Pasó ya el segundo año del Gobierno de Cambiemos con notables avances en la situación económica, pero insuficientes avances en lo que respecta a las condiciones de vida ciudadana, como quedó de manifiesto en la última semana. Y se cierra 2017 con tratamientos acelerados de reformas estructurales, incluido el Presupuesto para 2018, y por tanto con efectos nuevos sobre la gran economía nacional, pero también sobre las finanzas y perspectivas de las empresas; y de los trabajadores para el año próximo.

Al respecto, Infobae entrevistó al economista Luis Secco, que conoce muy bien el ADN del Gobierno y del que participó en el primer año como uno de los asesores principales del presidente del Banco Nación en ese período, Carlos Melconian, para conocer su visión de qué deja 2017 y qué cabe esperar para el año entrante.

– ¿Cómo termina 2017, en términos económicos?
– Creo que fue casi como un año bisagra, donde estaba en juego en alguna medida la perspectiva política del presidente Mauricio Macri en una elección que era muy importante, como fue la de medio término para renovar parcialmente las cámaras legislativas; y que terminó con un resultado que no me pareció inesperado, pero que sí fue un triunfo contundente, como ví en un informe que citaba que “es la primera vez desde la época de Raúl Alfonsín (1983-89) que el partido oficial gana en las 5 provincias más grandes en una elección de medio término”; y que era importante y que iba a ser uno de los grandes temas del año. En lo que respecta a la macroeconomía termina con un panorama de inflación y crecimiento que se mantiene lejos de lo que esperaba la mayoría de la profesión. La idea era que se crecía un poquito menos del 3% y que la inflación iba a estar en 22 a 23%; y un tipo de cambio en torno a $18; que es más o menos el resultado final.

– En la semana que pasó el Indec informó que el PBI creció 4,2% en el tercer trimestre, y en el acumulado del año 2,5%, ¿cree que llegará al 3,1% y qué disparará el pago del cupón del PBI a fines del año próximo?
– Me parece difícil que se llegue a esa variación del PBI. Y acuérdese que el pago del cupón PBI se gatilla con la revisión que se hace en septiembre del año que viene. Es decir, hay que esperar a que los datos actividad agregada pasen de ser provisorios a definitivos. Por tanto pueden haber correcciones que modifiquen los datos que hemos visto para los primeros nueve meses del año. Mi sensación es que la economía tiene que crecer casi 4,5% en el último trimestre para que el resultado de todo el año se ubique por arriba de 3%. Y me parece que va a estar en el límite, no se si va a llegar a ese umbral porque el último tramo de 2016 no fue malo, y por tanto la base de comparación es un poco más alta que en los trimestres previos.

– ¿Qué otro aspecto destaca del corriente año?
– Me parece que 2017 fue un año de confirmación, también en materia macroeconómica, de: 1) Lo difícil que es bajar la tasa de inflación con la velocidad que quiere la autoridad  monetaria, en un contexto en el cual el resto de las políticas no puede acompañar tanto; porque la política fiscal no ayuda, no sólo desde el punto de vista del déficit, sino también de cómo se lo financia; y también se suma una política de ingresos que tiene que ver con las recomposiciones tarifarias, que tampoco ayudan a la hora de medir la inflación; 2) lo difícil que es reducir el resultado fiscal; y 3) que se está en un proceso de lento, pero sostenido, aumento de su déficit externo, en términos de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que rondará el equivalente a 4% del PBI; y se eleve un punto más en 2018.

