Los últimos indicadores de actividad volvieron a mostrar la profundización de la recesión respecto de los altos registros del cierre de 2017 y comienzos de 2018. Pero en el cotejo con el mes previo, ajustado por estacionalidad, el Gobierno ve señales de un posible punto de giro.

La concentración de los aumentos de tarifas y de precios regulados en el primer trimestre, junto con un comienzo de año que trae una vuelta a la aceleración de la tasa de inflación, ha llevado al consenso de los economistas del sector privado a cambiar sus proyecciones: ajustar al alza la previsión de aumento del índice de precios al consumidor para 2019, a la baja la correspondiente a la esperada recuperación del PBI entre los que esperaban alguna suba; y predecir una mayor contracción entre quienes, como el FMI, proyectaban un nuevo declive.

Frente a ese cuadro, Infobae entrevistó a Miguel Kiguel, ex secretario de Finanzas y uno de los economistas que comenzó a consultar el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Kiguel dio su visión sobre los grados de libertad que tiene el Gobierno para mejorar el rumbo en lo que resta del año.

-En las últimas semanas se habló mucho del Plan Picapiedras, según Carlos Melconian; el Plan Llegar, Martín Redrado; La Trampa entre la tasa de interés, el dólar y las encuestas, Maximiliano Montenegro, por sus efectos sobre la recesión y la inflación. ¿Cómo ve la situación de la economía hasta fin de año?
– Estamos frente a una situación realmente compleja, porque efectivamente hay una disyuntiva, dado que en la medida en que se sube la tasa de interés algo afecta el consumo, y si empieza a moverse la cotización del dólar también. Pero creo que de las dos la menos perjudicial para la economía en su conjunto es la suba de la tasa de interés. En la Argentina los movimientos bruscos del tipo de cambio y la alta volatilidad ha demostrado tener efectos secundarios muy grandes y nocivos, porque cuando eso ocurre mueve muy rápido los precios y empieza el nerviosismo y la gente retrae el consumo simplemente por miedo a que venga otro evento cambiario, sobre todo cuando está tan reciente en la memoria la situación de fines de abril a septiembre de 2018.

En este caso particular, primero hay que entender que el Banco Central bajó básicamente 24 puntos porcentuales la tasa de interés de referencia desde el comienzos de octubre de 2018 sin impactar en el tipo cambio. Es decir bajó de casi 74% anual a 7 días hasta 50%, y la cotización del dólar mayorista prácticamente no se movió.

– ¿Por qué cree que pasó eso?
– Porque le sobraba tasa; podía haberla reducido, pero realmente el Banco Central había sido sobre prudente; y de alguna forma se endulzó con la estabilidad del tipo de cambio, y cuando vio que pasaba eso se fue a 44% anual a 7 días y ya parecía mucho la disminución. Y creo que ahí se dieron una serie de varias cosas: la baja de la tasa de referencia realmente había sido mayor de la que el mercado estaba preparado; y a eso se sumó la sorpresa del número de la inflación de enero que fue superior a la prevista…

– Y en el medio apareció el informe de MSCI que no pareció claro si mejoraba o bajaba la recategorización de la Argentina de “mercado de frontera” a “mercado emergente”. Fue como decirle al Gobierno podrán participar del Campeonato de Primera B, pero también deberán seguir compitiendo en la “C”, ¿Fue así?
– Creo que lo más importante fue la baja de la tasa de interés más de lo que el mercado estaba preparado para asimilar y la suba de la inflación.

– Algunos analistas del mercado interpretaron la interrupción de la baja de la tasa de referencia y suba hasta 50% anual como el Banco Central perdió la primera pulseada. ¿Comparte esa lectura, o por el contrario, la autoridad monetaria demostró que el resorte de la tasa de interés funciona  frente a una escalada del tipo de cambio?
– En este episodio creo que ganó el Banco Central. El tipo de cambio está un poquito por debajo de la banda, cuando subió demasiado, es decir tuvo un movimiento más brusco de lo que hubiera querido, se apeló al apretón monetario y las tasas subieron, además se apeló a las operaciones de venta a futuro, y la cotización del dólar se calmó enseguida. Ese creo que fue un test, seguramente van a haber otros. Lo que me gustó del Banco Central fue es que no se enfrascó, no se empecinó, en una postura sino que se fue acomodando realmente a lo que necesitaba, y así como había bajado la tasa de interés la subió muy rápido. No dijo “me quedo con esta tasa y opero con el dólar a futuro”. Usó todas las herramientas que debía usar y lo hizo muy rápido.

