En junio la actividad económica acusó un claro repunte, en particular en el sector manufacturero, en clara respuesta a la flexibilización de las medidas de aislamiento social que dispuso el Gobierno en la segunda mitad de mayo. Pero los primeros datos de julio mostraron que se trató de una reacción efímera, porque en el caso de la industria automotriz se desplomó más de 20%, tras haber tocado el mes previo el mayor uso de la capacidad instalada en los últimos 3 años.

El debilitamiento que mantiene el poder de compra de los salarios y de las jubilaciones, junto con la retracción del crédito, porque cada vez hay menos margen en las familias para ahorrar para pagar una cuota, junto a las restricciones que prevalecen para el acceso a los insumos importados en varios sectores, explicarían el subibaja que transita la actividad agregada desde comienzos del año.

Pese a ese cuadro, el ministro de Producción, Matías Kulfas, por el contrario, lanzó en el Foro de Finanzas Digitales organizado por el IAEF (Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas) un pronóstico optimista: “Estábamos proyectamos un crecimiento del 7% para este año y es probable que estemos cerca del 8% o un poquito más. El escenario pandemia no nos permite recuperar todo el terreno perdido el año pasado, pero está recuperando un 80 por ciento”.

Luis Secco, director de Perspectiv@s Económicas, en cambio, hizo en una entrevista con Infobae una lectura diferente de la coyuntura y sobre las expectativas para el próximo año.

 El Presidente se apoya en 5 variables macroeconómicas para sostener que la actividad acusa una mejora generalizada. Antes de desmenuzar su análisis sobre cada uno de los “indicadores guía” del Poder Ejecutivo ¿La situación de la Argentina es tan simple que basta con ver cómo evolucionan 5 variables para sostener que lo peor ya pasó?

— Un rol fundamental de las autoridades políticas y económicas es comunicar de forma tal de influir sobre las expectativas de manera favorable. A veces, en el ejercicio de ese rol, se puede caer en errores o simplificaciones (en algunos casos groseras), o en tratar agrandar o exagerar lo que hay, o en ver algo donde no lo hay. Y esto tiende a hacerse más notorio cuando el actor (el político o funcionario de turno) goza de escasa o nula credibilidad. En esa construcción de un marco de expectativas favorables, la prédica puede caer en un saco roto cuando se simplifica o se limita el análisis a unas pocas variables. Más aún si el humor social se ve afectado por otras variables que poseen efectos mucho más visibles sobre el bienestar de las grandes mayorías. Estoy pensando en la inflación y sus consecuencias sobre el poder adquisitivo de los ingresos de la mayoría de los argentinos: más allá de algún índice que pueda mostrar cierta desaceleración inflacionaria, para esa mayoría (donde incluyo no sólo a quienes tienen ingresos fijos sino también a los empresarios) no hay ninguna razón para creer que la inflación pueda ser controlada por el Gobierno.

 Una de las afirmaciones de Alberto Fernández fue que “El PBI va a crecer 7% en 2021 y 4,5% en 2022” ¿Alcanzarán esas variaciones para pensar que quedó atrás un largo ciclo de estanflación y ya se ingresó en el sendero del crecimiento?

— Lamentablemente es difícil de creer que sea así de fácil. El crecimiento del PBI de este año, que creemos que sería algo inferior a ese 7%, se explica en un 80% por el “arrastre” que dejó el crecimiento de la segunda mitad del año pasado, con lo que la expansión efectiva de este año va a ser relativamente magra. Además, el 4,5% del 2022 está por encima de la mayoría de las predicciones del sector privado (nosotros esperamos un crecimiento por debajo del 3% y el mercado, según el REM del BCRA, un avance de sólo 2,4%); pero tal como dijimos antes es normal que el Presidente intente generar algo de optimismo hacia delante. Lo que hay que tener presente es que, incluso tomando como ciertas las proyecciones presidenciales, el PBI de fines de 2022 sería todavía 1,3% inferior al que había hacia el primer trimestre de 2018 (previo a la corrida cambiaria de aquel entonces) y básicamente estaríamos en los mismos niveles de 2012. Sí! A fines del año que viene, vamos a tener el mismo PBI que 10 años atrás. Si a eso le sumamos que la inflación se mantendría en niveles promedio del 3% mensual (o más), luce por cierto muy prematuro para concluir que el ciclo de estanflación quedó atrás.

