La economía se afirma en el ciclo de recuperación desde niveles muy bajos que habían caído a lo largo de 2016, sin embargo no son pocos los economistas y legisladores de la oposición que reconocen ese proceso, pero al mismo tiempo advierten que aún el Gobierno no superó la prueba ácida de no sólo superar los índices de dos años atrás, sino peor aún de cuatro o cinco años antes, cuando la economía dejó de crecer.

Según sostienen, no lo hacen por “críticos de la oposición”, sino porque no ven los conductores que permitan advertir que ahora sí están dadas las condiciones para pasar de la reactivación al crecimiento, y menos aún el sustento del entusiasmo oficial que ya cree que “comenzó el ciclo de crecimiento sostenido para los próximos 20 años”, como lanzó primero el presidente Mauricio Macri, y luego se sumó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

Marco Lavagna, ex economista jefe y director de la consultora Ecolatina, que fundó el también principal referente del Frente Renovador, luego de su conductor Sergio Massa, y ex ministro de Economía, su padre  Roberto Lavagna; y actual diputado nacional por el FR por la Ciudad de Buenos Aires desde el 10 de diciembre de 2015, destacó en una entrevista con Infobaesus preocupaciones por las severas limitaciones del plan económico y monetario del Gobierno para poder pasar del ciclo de recuperación al de crecimiento.

– ¿Cómo ve la situación económico-social luego de que la economía ingresara en un claro sendero de recuperación, aunque desde niveles muy bajos del año anterior?
– Creo que lo que está ocurriendo es que se está recuperando parte de la caída del año anterior. Veo en parte en lo social, y en algunos sectores que ya se recuperaron y muy pocos que incluso están por arriba. Pero observo que se está yendo a una economía, donde tal vez sea la parte más crítica, que está cada vez más concentrada, donde se depende mucho de los capitales internacionales, y no necesariamente de los capitales que van a la inversión productiva, sino a bienes especulativos. Y esos procesos siempre terminan mal si no se cambia a tiempo.

 – ¿Esa apreciación en que se sustenta?, porque los indicadores de actividad, como de empleo, comienzan a mostrarse más difundidos entre los sectores y tamaño de empresa. E incluso, uno de los reclamos que hacen muchos economistas y legisladores de la oposición es que las grandes empresas han prometido mucho, pero invertido poco, por lo que la recuperación de la economía se sustenta en los medianos y pequeños.

–  Lo uno con la anterior pregunta. Lo que está ocurriendo es una recuperación de lo que se perdió. En materia social se advierte que si bien se superó lo que se perdió en 2016, en términos de producto bruto por habitante, esto es de ingreso medio de cada uno de los argentinos, en realidad se está dos puntos abajo. ¿Por  qué?, porque hay un crecimiento de la población, de modo que persiste un deterioro social; que se suma a un deterioro estructural de la pobreza. De ahí que, si se quiere, el Gobierno está en la misma línea en la que estaba el kirchnerismo: crecía en los años electorales y caía en los siguientes; mientras que en términos de desarrollo social no había crecimiento, sino que empeoraba. Ese proceso no veo que se esté cortando.

– ¿Qué debería hacer el Gobierno para superar ese deterioro?
– Los sectores que habría que motorizar para empezar a revertir ese escenario son las pequeñas y medianas empresas y el comercio, porque son los que crean casi el 70% de los empleos en la Argentina. Sin eso no se podrá revertir el deterioro social que señalaba. Pero a las pymes las veo en una situación compleja, porque todavía la demanda interna no está reaccionando, que es su principal fuente de ingreso, porque son muy pocas las que exportan; y en consecuencia no tracciona el empleo. En el caso de las grandes empresas no se ven grandes procesos de inversiones, salvo algunos vinculados con las energías renovables que son  importantísimas, pero son capital intensivo, pero poco contribuyen a la generación de trabajo. Van a tener un efecto muy positivo a lo largo de los próximos años, pero no revierte la situación social compleja que persiste ahora.