– A partir de ahí, y por la aceleración de la inflación de enero, además, pese a que el Gobierno que anticipó a fin de diciembre cómo iba a ser el cronograma de aumento de tarifas en este cuatrimestre, parece que el mercado se empieza a desayunar cuando ocurren esos ajustes y entonces empiezan a ajustar los pronósticos de inflación hacia arriba; los  de actividad hacia abajo; su consultora Econviews también hizo lo propio. ¿Qué ocurre en los estudios privados, en 2018 no les fue bien con los pronósticos, ahora por qué se les debe creer?
– No hay nada mejor!, somos malos, pero no hay mejores. Creo realmente que es muy difícil hacer pronósticos cuando hay tantos factores de incertidumbre. Pienso que hay que ser modestos y de aceptar que hay más incógnitas de las que quisiéramos tener, donde hay aspectos políticos donde una encuesta puede mover la inflación, el tipo de cambio; un movimiento del Real en Brasil también puede mover el tipo de cambio y la inflación. Por eso creo que lo que podemos hacer es la mejor proyección con la información de hoy.

-¿Eso no quiere decir que las consultoras se han transformado en procíclicas?
– Siempre son procíclicas.

– ¿También en el mundo, es una particularidad de la Argentina?
– En el mundo en general siempre hay un sesgo optimista. Siempre se va a pensar que el próximo año será mejor que el actual. Si mira los pronósticos de los bancos de inversión, siempre que en un año hay problemas, pronostican que en el siguiente va a haber una recuperación. Creo que acá hay algo de eso, pero me parece que en general las consultoras son prudentes en la mayor parte de sus proyecciones, con muy pocas excepciones. Y la verdad es que estamos en un terreno nuevo en muchos sentidos, porque la inflación es mucho más alta de la que se esperaba; el riesgo país es muy alto y se resiste a bajar; es muy difícil proyectar la expansión, porque depende mucho de las cosechas. Pero lo que pasa en la Argentina es lo que ocurre en todos lados. Nadie vio la crisis de Lehman, por ejemplo.

– ¿Cómo economista que sigue muy de cerca las finanzas públicas, tanto en lo fiscal como en lo financiero, cómo está viendo este 2019? En la semana se dieron a conocer datos del empleo de cierre de diciembre y expectativas para para enero que mostraron que hay una resiliencia frente a la recesión y ajustó más por la vía de la caída del salario real. ¿Si continúa la recesión, se puede repetir ese cuadro de que siga ajustando por baja del poder de compra, y no por disminución de los puestos de trabajo?
– Lo que hubo en 2018 fue que bajaron los salarios, pero también las horas extras trabajadas; hay suspensiones; la gente técnicamente está empleada, pero lleva tiempo hasta que se pasa de una sostenida caída del nivel de actividad a despedir trabajadores, porque también es caro. Las empresas tratan de dilatar hasta que no le queda otra alternativa. Me parece que ya el salario real ha caído bastante, por eso no espero una nueva disminución, por lo menos en el sector privado.

– ¿Cree con el actual nivel de actividad, más / menos un 1% o 2%, las empresas tendrán margen para otorgar subas salariales en torno a la inflación esperada de poco más del 30%, según comienzan a ajustar sus proyecciones las consultoras, como Econviews?
– Creo que un valor cercano a eso van a poder dar, y que algo de eso irá a precios, es decir la inflación sigue. Las preguntas que se hacen muchas veces es ¿por qué la inflación sigue con la fuerza que sigue a pesar de que tenemos una política monetaria muy restrictiva, reducción del déficit fiscal y recesión? Porque hay mucha inercia. Mucho de la inflación actual es un resabio claro de lo que pasó el año anterior, que es muy importante.Y eso tiende a perdurar más de lo que hubiera pensado. Parte de lo que estamos viendo ahora no es el efecto de la política monetaria de hoy, sino de los efectos de la devaluación del segundo y tercer trimestre de 2018 y que todavía sigue impactando.