– Hay muchos economistas que le suman al déficit fiscal clásico el cuasifiscal, derivado de que el Banco Central paga por las Lebac  una tasa del 29% anual y las reservas en divisas sólo suben 11%, por efecto del atraso cambiario, ¿usted también hace ese agregado?
– Hoy no lo hago, y no creo que lo vaya a hacer. Me parece que el total de la emisión de las Lebac y su remuneración; y el flujo sobre cuántas más hay que colocar por efecto de la forma de financiamiento del déficit fiscal con deuda externa, porque toma dólares que los convierte en pesos y la autoridad monetaria deba absorberlos para que no se altere la inflación; no lo considero una necesidad de hacerlo, porque las Letras del Banco Central son el pasivo de un lado del balance del BCRA; mientras que cuando mira los números del Tesoro Nacional se encuentra que está  frente a una cuestión de flujos, hay ingresos y egresos, pero no de activos y pasivos. Y si se hace la cuenta a grosso modo, se observa que todo lo que aumentaron las Lebac es equivalente al crecimiento de las reservas en divisas. Es decir el Banco Central compra reservas con Lebac. De todas formas, puede ser un problema en términos de expectativas, porque genera ruídos, zozobra.

– ¿Qué debería hacer el Gobierno?
– Creo que la Argentina tiene que dar una pelea importante para estabilizarse macroeconómicamente sobre sus flujos fiscal y externos. Detrás de todo el equilibrio está cómo hace la Argentina para crecer al 3%. Lo está haciendo sobre la base de esos déficit gemelos. Y me parece que lo que tenemos por delante es más de lo mismo, es decir el PBI creciendo alrededor de 3%, o algo menos; con un déficit fiscal  total de 6% del PBI y un déficit de la cuenta corriente de 5% del PBI.

– Usted observaba que el déficit externo está en el equivalente a 4% del PBI; y que se elevaría otro punto el año próximo. ¿Eso quiere decir que no lo ve como un fenómeno transitorio por el proceso de salida del cepo cambiario y, en particular, de la liberación de importaciones y la autorización para girar dividendos al exterior por las filiales de empresas extranjeras, que se inició en 2016, pero de modo gradual, y por eso las bases de comparación pueden no resultar homogéneas?
– El déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos con el resto del mundo refleja una cuestión de restricción macroeconómica: Y del otro lado de este déficit externo está el nivel de endeudamiento, es decir la contracara es la cuenta capital; y mientras el déficit fiscal continúe también lo hará la colocación de deuda y el rojo de las cuentas externas. En ese contexto, y hablando de nuevo de las confirmaciones del Gobierno, me parece que se confirma un modelo, un programa económico, que tiene un costado riesgoso, porque esos desequilibrios no se resuelven rápido.

– ¿Ve que esos déficit no tenderán disminuir el año próximo?
–  Los riesgos macro de la Argentina siguieron vigentes durante 2017 y van a seguir un poco modelando el debate macroeconómico de 2018. De ahí que la pregunta a responder es si ¿El país podrá hacer algo diferente?

“Creo que lo fundamental hoy es seguir trabajando en la estabilidad macro” (Martín Rosenzveig)

“Creo que lo fundamental hoy es seguir trabajando en la estabilidad macro” (Martín Rosenzveig)

–  ¿No es hacer algo diferente lograr que ya se votara en el Congreso la reforma del régimen previsional; tiene media sanción la reforma tributaria; parece que se posterga a febrero el debate de la reforma laboral; y también se podría descontar que el Presupuesto 2018 se vote antes de fin de año? ¿No cree que con eso vaya a cambiar nada que contribuya a mejorar las expectativas?
– Por un segundo me detengo en el razonamiento anterior, la estabilidad macreconómica es condición necesaria para cualquier otra cosa. Es decir si la macroeconomía esta desordenada, haga lo que haga no se convence a la sociedad del cambio hacia la “normalización”. Hemos vivido muchos episodios históricos en el cual algún gobierno pensó que se podía pensar en la política de largo plazo, como el Tercer Movimiento Histórico con Raúl Alfonsín; la re-re elección  de Carlos Menem; el 4 más 4 más 4 de los Kirchner; pero si no hicieron nada por estabilizar la economía en un rango de inflación de un dígito bajo sin atajos; por más que se hayan hecho los mejores acuerdos políticos, no se podrá crecer de modo sostenido y sustentable.