– Sin embargo, los indicadores del Ministerio de Trabajo sobre el empleo registrado hasta junio, y las expectativas para julio, dan cuenta de una mejora extendida entre sectores y en el caso de las empresas se observa un fuerte impulso en las grandes y pequeñas, y rezagadas las medianas… 
– En el mercado laboral se viene de un 2016 donde se destruyeron empleos en cantidad importante, este año se está recuperando, pero mucho tiene que ver con la franja del Monotributo, no necesariamente en el sector asalariado formal que está recuperando parte de lo que cayó el año pasado; sino con el Monotributo Social y con no perder la obra social. Hay algunos sectores, como la construcción que está subiendo un poco más. Pero el sólo hecho de recuperar es una pérdida porque, como decía antes, la población laboral siguen creciendo a un ritmo de 200 a 250 mil personas por año.

“El sólo hecho de recuperar es una pérdida porque, como decía antes, la población laboral siguen creciendo a un ritmo de 200 a 250 mil personas por año” (Martín Rosenzveig)

“El sólo hecho de recuperar es una pérdida porque, como decía antes, la población laboral siguen creciendo a un ritmo de 200 a 250 mil personas por año” (Martín Rosenzveig)

– El año pasado, la recesión que generó la normalización de la economía con la liberación del cepo cambiario y de las restricciones al comercio exterior, junto con la destrucción de empleos, también provocó caída de las horas trabajadas y aumento de la capacidad ociosa en las plantas. Pero ahora la recuperación de la actividad posibilitó un mayor uso de la fábricas y redujo las suspensiones de personal, ¿eso no cree que va a dar paso a la etapa posterior de recuperar empleos a mayor ritmo, en particular a partir de 2018?
– Dependerá un poco también de qué medidas tome el Gobierno después de las elecciones. Y agrego, una particularidad de lo que también se ve en el mercado laboral registrado, es que parte de los empleos que se están recuperando son un 20% a 25% de menor ingreso que el promedio que se destruyó, porque los sectores que se muestran más dinámicos son los de niveles de salarios más bajos; y por tanto su efecto sobre el mercado de consumo es menor. Para el 2018 dependerá de lo que haga el Gobierno en materia de tarifas, porque hay anuncios de aumentos después de las elecciones de octubre que van a afectar los presupuestos de las familias y de las empresas, sobre todo en las pymes que ya vienen muy golpeadas. Hay un dato que es positivo: si el Gobierno hace una reforma tributaria que implique realmente una baja en la presión impositiva sobre la pequeña y mediana empresa.

– ¿Qué piensa que debería hacer el Gobierno en materia de tarifas, porque por un lado hubo muchos acuerdos de aumentos de salarios con cláusula gatillo si la inflación es superior a la pautada?
– El problema aparece cuando se analiza de modo desagregado el mercado de trabajo, porque el asalariado registrado convencionado es una pequeña parte, que convive con el trabajador independiente, y el informal. Lo que haría también es cuestión de cómo se ponen los lineamientos de la política económica. Veo que el Gobierno está poniendo hoy los objetivos erradamente, que no implica que no haya tomado medidas que  fueron correctas, pero el fin último es tratar de corregir el déficit fiscal por la vía del ajuste. Y no se puede generar una baja del déficit fiscal de 6% o 7% del PBI, a través del ajuste, con el impacto social que eso está generando. Por lo tanto, lo relevante es definir cómo se reduce ese desequilibrio por la vía del crecimiento. Mi primer objetivo, el principal, es cómo hago para reactivar la economía, que el mercado interno se empiece a mover, que tampoco significa volver al error del kirchnerismo – populismo, que era sólo consumo-consumo, que termina generando el consumo de los stocks y presiones inflacionarias; tampoco irse al otro extremo, como caer en el error de la ortodoxia esto es promover como motor las inversiones, porque se dice que genera el efecto derrame que nunca llega. Hay algo intermedio que es consumo, con inversión y con exportaciones.

