El deterioro que mantuvo la economía en los últimos años volvió a manifestarse en un nuevo retroceso del poder de compra de los sectores más vulnerables por ingreso, como es el caso de los jubilados y pensionados, porque sus recursos se actualizan con rezago respecto del aumento presente de los precios de los bienes y servicios que más consumen, y luego se mantienen fijos durante un trimestre donde la inflación provoca su erosión, en particular más acentuada cuando se encuentra en proceso de aceleración.

De ahí que una vez más en la historia argentina quedó demostrado que en un país con inestabilidad de precios y sin capacidad de hilvanar un proceso continuo de crecimiento económico, con incentivos a la inversión en máquinas y equipo que genere empleos y sume aportantes al régimen de reparto del sistema jubilatorio que dispuso el Congreso es imposible contar con un sistema de movilidad previsional que no se transforme en un carga para las finanzas públicas y en una condena a los perceptores de esos recursos a vivir en condiciones cada vez más precarias y dependientes de políticas asistenciales “ad hoc” o de la ayuda familiar, para atenuar ese efecto.

Nuria Susmel, economista Senior de FIEL y experta en Economía Laboral, Previsión y Pobreza, dijo en una entrevista con Infobae: “Con inflación acelerándose, aún en el caso de que salarios y recaudación crezcan al ritmo promedio de los precios al consumidor que releva el Indec, el aumento va a ser más bajo. Eso con suerte, porque con alta inflación es difícil que los salarios superen a los precios, con lo que el ajuste va a ser todavía menor”.

 ¿Termina otro año con caída real de los haberes de jubilados y pensionados?

— Es probable que las jubilaciones de diciembre se encuentren en términos reales por arriba de la de fines de 2020. Sin embargo, el nivel promedio de los 12 meses estuvo por debajo. Hay que tener presente que el año pasado los ajustes discrecionales hicieron que el haber mínimo real fuera más alto que el de 2019, pero para el resto de la escala de ingreso no logró superar a la inflación. Y de paso podemos decir que en términos reales está por debajo de cualquier valor desde 2020.

 ¿Pueden recuperarse los ingresos previsionales en un escenario de alta inflación, y en particular de aceleración de los precios de bienes y servicios básicos?

— La nueva movilidad ajustó las jubilaciones para diciembre por la variación anual de los salarios y la de los recursos tributarios del Anses de tres meses antes. Es decir, para la movilidad de marzo habrá que considerar qué pasó en diciembre. Con inflación acelerándose, aún en el caso de que salarios y recaudación crezcan al ritmo promedio de los precios al consumidor que releva el Indec, el aumento va a ser más bajo. Eso con suerte, porque con alta inflación es difícil que los salarios superen a los precios, con lo que el ajuste va a ser todavía menor. Y si, además, hay caída en el nivel de actividad económica la recaudación tributaria cae, el ajuste va a ser aún inferior. O sea, es difícil que con alta inflación los ingresos de los jubilados y pensionados se recuperen.

 ¿Limita la capacidad de ajuste de los haberes y aumentos adicionales a los contemplados en la Ley de Movilidad, las leyes y decretos que amplían la nómina a través de moratorias con fines electorales y -supuestamente- sociales?

— No y sí. En realidad, los ajustes en principio no están vinculados al déficit de caja de la Anses, con lo cual más o menos beneficiarios por moratoria no deberían afectar el cómputo de la movilidad. Igual no es tan así. Las dos reformas de la movilidad tuvieron como objetivo licuar las jubilaciones que representan el mayor gasto en el Presupuesto de la Administración Central. En el 2016 se pensó que la inflación iba a caer y los salarios reales crecer entonces se pasó a una movilidad basada en inflación que daba una movilidad menor, cosa que terminó siendo al revés.

“En el 2020 los ajustes que eran muy altos, porque la inflación previa se había intensificado y por eso se cambió la regla de movilidad y se pasó a salarios que se estimaba -tal como sucedió- crecerían por debajo del índice de precios”

En el 2020 los ajustes que eran muy altos, porque la inflación previa se había intensificado y por eso se cambió la regla de movilidad y se pasó a salarios que se estimaba -tal como sucedió- crecerían por debajo del índice de precios. Visto de este modo, las moratorias aportan en el sentido que amplían el déficit del sistema y hacen más necesario buscar mecanismos para reducir el gasto público. Lo más curioso de ese año es que se sostuvo la jubilación mínima que es la que cobran quienes ingresaron por moratoria y ajustaron los haberes de quienes aportaron al menos 30 años.