– ¿De la misma forma se puede decir que los efectos de la nueva política fiscal y monetaria desde octubre de 2018 para acá debiera comenzar a mostrar resultados también en 8 o 10  meses, o los más efectos son más rápidos cuando las señales son contractivas y más lentos cuando se aspira a lograr una reactivación sustentable y sostenida en el tiempo?
– Lo que sucede es que no vamos a tener una política monetaria y fiscal expansiva. Lo que tenemos es tal vez una política fiscal que va a sostener un sesgo contractivo, en el sentido de que este es un año de reducción del gasto público nuevamente, como porcentaje del PBI; y la política monetaria si bien digamos la tasa de interés de referencia bajó del 74% anual a 7 días al 50%, cuando se mira la inflación que tenemos sigue siendo una tasa de interés realmente alta. Por tanto no se puede decir que se está frente a una política monetaria expansiva.

Por eso creo que el Gobierno lo que está tratando de hacer es no cambiar la política monetaria, porque es lo que se necesita en este momento, pero sí dar dar algún tipo de subsidios de créditos blandos, como ha anunciado para las pymes, para compensar a los sectores más afectados. La tasa de interés opera mucho sobre el dólar, pero no necesariamente sobre el crédito. De ahí que si de alguna forma se puede reactivar un poco el crédito a través de tasas subsidiadas, eso puede funcionar.

– ¿Cree que puede tener un efecto expansivo la previsibilidad que le puede generar al hombre de negocios una política que tiene como objetivo para bajar la inflación la emisión cero, y la eliminación del déficit fiscal, inicialmente el primario y luego el financiero, y por tanto ejercer un efecto positivo sobre la actividad agregada?
– Depende de cuál es el objetivo, si es bajar la inflación, diría que la política está muy bien encaminada pero sus efectos son muy lentos para bajar el ritmo de alza de los precios, y mantiene un sesgo contractivo en el nivel de actividad. Eso es lo que refleja la experiencia internacionalmente con programas que utilizan el ancla nominal, es decir la monetaria. Es decir, se basan en el control de la cantidad de dinero; tasas de interés. Eso en general funciona lento sobre la inflación y lleva un tiempo hasta que la economía se reactiva. O sea, puede funcionar pero los resultados van a venir a lo largo del tiempo.

– ¿En ese caso, todo indicaría que cuando funciona, es para quedarse, y que requiera que es necesario pasar por el dolor que provoca una economía que no crece para que se produzca un cambio cultural que convenza a la sociedad de que es el tránsito para que una vez logrado el objetivo no vuelva a resurgir la inflación?
– Creo que es bueno que pensemos que la inflación es algo malo; que pensemos que el déficit fiscal es un problema, pero me parece que, digamos que dado que la Argentina tiene un nivel de inflación que es alto, en torno al 30%, la experiencia muestra que bajar esas impresiones lleva muchos años. Lo que deberíamos esperar, sí, es en no volver a tener tasas de más de 5% o 6% al mes, pero sí más cercanas al 2%, o 2% y monedas y después ir bajando lentamente.

– ¿El Gobierno termina siendo un fracaso, o llega con resultados en el haber todavía muy fuertes como haber salido rápidamente del default parcial de la deuda pública; haber abierto la economía al mundo; haber hecho desregulaciones importantes? ¿Qué nota le pondría?
– Ponerle una nota al Gobierno sería difícil. Creo que, claramente, todos estamos en algún sentido desilusionados por la alta inflación del año pasado; la crisis del 2018, que nos sorprendió a todos, como la de Lehman en los Estados Unidos esto sorprendió acá, no tanto porque cuando el mundo cambia no se esperaba una devaluación; no se esperaba el aumento de la inflación, sino porque nadie esperaba la magnitud de los cambios.

