implementó en la hora cero, sino que se fue avanzando gradualmente con la implementación de esa hoja de ruta o programa. Creo que se ganaría mucho en términos de certidumbre macro y de voluntad micro para invertir si esa agenda se diera a conocer.

– Usted fue funcionario de este Gobierno, a través de la jefatura de asesores económicos del ex presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, y cuando se les pidió la renuncia se les dijo que “tenían que irse pese a que habían sido  exitosos”, ¿Cómo debe leerse esa decisión desde afuera del Gobierno?

– En primer lugar debo decir que no debemos pensar que la nueva conducción del Banco Nación no será exitosa, sino que pueden serlo como fuimos catalogados nosotros. La lectura que se dio en ese momento, casi con la salida del ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, era que el Gobierno quería encarar un año políticamente difícil, como está demostrando que es el 2017, con un mayor grado de coherencia, coordinación, un equipo más homogéneo, también se dijo. Parte del equipo que se fue, entre los que me incluyo, teníamos una visión un poco distinta de lo que se debía haber hecho en su momento, pero la verdad es que apoyamos totalmente al Indec, aunque  no queremos callar aquellas cosas que creemos se deben modificar. Pero creo que este es un Gobierno que está en el camino correcto, y que tiene muy en cuenta dónde están las restricciones políticas.

– ¿Ahora, de nuevo en el rol de consultor de empresas y de organismos internacionales, que le diría al Gobierno, o al equipo económico?

– Me parece que tener como objetivo prioritario la inflación es fundamental, así que en ese sentido estoy totalmente de acuerdo; creo que hay que avanzar bastante más en materia fiscal, donde no se ha hecho demasiado. En 2016, lejos de caer, el déficit aumentó. Ese es un costo que lo estamos viendo en términos de inflación, actividad e incertidumbre. Eso en el corto plazo. En la política monetaria que en los últimos meses se mostró un poco más errática y que habría que ajustarla para mostrar que la prioridad sigue siendo bajar la inflación.

– ¿Ese relajamiento o alteración de la política monetaria explica la suba del dólar entre mayo y julio?

– Uno podría decir que el dólar subió porque apareció Cristina Kirchner como candidata legislativa, pero al mismo tiempo el Banco Central expandió la base monetaria en $100 mil millones. Por eso creo que la política monetaria hay que reafirmarla un poco en el corto plazo, con el objetivo antiinflacionario.

– ¿Y en materia fiscal, que el ministro Nicolás Dujovne anunció que se va sobrecumpliendo la meta de baja del déficit en términos del PBI?

– En este punto veo que se avanzó muy poco, por eso creo que hay que empezar a trabajar. En cualquier programa siempre hay tres patas: 1. Macro, que en el corto plazo comprende a la política monetaria y fiscal que incluye la deuda pública; 2. Precios relativos, que se vincula con qué se hace con la evolución del dólar; y 3: Institucional, que usted planteó en su primera pregunta, que se relaciona con las regulaciones. En la primera parte se dieron algunos pasos, pero falta reafirmar el objetivo antiinflacionario en serio y mejorar fundamentalmente el fisco, porque eso hace a la estabilidad monetaria; en el segundo el avance es parcial porque se corrigieron algunos precios pero todavía está claro que hay algunas dudas sobre cuál tiene que ser el poder adquisitivo del dólar; cómo se sigue en materia tarifaria y de subsidios; y sobre la cuestión regulatoria, que es fundamental. El Gobierno tiene que, una vez que se defina la contienda electoral, trabajar en una agenda en esos tres temas que hacen a una Argentina más normal, con potencialidad más alta.

– En materia de regulaciones, si gana el Gobierno puede pensar que lo hecho está bien, mantengamos el mismo ritmo; pero si no sólo pierde en la provincia de Buenos Aires, ¿espera que diga voy a reforzar la política, para convencer a la sociedad del cambio que se propone?

– Veo un gran debate en el mercado sobre ese tema. El escenario de triunfo o derrota es el que hace más viable conocer el verdadero Mauricio Macri, que es lo que viene escribiendo Sergio Berensztein: Macri es un ortodoxo en en el ‘closed’ que está esperando la oportunidad para salir a hacer lo que muchos de sus votantes imaginan. Tengo la sensación que un triunfo electoral de Gobierno si bien le puede facilitar algún tipo de poder en la negociación en el Parlamento no es sinónimo de que se reafirman las políticas y se avanza en materia determinante en las tres cuestiones que enumeraba anteriormente. Incluso he escuchado análisis en los cuales se planteaba que una derrota electoral es la que más viabiliza un cambio en la política del Gobierno. Acá hay mucho sobre cuál va a ser la interpretación del oficialismo de un triunfo; cuál el de la oposición  y el de la sociedad, por eso tanta incertidumbre que apareció en los mercados.

“El escenario de triunfo o derrota es el que hace más viable conocer el verdadero Mauricio Macri” (Martín Rosenzveig)

“El escenario de triunfo o derrota es el que hace más viable conocer el verdadero Mauricio Macri” (Martín Rosenzveig)

– ¿Qué debería hacer el Gobierno para que la sociedad perciba que su política económica es sustentable?

– En primer lugar, que la política monetaria cuente con el apoyo de la política fiscal, para poder responder al principal objetivo que es bajar la inflación; que siga trabajando en materia de corregir los precios relativos, uno fundamental es el salario en dólar. Y ahí viene el tema regulatorio, para que las leyes laborales se adapten al mundo moderno. Pero, veo con preocupación que se vuelve a hablar en la Argentina del costo argentino: laboral, impositivo, la falta de infraestructura, las regulaciones. Hoy a las principales empresas exportadoras les preocupa más si van a tener energía para producir; el estado de las rutas, si el puerto funciona, que cuánto cotiza el dólar. Es cierto que se está ejecutando un gasto enorme en materia de infraestructura, pero son procesos muy largos. Por eso los que esperábamos más estamos un poco ansiosos; porque de los tres pilares que mencioné: la macro sana; precios relativos que tornen competitiva a la producción nacional y la desregulación y re-regulación, aún no parecen coordinados en el objetivo de largo plazo.