 ¿Condiciona el componente impositivo en el total de los recursos que recibe mes a mes la Anses una reforma tributaria y laboral, que incentive la inversión, el empleo y la productividad de la economía?

_ Bueno, una reforma que reduzca los impuestos al trabajo reduce en primer momento los recursos del sistema de pensiones. Ahora, si eso se traduce en mayor empleo, porque al bajar costos alienta la contratación de trabajo y la inversión, entonces el crecimiento de los puestos laborales compensaría aquella pérdida. Lo mismo con una reforma tributaria que baje el resto de los impuestos, que lo que hace es bajarle los costos de las empresas. La disminución de la presión fiscal aumenta la rentabilidad esperada de los proyectos y atrae inversiones, con el consecuente aumento de empleo. Las preguntas que me haría es: ¿cuánto dura esta reforma?, ¿a la primera dificultad económica no le darán vuelta?, “si cambia el gobierno la mantiene? Y ahí es cuando la reforma no sería efectiva, si la gente no cree que sea estable.

 ¿El Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses cumple alguna función de cobertura del ingreso real de los jubilados y pensionados, esto es está diseñado para ser un fondo anticíclico?

— El Fondo de Garantía de Sustentabilidad hasta ahora no ha compensado el déficit de la Anses, aunque debería efectivamente estar para eso. Lo que sostiene el FGS es que el “aporte” para mejorar la situación del sistema previsional es a través de inversiones que generen empleo y más empleo implica más fondos para la Seguridad Social. Pero de hecho en los últimos 10 años el empleo asalariado formal no creció así que evidentemente ha tenido poco éxito en lo que se propuso.

“Lo que sostiene el FGS es que el “aporte” para mejorar la situación del sistema previsional es a través de inversiones que generen empleo y más empleo implica más fondos para la Seguridad Social”

 ¿Qué opina de las leyes y sentencias de privilegio, que discrimina entre los trabajadores a favor de los funcionarios públicos y en claro detrimento de quienes se desempeñaron en la actividad privada?

— Los regímenes de privilegio son una de las muchas inequidades que tiene el sistema. Trabajadores con idénticas tareas e idénticos salarios terminan teniendo diferentes haberes jubilatorios. Un trabajador que se jubila por el régimen general tiene un haber de entre el 60% y el 65% del salario, mientras que en los regímenes especiales sube a 82%. Amén que en muchos casos se puede jubilar mucho antes. ¿Por qué? Porque en algún momento un acuerdo corporativo consiguió ese beneficio. Pero no solo es el porcentaje que recibe al momento del retiro, sino que en todos los regímenes la movilidad es con el salario de quienes están en actividad. O sea, alguien que se jubila como juez siempre cobra un porcentaje de lo que cobra quien ejerce esa función. Ahora, los regímenes especiales no son solo en el sector público. De hecho, la mayoría de los empleados del Estado se jubila por el régimen general. Los regímenes especiales son: Poder Judicial- que no son todos los jueces sino todos los funcionarios-, el servicio exterior, estos dos son sector público, pero también está el régimen docente y el de docentes universitarios -acá son públicos y privados- e investigadores científicos que entiendo que solo abarca al Conicet. Muchos de estos sectores privilegiados te dicen “bueno, pero yo aporto un 2% más”. Pero ese dos por ciento no cubre ni de casualidad cubre el haber más alto ni el mayor número de años que va a cobrar jubilación (porque en vez de jubilarse a los 65 se retiró a los 60).

 ¿Hay algún modelo que permita desvincular el sendero de los haberes previsionales del ciclo económico y de la discrecionalidad del poder político?