– ¿Usted está diciendo claramente que las reformas estructurales que impulsa el Gobierno desde que ganó las elecciones de octubre son necesarias, pero previamente hay que avanzar más rápido en la estabilización de la economía?
– No se sí previamente; lo que digo es que no hay que descuidar la macro, es decir  hay que darle la bienvenida a que el Presidente se ocupe de las cuestiones de largo plazo, que trabaje en las cuestiones estructurales del país. Pero a veces escucho a algunas voces que dicen “para que desinflar tan rápido”, se vio esta semana como un ex ministro de Economía de este Gobierno (Alfonso Prat-Gay), que planteó que “el Banco Central está equivocado”. Para mí, la verdad, creo que lo fundamental hoy es seguir trabajando en la estabilidad macro. Quiero dejar en claro que no es que primero hay que resolver una cosa y luego la otra, porque la Argentina necesita de las dos cosas, por tanto me parece que no debiera ser este sólo el tiempo de las reformas estructurales y permanentes; sino que 2018 debiera ser el año en el cual se siga buscando consolidar la búsqueda de la estabilidad macroeconómica. No digo que se ha perdido ese objetivo, sino que hay que laburar duro para lograrlo.

– En esa línea, ¿usted piensa, como muchos encumbrados economistas, que el gradualismo fiscal es exagerado e incongruente con la ambiciosa meta de baja de inflación del Banco Central, y que incluso algunos temen que en el equipo de Gobierno puedan llegar a pensar en relajarse un poco, porque ahora que lograron avanzar con las leyes de reformas estructurales, y el crecimiento del PBI tiende a sostenerse, puedan creer que la tarea de baja del déficit fiscal será más fácil, sin exponerse a mayores costos políticos con un ajuste más acelerado?
– Eso sería lo no recomendable. Lo aconsejable es seguir teniendo un Banco Central enfocado en la lucha por reducir la inflación, que creo que lo está; y el resto de las políticas acompañando esa pelea contra los factores que provocan que los precios suban a tasas altas. Cualquier acción que relativice, o suavice, ese objetivo me parece lo menos recomendable.

– ¿Qué espera que ocurra en 2018?
– Estimo que el próximo año va a replicar bastante al 2017, es decir vamos a seguir con los desequilibrios gemelos, fiscal y externo; tal vez las cuentas externas agravándose un poquito; y un sistema cambiario que no le resolverá la vida a las empresas, como alguna vez se buscó en el pasado, sino que exigirá que tanto el Gobierno como cada sector busquen otros caminos para mejorar la competitividad y productividad de la producción de bienes y servicios. Ese será uno de los grandes desafíos. Me parece central resaltar que no hay milagro!, y pensar que llegó el tiempo de pensar sólo en las reformas estructurales o en la estabilidad macroeconómica no es verdad, sino que habrá que trabajar en los dos sentidos.

“Pensar que llegó el tiempo de pensar sólo en las reformas estructurales o en la estabilidad macroeconómica no es verdad, sino que habrá que trabajar en los dos sentidos” (Martín Rosenzveig)

“Pensar que llegó el tiempo de pensar sólo en las reformas estructurales o en la estabilidad macroeconómica no es verdad, sino que habrá que trabajar en los dos sentidos” (Martín Rosenzveig)

– ¿ Y sobre el gradualismo o no gradualismo, qué opina?
– Me parece que desde el inicio el debate del gradualismo o de ir más rápido, como usted me preguntaba, tomó un sesgo que no era el adecuado. Creo que la crítica de muchos economistas, entre los que me incluyo, respecto al no gradualismo, es que pretendíamos una visión más integral, esto que está pasando ahora, la macroeconomía y la microeconomía, es decir la estructura de la Argentina, tienen que ser abordadas al mismo ritmo; y pensábamos que había que hacerlo con un anuncio integral de política económica. Lo más importante es tener una visión de equilibrio general y no tanto un cronograma de objetivos que se van tildando uno por uno. Creo que la crítica al Gobierno es no haber planteado desde el inicio un programa integral.