Si uno dice “bueno el Gobierno dijo que bajar la inflación era muy fácil”, obviamente ahí hubo sin duda un error de diagnóstico y un error de cómo se manejó. En el tema fiscal digamos que lo que este Gobierno reconoce es que fue muy lento y que de alguna forma subestimó los problemas fiscales, en el sentido que en los primeros años no hizo ningún esfuerzo por bajar el gasto; se tomó más gente en el sector público; se aumentó la inversión pública; se hizo la Reparación Histórica a los Jubilados. Si bien se puede decir que fueron acciones muy loables desde el punto de visto de lo que uno quiere para el país, no está la plata, y por tanto debiera haberse hecho. Entonces, ahí creo que se cometieron errores que se pagaron caro, muy caro, porque a la larga venimos a la situación donde estamos hoy donde uno piensa que esto fracasó.

Creo que en términos de los números que uno mira los resultados no han sido buenos: recesión, inflación, devaluación, riesgo país alto. En términos de lo que uno mira como los fundamentals de la economía, claramente el año pasado, finalmente, hubo una mejora importante; pero la economía Argentina no crece desde el 2011, el PBI está estancado. En mi opinión, la principal razón por la cual la economía no creció es porque teníamos grandes desequilibrios macroeconómicos. En los últimos 4 años de Cristina Kirchner había cepo cambiario, no se podía importar; o sea claramente no estaban las condiciones para crecer; y en los 4 de Mauricio Macri al final se hizo un ajuste desordenado; se trató de corregir ese desajuste en forma desordenada.

Ahora estamos llegando un final donde claramente los números no son buenos pero que de alguna forma, me parece, se crearon las condiciones para que los desequilibrios macroeconómicos más importantes puedan estar corregidos; y deberían brindar una oportunidad para empezar a crecer de nuevo.

– ¿A qué se puede atribuir que en el pasado cuando venía una crisis de magnitud repercutía rápidamente en la tasa desempleo, sea por aumento de la oferta laboral, porque ante la dificultad de conseguir un empleo la oferta crecía casi exponencialmente, entonces aún cuando nominalmente el número de empleados no bajaba tanto la tasa de desempleo volaba, y ahora en este episodio no está ocurriendo eso?
– A que en aquellos momentos había tipo cambio fijo. ¿Cuándo saltaba la tasa de desempleo? En el Tequila, porque había tipo de cambio fijo, y no había el mecanismo de la inflación para licuar el salario real, entonces en esos años se llegó a más de 20% de desempleo; 55% de pobreza. En la época de los 2000 no hubo tanto aumento de la tasa de desocupación, porque incluso con la recesión que provocó la crisis de Lehman y las que vinieron, la inflación daba un poquito más de flexibilidad para bajar el salario real. Y ahora pasó lo mismo.

– ¿Eso es bueno para la perspectiva de la recuperación de la economía, es decir que esté casi intacta la fuerza laboral activa?
– Creo que siempre es mejor que el ajuste venga vía precio, que vía desempleo, es decir frente a esa alternativa es mejor que haya caído el salario real. La gente que está empleada, si la economía empieza a reactivar,  rápidamente comenzará a generar más ingresos y eso puede impulsar el consumo.

– Pero así como no tuvimos una caída fuerte de empleo, con esta recesión, frente a las perspectivas de recuperación, el próximo año, con otro horizonte político, cree que se podrá asistir a tasas de reactivación importantes o va a ocurrir como la inflación, no esperemos tasas superiores al 2% anual porque porque está muy desgastado el aparato productivo ante el largo período de baja tasa de inversión en máquinas, equipo y tecnología?
– Creo que dependerá mucho cual sea el clima, del sector que triunfe en las elecciones, del optimismo que genere respecto al crecimiento de los próximos años, se podrá aspirar a más inversión, y llevaría a una caída fuerte del riesgo país que potenciaría muchos proyectos de inversión que hoy están parados. Básicamente están parados como los PPP (Programas de Participación Pública-Privados) por ejemplo, porque el costo de financiamiento de Argentina es altísimo. Entonces, si vamos a un escenario donde el clima es de optimismo, y eso se refleja en menor riesgo país,  mayor tasa de inversión, creo que podremos aspirar a varios años de crecimiento, no 6% o 7%, pero si de 3% a 4 por ciento.