– Mencionó la política del ajuste de Gobierno de Mauricio Macri, ¿realmente se puede decir que eso es lo que está ocurriendo, cuando se amplió el alcance de la Asignación Universal por Hijo, se estableció la tarifa social, puso en marcha la Reparación Histórica a los Jubilados; bajó la tasa de inflación; que el gasto público crece más que la inflación; y que la economía se está recuperando de modo extendido, y está cobrando impulso el crédito hipotecario y se está extendiendo entre los sectores medianos y hasta bajos ingresos con el ProCrear?
– El tarifazo, la forma en que se  hizo, fue un fuerte ajuste, sobre todo en un momento donde todo estaba aumentando. El peor ajuste es la inflación. Fue correcto salir del cepo, pero de la forma en que se hizo sin tener en cuenta el impacto que eso iba a tener sobre la inflación, sin tener en cuenta que el cambio de gobierno iba a generar un reacomodamiento de precios relativos que venía muy distorsionado de la gestión anterior, que también iba a generar inflación; y en el medio se dispone una fuerte suba de las tarifas, claramente provocó un impacto muy negativo. Después esto lo fue reacomodando, amplió el Monotributo Social, muy bien hecho, que el Frente Renovador acompañó, como otras medida, unas que consensuamos más, otras menos;  unas que acompañamos porque creíamos que hacían falta, aunque lo hubiéramos hecho distinto, como el caso del acuerdo con los holdouts; la Ley de Reparación Histórica, con muchas correcciones también que hemos incorporado; algunas medidas que eran importantes, como la reducción de IVA a jubilados, aunque el problema estuvo en la implementación que hemos criticado; pero lo que se ve cómo termina siendo la balanza de la economía, pese a que se hicieron cosas, la clase media trabajadora y la vulnerable pagaron más costo que la clase más acomodada y sectores más concentrados de la economía. Eso no significa que el Gobierno no haya hecho nada para contrarrestarlo, pero no alcanzó.

 “Se hicieron cosas que la clase media trabajadora y la vulnerable pagaron más costo que la clase más acomodada y sectores más concentrados”

– ¿Ahora persiste ese efecto, cuando la inflación se redujo a casi la mitad, y la economía se está moviendo hacia la senda positiva?
– Se está recuperando un poco lo perdido y volviendo a una situación muy chata, donde está mejorando un poco el ritmo, pero no se está viendo un proceso de desarrollo social. Y lo que se ve es que las políticas que se están llevando adelante tampoco van a llevar a ese desarrollo social. Pongo ejemplos. Cuando hay un esquema en el que la inflación se controla con las tasas de interés, y que tiene que estar elevada para atraer capitales, se va a un esquema de modelo más financiero que más productivo. Siempre que ocurrió eso terminó generando concentración económica en lugar de un arreglo social.

“Veo que el Gobierno está poniendo hoy los objetivos erradamente, que no implica que no haya tomado medidas que fueron correctas” (Martín Rosenzveig)

“Veo que el Gobierno está poniendo hoy los objetivos erradamente, que no implica que no haya tomado medidas que fueron correctas” (Martín Rosenzveig)

– Sin embargo, frente a eso los números monetarios viene mostrando que pese a las altas tasas de interés el crédito está creciendo en todos los segmentos del mercado: hipotecarios, prendarios, personales, descuentos de documentos y para los planes productivos…
– Usted menciona el caso de los créditos hipotecarios, que claramente es uno de los objetivos que hay que promover, pero todavía, en términos del PBI está por debajo de la proporción que tenían en 2014, cuando representaban 1,06% del PBI y ahora está en torno a 0,97%, tras haber caído a 0,8% del PBI. Incluso es inferior al de 2011, y para eso muestra un gráfico “ad hoc”.
credito hipotecario grafico

Por tanto, si bien es un proceso de recuperación, aún no se puede decir que se está bárbaro, que implica un desarrollo social. Se podría decir que falta tiempo, que es un proceso, y es cierto; pero también hace falta tener claridad sobre cuál es el esquema económico que se quiere tener para lograr el crecimiento social.

