En  menos de dos semanas los técnicos del Banco Central lograron frenar dos estampidas del precio del dólar que hizo una vez más poner nerviosos a muchos operadores, pero también a empresarios y consumidores que rápidamente asocian la escalada de la cotización del dólar a la aceleración de la inflación y caída del poder de compra de los salarios.

Esa preocupación se activa en general cuando el ritmo de suba del tipo de cambio supera el peso por dólar en uno o dos días, como ocurrió, sin ir más lejos, entre el 18 y 20 febrero, y que tuvo una corta continuidad. Y ahora, desde el inicio de marzo, que coincidió con el seguimiento de una mini semana financiera y cambiaria por el feriado de Carnaval. Una vez más, la autoridad monetaria logró quebrar la escalada con un instrumental que parece haber resultado efectivo: la absorción de liquidez en pesos.

No obstante, la diferencia entre los episodios fueron dos: 1) que la suba del ritmo diario de la divisa en centavos de pesos, como el pico de incremento, fue ahora más amplio, pasó de $0,30 a $0,50, en el primer caso, a $0,30 y $1,70, en el segundo; y 2) el aumento de la tasa de referencia en la licitación de las Letras de liquidez pasó de 6 puntos porcentuales entre el inicio de la escalada del tipo de cambio y el freno en el primer episodio; a 8 puntos puntos porcentuales en el segundo, como promedio del día, aunque con un incremento extremo de hasta 10 puntos porcentuales.

Con esa estrategia el Banco Central logró retirar del mercado en 4 días hábiles de marzo $156.500 millones, equivalente a unos USD 3.700 millones al tipo de cambio vendedor promedio de la City en el canal minorista; en contraste con la semana previa donde la estabilización del mercado exigió absorber pesos por apenas unos USD 300 millones.

Claramente, entre uno y otro momento existe un fenómeno estacional, por efecto de las necesidades de pesos de las empresas para comenzar a pagar los sueldos sobre el fin de cada mes, y los excedentes que el flujo de los cada vez menos negocios en términos reales, pero incrementados en su nominalidad, comienza en los primeros días del mes.

De ahí que, a diferencia de la escalada de la semana anterior del tipo de cambio, que con un salto del 44% al 50% anual de la tasa de referencia de política monetaria tasa, la cotización del dólar volvió al punto previo a su salto, ahora, con un ajuste de 50% a 58% anual en promedio diario – aunque con un pico de poco más de 60% anual – difícilmente el precio de la divisa vuelva a cotizar en torno a los 40 pesos.

De hecho, no sería aconsejable imponer un rigor monetario que se exceda del objetivo de quitar alta volatilidad al mercado de cambiario, y se “enamore” de provocar una baja nominal, como ancla de la suba de los precios al consumidor, simplemente porque la economía tiene una velocidad crucero de la inflación que el consenso del mercado proyecta en un 32% anual, aunque por un par de meses más la comparación con el año anterior la mantendrá por arriba del 50%, y eso genera una presión alcista natural, como le ocurre a cualquier activo, tarifa e incluso los salarios.

Pero además, se sabe, y volvió a quedar de manifiesto en la primera semana de marzo, que el clima preelectoral impulsa a muchas empresas y también personas humanas con capacidad de ahorro a acumular dólar, porque se sienten más cómodas con las carteras dolarizadas.

Al mismo tiempo, muchos inversores del resto del mundo que se colocaron en pesos seducidos por altas tasas nominales de interés en pesos, pero altamente reales en dólares, optan por volver sus capitales a plazas menos expuestas con el producto de las ganancias acumuladas, si logran salir a un volver a un cambio más cerca del piso que del amplio techo de la zona de no intervención del Banco Central.

Por tanto, para atenuar los efectos de esos movimientos esperables de la demanda de divisas, probablemente más intensos cuando estacionalmente tiende a decrecer la concentración de oferta de la liquidación de exportaciones del agro, hacia julio, principio de agosto, previo a las PASO, pareciera recomendable llegar a ese momento sin la sensación de “atraso cambiario”, porque, como ocurrió en los últimos días, fue un factor clave para que se intensificara la escalada de la cotización del dólar, más aún si viene precedido de un clima con malas noticias locales e internacionales.