– ¿Por qué cree que el Gobierno no lo hizo de ese modo?
– Lo que sucede es que en la Argentina, lamentablemente, siguen habiendo algunas palabras tabú, como programa macroeconómico. ¿Usted escuchó últimamente hablar alguna vez del programa económico?, el único que se animaba a decir algo parecido como “el programa de la administración del presidente Macri consiste en estabilizar la economía, etc., etc., fue el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, en una de sus presentaciones, pero nadie habla en esos términos. Cuando en realidad un programa es el que alinea expectativas; permite mostrar el grado de avance y cumplimiento de objetivos; hoy estamos todos viendo las metas monetarias, es decir de inflación y las metas fiscales, pero tal vez habría que haber hecho un anuncio más integral. Pero, al mismo tiempo, gradualismo significa una transición más larga; y eso exige contar con más crédito; no sólo el externo que es el que se viene primero a la cabeza, para financiar los desequilibrios internos, como el fiscal sobre todo; sino también interno, porque se requiere de los votos, es decir que la sociedad acompañe en esa transición.

– El Gobierno logró un apoyo relevante de la ciudadanía en las elecciones de medio término, al parecer más influenciado por la situación política que por la económica, según se desprende del último sondeo de la confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella que detectó para este mes una caída de 15,5% respecto de noviembre; y del 24% respecto de cuando asumió la presidencia Mauricio Macri. ¿Cree que ese desánimo puede afectar la continuidad del crecimiento que se registró este año?
– Me parece que muchas veces el índice de confianza del consumidor es un indicador que tiene subas y bajas que luego no se ven materializadas en el comportamiento del consumo de bienes y servicios, porque en general refleja un estado de ánimo, que en este caso se vincularía con expectativas sobre lo que se habían difundido de las propuestas de reformas estructurales que luego del sondeo comenzó a tratar el Congreso.  Creo que el crédito interno, el apoyo popular a la transición, al gradualismo, a las reformas, va a continuar. El Gobierno no ha perdido por completo el espacio que tiene para seguir haciendo cosas, y tiene que honrarlo. Al mismo tiempo, hay encuestas sobre la gestión del Gobierno, y dan cuenta de que una inmensa proporción de los argentinos que cree que puede resolver los problemas y que necesita tiempo, casi un 60%. Es decir, hay una proporción importante de la población que está dispuesta a esperar y bancar el proceso. Pero es cierto que  hay otros grupos, y la situación individual de cada grupo que difiere del pedido de “paciencia”, porque es una apelación sin sentido; como los casos extremos y más frágiles de los que están afectados por la pobreza, la falta de empleo.

– Pero es cierto que a medida que pasa el tiempo uno se vuelve más impaciente y más exigente con los resultados…
– Sin duda!, más aún porque a medida que pasa el tiempo ya no se le podrá echar la culpa de las demoras e incumplimiento de objetivos a la herencia del gobierno anterior. Pero, del lado del Poder Ejecutivo aseguran que están trabajando, que saben lo que tienen por delante y que seguirán trabajando para lograr los objetivos y seguir avanzando. Eso es lo que cabe esperar para 2018.

– Con ese escenario, ¿cómo se perfilaría el 2019, nuevo año de elecciones en el que la ciudadanía podrá elegir entre consolidar el cambio, o volver a la alternancia; cuando se proyecta para el 2018 más de lo mismo, persistir con el gradualismo, no aspirar a una mayor tasa de crecimiento, y demorarse otro año el logro de la inflación cercana a un dígito porcentual anual, además de agravarse el déficit de las cuentas externas?
– Es cierto lo que plantea, puede haber en 2018 alguna frustración respecto de las expectativas, pero en la comparación con el año previo siempre el Gobierno podrá mostrar resultados positivos; es decir no se va a estar peor. Aunque es cierto que desde el análisis de la macroeconomía uno sabe que los resultados esperados nos despejan los riesgos macro que comentaba previamente; y en algún se plantea, como advirtió esta semana Juan Carlos de Pablo “no se puede estar todo el tiempo así”.