— Es difícil desvincular del ciclo económico que afecta empleo y salarios, en los que se basan las jubilaciones en sistemas de reparto como el argentino, y/o la tasa de interés y rentabilidad de las inversiones que ajustan las jubilaciones en sistemas de capitalización. Respecto a la discrecionalidad del poder político, la reforma d 1994 que pasó a un sistema de capitalización en teoría impedía al Estado disponer de los fondos y por lo tanto de las jubilaciones del sistema. Sin embargo, el Estado terminó bastardeando el sistema, primero anulando la movilidad jubilatoria establecida por ley y después al colocar bonos públicos en las AFJP para financiar al sector público. Con lo cual, al menos en Argentina, es difícil desvincular algo del Poder Político.

“Las leyes laborales que están hoy son de décadas atrás cuando el mundo era bien diferente. La ley de Asociaciones Sindicales, por ejemplo, es de la década del 50, o sea 70 años atrás, y jamás fue modificada. La Ley de Contrato de Trabajo es de los 70, y aunque tuvo modificaciones, es antigua”

 Una de las severas restricciones que enfrenta el sistema previsional argentino es la muy baja relación entre aportantes (asalariados e independientes) y perceptores de jubilaciones y pensiones ¿Cree que se podría mejorar esa relación con una reforma laboral que incentive la formalidad del trabajo?

— La Argentina necesita una reforma laboral. Las leyes laborales que están hoy son de décadas atrás cuando el mundo era bien diferente. La ley de Asociaciones Sindicales, por ejemplo, es de la década del 50, o sea 70 años atrás, y jamás fue modificada. La Ley de Contrato de Trabajo es de los 70, y aunque tuvo modificaciones, es antigua. Es una ley pensada para quien quería ingresar a un trabajo a los 18 y jubilarse a los 55 en la misma empresa. Hoy las demandas de ambas partes son distintas. Pero de nuevo, eso depende de cuan creíble sea la reforma laboral. Si los inversores piensan que la reforma se da vuelta en cualquier momento, que a la siguiente crisis se impone doble indemnización y prohibición de despido, si los déficits siguen y se cree que en cualquier momento se aumentan los impuestos si pensamos que cambia la administración y la reforma se suspende, cualquier reforma laboral o de otro tipo va a aportar poco a la creación de empleo si no es creíble que se sostenga en el tiempo.

Por otra parte, un aumento de la relación aportantes / jubilados mejora los ingresos del sistema en el corto plazo, pero si el aumento de aportantes se da a través de regímenes especiales -como el Monotributo o el de Casas Particulares que tienen aportes muy muy bajos, entonces aumenta la relación activos / pasivos pero el incremento de los ingresos monetarios en términos reales va a ser sustancialmente menor. Y después hay que tener en cuenta que el que ingresa al sistema hoy en 30 años va a estar jubilándose o sea aumentando el gasto del sistema. O sea, si aporta poco hoy y recibe una jubilación desconectada de su aporte el déficit intertemporal empeora.

— ¿Cómo está hoy el mercado laboral argentino? ¿Qué cabe esperar para el corto y mediano plazo?

— El mercado laboral se está recuperando de los efectos de la pandemia, como dije antes, después de 11 años de no crear empleo formal en el sector asalariado. Toda la creación de empleo desde el 2011 fue a través de regímenes especiales, particularmente Monotributo. De todos modos, la mayor pérdida de empleos durante la crisis sanitaria se produjo básicamente en el sector informal tanto asalariados como cuenta propia, en el sector formal la caída no fue tan fuerte, o sea que lo que se está recuperando son los puestos sin descuento jubilatorio. Del lado de los ingresos, el salario real tiene una caída acumulada del 11%. Y dada la incertidumbre actual es difícil que uno vea en el corto plazo una recuperación del empleo, particularmente del privado formal, ni tampoco una recuperación de los salarios. Es difícil hoy saber para dónde va la economía, si es que va para algún lado, uno no espera mejoras en las condiciones del mercado laboral.

 ¿Una reflexión final?

— La Argentina tiene muchos problemas, pero creo que uno de los principales es el de la muy baja credibilidad interna y externa. En el país se han aprobado en el Congreso reformas, contra-reformas, contra-contra reformas, vuelta a la primera, y podemos empezar de nuevo, que ya suena al cuento de Pedro y el Lobo que cuando dice la verdad, da lo mismo, ya nadie le cree. Es fundamental recuperar el rol de las instituciones y su adaptación no traumática a los nuevos tiempos.