– ¿Ahí no ve señales concretas por parte de la nueva conducción de la economía?
– El problema que veo es que el Gobierno hará lo mismo hasta 2019: de reducir el déficit fiscal primario a la mitad. Pero cuando se mira la proyección del rojo total estará en el mismo nivel del punto de partida, porque el peso de los intereses de la deuda que hoy ya está creciendo se va a comer todo el ahorro que pueda lograr antes de esos pagos. Por tanto, ¿cuál es el riesgo?, de nuevo la buena noticia es que se está en tiempo de cambiar esa lógica, es que se entra en un esquema donde necesariamente se necesita de permanentes ajustes del gasto público.

– ¿Cuál sería la alternativa que tendría el Gobierno para no acudir al financiamiento del déficit fiscal, volver a la emisión espuria del Banco Central?
– Las alternativas son: primero poner en movimiento la economía.

– Pero, ¿cómo se pone en movimiento la actividad económica sin caer en desequilibrios inflacionarios, que es lo que el Gobierno sostiene que provocaría si flexibiliza la política monetaria y baja las tasas de interés, de modo no pagar con inflación lo que hoy se paga con endeudamiento?
– Sí. El problema de hoy es que se está guiando la política monetaria por un esquema de tasa de interés, y nosotros creemos que hay distintas formas para poder seguir una estrategia que no implique emisión monetaria, sin depender directamente de la tasa de interés; como manejo de los encajes bancarios (inmovilización de los depósitos), políticas de orientación del crédito que el Banco Central puede hacer; políticas de mercado abierto que el BCRA puede regular parte de la oferta.

– Desde el Banco Central le diría que eso lo está haciendo; están activas las líneas de crédito  productivo; interviene en operaciones de mercado secundario con las Lebac con más de $30.000 millones de transacciones diarias que anticipa qué va a suceder con la tasa de referencia del mercado…
– En Lebac hoy se están pagando 450 millones de pesos diarios! de intereses. Eso es un problema.

– ¿Insisto, cuál es la alternativa que tiene el Gobierno, en esta etapa de transición para “normalizar” la economía, tras los severos desbarajustes que se generaron a lo largo de la década previa?
– Para mi la alternativa tiene que ser con las otras operaciones de mercado, no necesariamente Lebac, porque en realidad es un instrumento del BCRA, es decir que no está operando con compra-venta de títulos que son los que tiene para también poder regular la liquidez del mercado financiero. Mientras que respecto de la orientación del crédito, creo que en lugar de pagar intereses en Lebac se debería promover, a través de la tasa de interés, las actividades generadoras de empleos. Por el contrario, con el uso de la tasa de interés como reguladora del mercado se está generando una economía planchada, que no termina de crecer, más allá que está recuperando lo que se perdió; y tampoco es un objetivo deseado el estancamiento.

– Pero si el Gobierno regula el mercado con la suba de los encajes bancarios, se ahorra deuda pública pero eleva el costo del endeudamiento del sector privado, porque los bancos tendrán menos plata para prestar y generar los recursos para asegurar una renta a los depositantes, salvo que remunere los encajes…
No soy de los que sostiene que hay que subir los encajes y listo; sino de los que cree que el Banco Central tiene muchas herramientas que puede utilizar y no lo está haciendo. Creo que está usando la tasa de interés como única herramienta, y muchas veces termina con eso cubriendo una falta de coordinación en otras áreas que no tienen nada que ver con la autoridad monetaria, como fue el caso del tarifazo. Si se fija una meta de inflación del 17% y se dispone un aumento de tarifas del 500% es inconsistente. Qué provoca eso, que la autoridad monetaria tenga que subir mucho la tasa de interés para compensar el efecto inflacionario. Además, la Argentina tiene una particularidad que no es EEUU, la bancarización de la economía es muy baja, por tanto el movimiento de la tasa de interés no tiene un gran impacto moderando la actividad y la inflación, de ahí que para que tenga algún impacto debe exacerbarla fuertemente; por eso soy partidario de una política en la que se usen todas las herramientas disponibles, no sólo una, para lograr el objetivo de desaceleración de la inflación. El uso único de la tasa de interés lo que genera es concentración económica, esto es mayor actividad para pocos.