– ¿El escenario externo como se perfila para continuar financiando la transición?
– Esa es la segunda consideración que quería hacer sobre la pregunta anterior, y que me parece que no es bien tomada en cuenta, y que es que en 2018 habrá elecciones presidenciales en los dos países más grandes de Latinoamérica que son México y en Brasil. Cada 12 años coincide la elección en esos dos Estados, y en los dos, sobre todo en México, la posibilidad de que gane el candidato de la izquierda populista es grande, el famoso Andrés López Obrador; y en Brasil es muy probable gane Lula, un Lula que probablemente no se muestre tan sumiso a una visión de un país “normal”, sino más bien volviendo a sus orígenes. En ese contexto a la Argentina le puede resultar más fácil colocar deuda y diferenciar su producto, y por tanto puede haber una ventana para poder continuar diferenciándose un poco de su vecindario, tanto para el 2018, como de cara hacia 2019.

– Aún así, ¿cree que sea saludable que el Gobierno continúe con el gradualismo para normalizar la macroeconomía?
– En general los procesos graduales, que tienen algún riesgo macroeconómico, tienden a generar una dinámica no virtuosa, es decir problemas cuando surje un gatillo que coordina esa visión negativa. Lo que quiero decir es que no todos los países que tienen déficit fiscal, déficit de cuenta corriente y cierta apreciación cambiaria terminan mal. Pero, lo que puede arruinar la transición hacia la superación de esos desvíos, es que surja algún acontecimiento.

– ¿Cuáles serían esos candidatos que podrían constituirse en el gatillo que provoque el quiebre de la hoja de ruta que se fijó el Gobierno?
– En el mundo pareciera ser que las tasas de interés van a subir, pero la disponibilidad de crédito para la Argentina va a estar; por lo tanto pareciera que no vendrá por ese lado; más aún porque el sendero de precios internacionales de las materias primas ayuda; y además el mundo empieza a crece más que antes, de hecho las tasas de interés en los EEUU suben porque comienza a crecer más, no porque le va mal. La región va a tener ruidos electorales, pero también los pronósticos indican que el PBI va a subir un poco más que este año. Y entonces ¿cuál es el candidato a convertirse en gatillo? En el pasado era el coordinaba el proceso, porque alertaba con sus análisis periódicos de la economía de cada país miembro, porque era el gran auditor internacional de las finanzas públicas, la solvencia externa y sus condicionantes al crecimiento.

– El FMI encendía los semáforos…
– Exacto. Y cuando uno habla con sus colegas, consulta a empresarios, como también usted lo hace, el común denominador dice “acá hay que ver que hace el mercado”, pero el mercado somos todos y hay que coordinar muchas cosas. Por eso la pregunta es ¿cuando la coordinación de ese gatillo es difícil que se haga desde afuera, y también desde adentro de las fronteras?, porque Macri no tiene enfrente un Eduardo Duhhalde, como ocurrió a fines de los 90 que salió a decir que “la convertibilidad estaba muerta” y empezó la prédica de que había que salir de esa restricción; ¿por dónde puede venir? Uno dice, ¿por Cristina?, la verdad que no se la ve con la fuerza para que el mercado la tome como referencia que diga “el Gobierno termina mal?. Entonces la construcción de un consenso es que el gatillo de riesgo va a ser medio descoordinado, es decir un día se escuchará una alerta del algún economista prestigioso, otro día de un politólogo; y otro de un analista u organismo internacional, o banco de inversión, con lo cual tomara más tiempo.

– Eso favorece al Gobierno…
– Claro, por eso de cara a ese proceso de coordinación de un gatillo que imponga un quiebre en la política económica del Gobierno, que para mí tal vez sea más lento que en otros episodios, porque ni las condiciones externas; ni la política, ni los actores que en el pasado ejercieron esa coordinación hoy tienen el peso suficiente para cambiar. De ahí que hacia 2019 el Gobierno pueda tomarse estos tiempos para resolver los problemas, pero creo fundamental que la Argentina no tiene aún resuelto la situación macroeconómica.