 La segunda es que “Hoy mismo estamos generando miles de puestos de trabajo” ¿Cómo ve ese flanco? ¿Alcanzarán los incentivos que instrumentó el Gobierno, con baja transitoria de las contribuciones patronales a las empresas que incorporen trabajadores que se capaciten con los planes oficiales?

— De los datos oficiales disponibles se desprende una mejora del empleo desde la primavera del año pasado, cuando las restricciones a la movilidad comenzaron a relajarse. Pero se trata más de un rebote del empleo en algunos sectores (como la industria), que de un aumento generalizado de los puestos de trabajo. Por ejemplo, si tomamos los datos de empleo registrado del sector privado al mes de mayo, y los comparamos con los prepandemia, el empleo total sigue siendo menor al de entonces y sólo el empleo industrial muestra un incremento que podemos tildar de relevante. En efecto, mientras los empleos formales registrados del sector privado arrojan un saldo negativo de 94.247 puestos de trabajo (una reducción de 1,57%), en la industria se registra un aumento de 21.845 puestos de trabajo (2,01%) respecto de la prepandemia.

 La tercera es que “Este año se recuperó la inversión 14 puntos por encima de 2019, sólo hasta ahora” ¿Comparte esos datos? ¿Alcanza para impulsar la actividad agregada y el empleo en forma sostenida?

— La verdad que no sé muy bien de dónde salió ese dato. No al menos de lo que informa el Indec. Como puede verse claramente en los datos y el gráfico que el propio organismo oficial de estadística que publicó en su último informe, la inversión (denominada Formación de Capital Bruto) del primer trimestre de este año (último disponible) recuperó los niveles de 2019, pero no los supera. En términos del PBI estamos hablando de una participación del 20% (medida a precios constantes) y de 17,3% si la medimos (como creo que hay que hacerlo) a precios corrientes.

Una participación que es 8 puntos mayor que el piso que se observó en el segundo trimestre del año pasado y que es incluso superior a los niveles de pre-pandemia (12,9% del PBI), pero que resulta insuficiente para poder crecer de manera sustentable. No sólo porque no permite generar empleo de forma sostenida, sino que tampoco permite remunerar adecuadamente los nuevos empleos. Este es un problema central, porque muchos de los nuevos puestos de trabajo que se generan son con sueldos que no superan la línea de pobreza. Con esta tasa de inversión es objetivamente difícil generar empleo bien remunerado y eso sin tener en cuenta las propias limitaciones de un mercado laboral en el que la mano de obra desempleada no cuenta con las habilidades y capacidades que se demandan.

 La cuarta es “La industria argentina creció un 10,5% en junio, ya está en niveles previos a la primera crisis. Como en mayo de 2018”. Como economista que sigue muy de cerca el desempeño del sector manufacturero y las dificultades que enfrentan muchos sectores por la falta de insumos importados ¿Comparte esa mirada del sector fabril? ¿Qué cabe esperar?

— Así es. El sector que viene mostrando el mayor rebote es la industria manufacturera (según los datos del Indec), con una expansión mensual (sin estacionalidad) de 10.5% durante el sexto mes del año. Pero en parte tal recuperación se explica por la caída que mostró el registro de mayo (cuando volvieron aplicarse restricciones a la movilidad). De todas maneras, el nivel de la actividad industrial se ubica un “sorprendente” 8,6% arriba del nivel de febrero-20, previo a la irrupción de la pandemia, y si bien está en niveles similares a los observados pre corrida de 2018, no podemos dejar de mencionar que aún está un 6,0% por debajo de los máximos relativos de principios de 2016 (y de noviembre de 2017).

Las dificultades para hacerse de insumos importados producto de la restricción de divisas es uno de los obstáculos que enfrentan varios sectores de la industria. Y pone de manifiesto algunas de las contradicciones de parte de un Gobierno que supuestamente le otorga a la industria un papel clave para el crecimiento sustentable del país. Recordemos que en el agregado el sector es deficitario en materia de comercio exterior, importa mucho más de lo que exporta; pero no todos los subsectores son iguales. Hay sectores muy competitivos que exportan y generan saldos positivos, mientras que hay otros, por lo general poco competitivos, que están orientados exclusivamente al mercado interno. Lamentablemente, la regulación tiende a proteger y favorecer a estos últimos a costa de los primeros.