“Con el uso de la tasa de interés como reguladora del mercado se está generando una economía planchada, que no termina de crecer” (Martín Rosenzveig)

“Con el uso de la tasa de interés como reguladora del mercado se está generando una economía planchada, que no termina de crecer” (Martín Rosenzveig)

– En el equipo económico, en general, y en el Banco Central, en particular, destacan frente a ese planteo que las políticas de endeudamiento y de tasas de interés no son para siempre, sino que forman parte de un proceso de transición, hasta que la economía en su conjunto se normalice, y se pase de la etapa de la recuperación a la del crecimiento sustentable…
– Lo que no estoy viendo hoy, todavía, espero equivocarme, es cómo es ese proceso que está planeando el Gobierno. Estoy seguro de que si sigue en este ritmo no termina bien; no será la semana que viene, ni dentro de un año; es más hubo un proceso como el de la convertibilidad que se extendió por 10 años, y todos sabemos como terminó. La buena noticia es que hay herramientas para evitarlo; y mecanismos para empezar para corregirlo, para no caer en esta trampa casi perfecta que siempre terminamos entrando, con altos intereses de la deuda pública, con más endeudamiento y más ajuste fiscal, sobre todo en una economía en la que todavía hay una inflación muy elevada. Le soy sincero, no veo ningún éxito en haber bajado la suba de los precios del 43% en 2016 a 23% ahora; porque es la misma inflación estructural que se tuvo en los diez años previos.

– Pero el proceso de desinflación, como lo define el Banco Central, no terminó, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado que hace todos los meses la autoridad monetaria arrojó una proyección a un año por debajo del 16% anual, esto es muy por arriba de la banda objetivo del 10% a 12% que se fijó el Gobierno para las pautas del Presupuesto, pero muy inferior al 23% a 25% que usted ve ahora…
– Creo que es posible ese objetivo, pero depende de los cambios de política que haga el Gobierno después de las elecciones de octubre. Si dispone de un aumento tarifario, o porque el tipo de cambio está atrasado ocurre una devaluación, la proyección de inflación del 15% no se va a cumplir. Además, alcanzar esa meta tiene otras implicancias que me lleva a sostener que el modelo para crecer no me cierre.

– Respecto de las tarifas, ¿cómo cree que el Gobierno debiera corregir el desfase negativo del 30% entre el precio que paga el mercado y el costo de los servicios, en gas y luz y del 50% en el caso del transporte?, ¿Hay que mantener los subsidios con el consecuente impacto sobre el déficit fiscal, la inflación y por tanto, también sobre la tasa de interés?
– Hoy el peso de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos sobre el déficit fiscal bajó mucho, ya no es 4% del PBI que había al comienzo del nuevo Gobierno, sino que se redujo a la mitad, y bajando, por lo tanto hay que tener cuidado con eso cuando se analiza cuál sería el impacto de la suba de tarifas sobre la corrección fiscal, para no caer en el proceso que mencionaba antes.

– ¿Usted está observando que hoy subir las tarifas para bajar los subsidios y el déficit fiscal no tendrá tanto efecto sobre las finanzas públicas, como el que generará sobre las presiones inflacionarias y las trabas al crecimiento de la actividad agregada?
– No necesariamente, depende de cómo se haga. Si se hace gradual tendrá menos impacto sobre el bolsillo de las familias y las finanzas de las pequeñas y medianas empresas que son las que persisten más golpeadas; que si se hace de un día para el otro. Más bien me refiero a que hay que tener cuidado con que las tarifas ya no significan una parte relevante del déficit fiscal; y que el problema es que se avanza hacia un gasto estructural cada vez más duro que cuesta más tocarlo, y que si se reduce tiene un impacto social más grande. De ahí que la pregunta es ¿qué va a hacer el Gobierno para que vuelva a crecer la economía?, salvo que haga un ajuste para que luego se genere la reactivación, eso es lo que parte del sector ortodoxo le está reclamando al ministro de Hacienda. Por tanto, lo primero que debiera definir el equipo económico en materia de tarifas es ¿a cuánto quiere llegar, es decir cubrir del costo?, porque al 100% nunca podrá llegar porque está la tarifa social, salvo que el resto pague de más.

