Después de años en que la demanda privada estuvo incentivada por políticas que alentaron el consumo en detrimento de la inversión y el comercio exterior, y que derivó en incrementos superiores al ritmo de expansión de la riqueza generada por el conjunto de los agentes económicos, en 2016 esa dinámica se acomodó a la marcha del PBI.
Así, tras un 2015 en que el consumo privado aumentó 3,5% y el del sector público se expandió 6,8%, pese a que el PBI subió en menor medida: 2,6%, el Indec midió doce meses después sendos recesos de 1,4% en el primer caso y de 2,3% en el valor agregado por toda la actividad económica, en tanto el sector público sólo se contrajo en el último trimestre 2%, que no le impidió terminar otro año con crecimiento de la demanda: 0,3 por ciento.
En 2016 el consumo del sector público volvió a expandirse, en contraste con el ajuste que hizo la actividad privada

Los otros dos componentes de la demanda agregada tuvieron un cambio de signo. Mientras que las exportaciones habían caído 0,6% en el último año con cepo cambiario y generalizadas retenciones; y la inversión en la formación bruta de capital había mostrado un aumento de 3,8%; en 2016 esas variables cerraron con un aumento de 3,7% en el primer caso y disminución de 5,5% en el segundo.

Las expectativas de los empresarios para el nuevo año indican un mayor aumento de las ventas al resto del mundo y más aún de la inversión productiva, y a partir de ahí la reactivación del consumo privado.
El Presupuesto 2017 proyectó un PBI con aumento de 3,5%, una variación similar del consumo agregado; en tanto la exportación subiría 7,7% y la inversión bruta interna 14,4 por ciento.

Por Daniel Sticco