– En el consenso de los economistas plantea el escenario de optimismo asumiendo que renueva el mandato el Gobierno o viene un peronismo alternativo, no cristinista, pero en cualquier escenario las cámaras legislativas van a seguir muy divididas, nadie espera que se genere una mayoría. Y la economía necesita que se hagan reformas fundamentales: en lo tributario, previsional, laboral, ¿por qué cree que el inversor, aún con un gobierno no cristinista, pueda decir que ahora sí conviene invertir?
– Primero porque hay muchas inversiones que se vienen postergando. Y creo que las reformas estructurales son importantes. ¿Cuál sería la más importante?, me parece que es la que se vincula con el sistema previsional para que vuelva a ser sustentable, hoy no es sustentable. ¿Cómo hacerlo? eso se lo dejo a los técnicos, pero hay ahí un tema de sustentabilidad del sistema previsional que lo tienen muchos países del mundo pero que en la Argentina está en una situación más delicada y con un desbalance hoy. Eso requiere pensar en soluciones.

Y segundo, hay que adaptar el mercado laboral al Siglo XXI, me parece que venimos con una situación de rigideces que vienen desde los años 70, básicamente, y eso realmente en un mundo distinto, en un mundo donde las empresas duraban muchísimos años; hoy es un mundo de pymes que crecen y desaparecen. Creo que para eso se necesita un mercado laboral mucho más flexible, mucho más fácil de que sea tomada gente y que incorporar personal no signifique en pensar en una inversión a 20 años. Claramente, me parece que el sindicalismo no está listo para eso, pero me parece que la población Argentina lo va a tener que considerar seriamente porque al final va a ser la única forma de generar más empleo.

– En los últimos tiempos el Gobierno estuvo acercándose a los economistas. ¿Eso siempre existió y ahora se hizo público, o es nuevo? ¿Cuál fue su experiencia, los llamaron llamaron para escuchar su visión de la realidad, o para “bajarles línea”?
– Fue nuevo para mí, pero creo que en general el Gobierno siempre  tuvo diálogo con gente de las primeras líneas pero no a nivel presidencial; y me pareció que no era para bajar línea, que fue constructivo. Pienso que es para escuchar un poco si la visión nuestra coincide con la visión predominante en el Gobierno, en términos de que se están haciendo las cosas como se están haciendo. Y segundo, creo que sí, para transmitir, más que bajar línea, cierta modestia en el sentido de que hubo errores y que digamos que la idea es, de alguna forma, corregirlos en un segundo mandato.

– ¿Cómo fue el día después, cree pasadas un par de semanas han tomado notas de alguna de las recomendaciones y sugerencias de los economistas del sector privado?
– No hicimos recomendaciones, sino se analizó más la situación del largo plazo, por eso no esperaba una reacción inmediata. Me parecen que escuchan en general a los economistas, pero obviamente tienen su visión y ellos son los responsables de tomar las decisiones. Mi sensación es que escuchan, que son receptivos y que son gente que tiene confianza y que transmite en general que no tienen ambiciones personales, sino que trata de ayudar en este proceso.

– ¿Coincide con los colegas que hablan del Plan Picapiedras; el Plan Llegar hasta las elecciones, o lo que se está haciendo de buscar el déficit fiscal cero y la emisión cero son condiciones necesarias, pero que el Gobierno no está pensando que esto es su única ambición para llegar a diciembre?
– Creo que el Gobierno tiene un plan de largo plazo. Ese plan, obviamente, requiere de un ajuste que se va a hacer durante varios años; la reducción del déficit fiscal no se puede hacer en un año, sino en varios; la política monetaria se irá ajustando a lo largo del tiempo, pero obviamente debe ayudar a que baje la inflación. No veo que sea un plan simplemente de “llegar”. Igual estamos en un momento de ajuste y de mucha dificultad para para para de alguna forma achicar y reasignar el gasto público, no es tan sencillo porque gran parte va a pensiones y gastos sociales que son muy difícil de recortar.