– ¿Eso de que “el resto” pague de más para poder sostener la tarifa social lo ve posible, lo recomendaría?
– Hoy no lo veo. De última, sería un proceso que va a llevar tiempo, sobre todo porque cuando se habla de tarifas, también se habla de impuestos, por la estructura de la factura al consumidor final. Si se pudiese separar y bajar el peso de los impuestos en términos fiscal se estaría igual porque lo que se ahorraría por el recorte de los subsidios se perdería por el lado de los recursos. Por tanto, en ese punto aún falta claridad de lo que hará el Gobierno. Yo todo lo que esté vinculado con el déficit fiscal y las tarifas lo haría en función del primer objetivo que creo que debería ser cómo hago para que la economía crezca de modo difundida, y no concentrada como veo que está pasando hasta ahora. Porque observo a los sectores medios y bajo, el sector trabajador, recuperando un poquito, o simplemente cubriendo la inflación de este año, en el caso de los registrados!, el resto todavía no recuperó y está lejos de lograrlo.

– ¿Eso lo muestran las estadísticas, o es percepción?
– Es un poco estadísticas, otro percepción y también inferencias de la Encuesta Permanente de Hogares, niveles de ingresos que se pueda hacer, aunque no es tan directo. Pero tengo claro que todavía no está llegando la recuperación y le va a costar mucho que llegue. De ahí que si el proceso sigue así se terminará en una economía muy friccionada, una parte que se va a recuperar muy fuerte, y otra que quedará postergada.

– Finalmente, ¿qué expectativa tiene sobre los anuncios de que el Gobierno presentará al Congreso sendos proyectos de ley de reformas laboral y tributaria, y si se podrá lograr que rijan a partir de 2018?
– Estoy suponiendo que no va a entrar nada al Congreso hasta después de las elecciones, esto nos lleva a noviembre. En diciembre hay que pensar que las Cámaras deberán tratar los vencimientos de algunos impuestos, como al Cheque, el Monotributo, la Ley de Emergencia Económica, el impuesto extraordinario al Tabaco, que quizás lo que haga es un anticipo de la discusión de la reforma tributaria. Esta, cuando entre, naturalmente va a derivar en analizar la relaciones con las provincias, a través de la coparticipación; la propia estructura impositiva; si se agregan la revisión de los aportes patronales se suma el sistema previsional; por lo que veo que llevará un tiempo, no podrá definirse de un día para otro, sino que exigirá un trabajo en los primeros meses de 2018, con lo cual los efectos plenos podrían empezar a tener efecto avanzado el próximo año, o incluso del 2019.

– Por lo visto en las PASO, ¿cree que están dadas las condiciones para que el Gobierno pueda recuperar los consensos que había logrado en el primer año, cuando se aprobaron más de 100 iniciativas presentadas al Congreso?
– Espero que no se haga un nuevo “parche”. La Argentina ha tenido a lo largo de los últimos 40 años muchos cambios que terminaron en un esquema tributario regresivo, o que no genera incentivos a la producción ni al trabajo. De ahí que si se quiere hacer una reforma tributaria en serio, aunque el Gobierno tuviera mayorías parlamentarias, debe buscar los consensos para lograr una reforma que se transforme en políticas de Estado. En términos de la discusión práctica, siempre que exista una atomización de los bloques parlamentarios se hace más difícil la discusión, pero es lo que le puede dar la sustentabilidad de largo plazo. Pero hay que tener la voluntad de sacar una buena reforma; nosotros la tenemos; y se que hay sectores que tendrán la misma predisposición para trabajar como se hizo en 2016, que fue peleándonos mucho pero buscando consensos para sacar más de 100 leyes. Aunque en los últimos tiempos el Gobierno hizo duras críticas personales a líderes de la oposición a los que no podrá volver a llamar como si nada hubiese pasado.