 La quinta es deuda pública: “Hasta aquí llevamos ahorrados USD 37.000 millones que debíamos” ¿Esa afirmación la encuentra en las estadísticas oficiales que mes a mes difunde la Secretaría de Finanzas de la Nación?

— La verdad que no sé de qué puede estar hablando. Tal vez se refiere al ahorro de intereses que se obtuvo a partir del canje de la deuda que estaba en default; porque en lo que va de este gobierno, la deuda del sector público nacional lejos de caer siguió en aumento. Según los datos preliminares recientemente publicados por el Ministerio de Economía, la deuda total a fines de junio pasado ascendía a USD 343.519 millones; unos USD 7.937 millones más que la de fines de 2020 y unos USD 20.454 millones más que cuando asumió el presidente Alberto Fernández.

Y esto es sólo la deuda pública. Porque si agregamos lo que aumentó la deuda del BCRA, la situación resulta aún más preocupante. El stock de pases netos más Leliq pasó del equivalente a USD 19.800 millones a fines de 2019 a USD 40.700 millones según el último dato disponible. Un crecimiento de los pasivos financieros del BCRA tan grande como el incremento de la deuda pública en términos absolutos (USD 20,900 millones) pero que significa la duplicación del stock de dichos instrumentos vigente cuando Fernández asumió la presidencia.

“La deuda del sector público nacional lejos de caer siguió en aumento. Y esto es sólo la deuda pública. Porque si agregamos lo que aumentó la deuda del BCRA, la situación resulta aún más preocupante”

 En contraste con la mirada presidencial, diversas variables macroeconómicas, a las que se suman la brecha cambiaria, la tasa de inflación, el Índice de Riesgo País, el uso del crédito por parte del sector privado, entre otros, muestran puntos de resistencia para bajar los tres primeros y subir el cuarto ¿Por qué ocurre eso, se puede atribuir a la incertidumbre natural que genera la elección de medio término?

— Creo que es mucho más profundo que eso, que va mucho más allá de las próximas elecciones y que involucra no sólo al gobierno sino también a toda la dirigencia argentina. Hace más de veinte años que ni la macro, ni los problemas estructurales, ni las debilidades institucionales son encaradas en profundidad y con una visión integral. Esconder los problemas debajo de la alfombra y apelar al gradualismo o al vamos viendo son distintas caras de lo mismo. Y así sale ganando el status quo, mientras salimos perdiendo todos los argentinos. La inflación crónica y creciente, la falta de dinamismo del empleo y de la inversión, y un potencial de crecimiento cada vez más bajo, hablan de una crisis de larga duración de la que nadie parece querer hacerse cargo. Y en ese contexto, la fatiga y el cansancio se imponen sobre la esperanza y las expectativas quedan atrapadas en una trampa de pesimismo de la cual se hace cada vez más difícil salir.

 En un mes el ministro de Economía deberá presentar al Congreso las pautas y previsiones de Gastos y Recursos del Presupuesto 2022 ¿Qué debería contener para transmitir una señal positiva a los mercados?

— Lo más positivo sería que presente un proyecto de Presupuesto que resulte creíble. Con pautas macroeconómicas creíbles. Porque si se repite lo del Presupuesto anterior, por ejemplo con lo que sucedió con la pauta inflacionaria, toda la credibilidad del resto de los contenidos se desmorona. Lamentablemente, hace años que el Presupuesto dejo de ser “el” instrumento de política económica por excelencia. Sin ir más lejos, la semana pasada mediante un decreto se modificó la pauta de gastos en $708.000.000.000. Y ese decreto tiene un anexo de nada menos que 716 páginas donde se detallan cada una de las modificaciones presupuestarias. Esas modificaciones no son las primeras, ni serán las últimas.

“La inflación crónica y creciente, la falta de dinamismo del empleo y de la inversión, y un potencial de crecimiento cada vez más bajo, hablan de una crisis de larga duración de la que nadie parece querer hacerse cargo”

 ¿Una reflexión final?

— Como síntesis diría que dada toda nuestra memoria genética en materia inflacionaria y de crisis, si no hay señales contundentes de que se trata de estabilizar y desinflar sustentablemente y que se abordan los problemas proactivamente, cualquier recuperación de la actividad o cualquier otra buena noticia será tomada como algo transitorio y que sólo responde a alguna cuestión coyuntural o meramente estadística.