La cartera laboral destaca que “el empleo asalariado registrado en empresas privadas mantiene un crecimiento sostenido y generalizado, tanto desde la perspectiva sectorial como desde la regional. En septiembre de 2021, de acuerdo con la información que surge de los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el número de trabajadoras y trabajadores con empleo asalariado registrado del sector privado creció un 0,3% (variación sin estacionalidad)”, Significó la incorporación neta de 19.600 personas al trabajo formal en relación de dependencia, en esa franja de la economía.

Y agrega: “En este contexto, cabe destacar la fase de crecimiento del empleo industrial observada desde mediados de 2020. Durante este último período, el nivel de empleo creció en 15 de los últimos 16 meses. Esta evolución contrasta con la dinámica verificada entre enero de 2016 y diciembre de 2019, cuando el empleo asalariado registrado en el sector industrial se contrajo en 46 de los 48 meses”.

Sin embargo, persiste un claro contraste en ese período en las causas de las desvinculaciones laborales. Mientras que en el promedio del gobierno de Cambiemos con dos primeros años con modesta reactivación y los dos restantes en recesión, las bajas decididas por las empresas promediaron 53,4% y las que respondieron a la decisión del trabajador -retiro voluntario- representaron el 42,4% (el resto corresponde a jubilación, principalmente), desde el inicio del segundo trimestre 2020 esas proporciones se invirtieron: 39,2% en el primer caso y 58,7% en el segundo.

En el caso puntual del último dato de movilidad laboral, correspondiente a octubre en empresas privadas con más de 10 empleados en relación de dependencia, la desvinculación por “renuncia” se redujo por tercer mes consecutivo, a 48,8% del total, pero se mantuvo casi 5 puntos porcentuales por arriba del promedio de 20 años prepandemia.

A primera vista, ese giro obedecería a una actitud conservadora de los empleadores por “cuidar” su dotación laboral, en la cual invierte en capacitación y mejora de la productividad, en el presente que en el pasado; así como a las mayores posibilidades de obtener un mejor ingreso y desarrollo por parte de los empleados, a través de la rotación que promueve un mercado de trabajo.

Sin embargo, ese no parece el caso, puesto que pese a que los indicadores de actividad del Indec registran varios sectores que puntualmente han logrado en los últimos meses superar los niveles previos al de la irrupción de la crisis sanitaria todavía un cuarto (25%) de los puestos caídos desde abril 2020 no se han recuperado; y apenas poco más del 6% de las empresas (1 de cada 16) estima incrementar la nómina entre noviembre y febrero. Se trata de una proporción que viene subiendo sostenidamente desde valores mínimos, pero aún está lejos del 10% a 11% que se registraba en los tiempos de reactivación generalizada.

Ese indicador surge de la Encuesta de Indicadores Laborales sobre las expectativas empresarias en cuanto a la contratación de personal para los próximos tres meses. “Continúan siendo positivas y crecientes, advirtiéndose el octavo mes consecutivo de incrementos de la diferencia entre la proporción de empresas que esperan aumentar sus dotaciones y aquellas que esperan disminuirla: 6,3% espera aumentar la dotación y apenas 1% estima que la reducirá”, concluyó la EIL del Ministerio de Trabajo.

Del mismo modo, en la media de la presidencia de Mauricio Macri los despidos sin causa significaron el 15,5% de las desvinculaciones, en contraste con la gestión actual que se redujo a sólo 3,1%; mientras que las renuncias se destacaron con 41,4% en el primer caso, y en los últimos 16 meses se elevaron a 54,1 por ciento.

Claramente, el factor distintivo entre esos dos períodos, más allá de la irrupción del Covid-19 que forzó cambios en las modalidades de trabajo, pero no necesariamente en los términos de contratación, fue que en la anterior gestión no había impedimentos a las empresas a despedir personal sin causa, en tanto ahora se prohibió “transitoriamente” -lleva más de 20 meses la vigencia del decreto 329 del 31 de marzo de 2020, a través de sucesivas prórrogas- y se penaliza con la duplicación del costo laboral.

De ahí que en muchos de los casos en que las medidas extremas y duraderas de aislamiento social preventivo y obligatorio provocaron crisis casi terminales, la forma de cerrar el vínculo laboral fue con acuerdo de partes y “renuncia” para superar el obstáculo de la prohibición del despido y evitar no sólo una situación de estrés financiero presente, sino de hipotecar un futuro que aún no ofrece claras perspectivas de mejora.

El informe del Ministerio de Trabajo destaca ese fenómeno de la medida: “La comparación entre los tres años permite observar que los despidos sin causa tuvieron una reducción en octubre de 2020 que se sostiene en 2021, lo que se explica en parte por la vigencia de las restricciones a los despidos”. Aunque evitó explicar ese análisis la mayor representatividad que adquirieron las “renuncias”, y las decisiones de los trabajadores por sobre las de los empleadores como principal causa de las desvinculaciones de los últimos 16 meses.

Según el relevamiento de Trabajo, pese a que el Estimador Mensual de Actividad del Indec consolida la recuperación mes a mes, “en septiembre de 2021, solo 13 de las 25 ramas de actividad evaluadas contaban con un nivel de empleo asalariado registrado más elevado del que tenían antes de que comenzaran las restricciones a la movilidad impuestas por la pandemia. Se destacan las ramas de Servicios a las empresas e Informática, las cuales registran una dinámica muy activa en términos de empleo, que les permitió expandir sus dotaciones en más de 10% con respecto a los niveles previos a la pandemia. Por otra parte, otras seis ramas están con niveles de empleo que se encuentran entre 0% y 3% por debajo de la situación de febrero de 2020 y otras seis muestran caídas con porcentajes superiores, siendo las más afectadas las de Hoteles y Restaurantes y Actividades Culturales, las que, si bien actualmente registran signos de crecimiento, todavía están lejos de sus niveles habituales”.

Pese a ese cuadro heterogéneo que mantiene el mercado laboral, como consecuencia del cambio de las condiciones económicas respecto al inicio de la pandemia, el equipo económico piensa en un desarme escalonado de la doble indemnización y de la prohibición de despidos con un esquema intermedio para 2022, por temor a un efecto indeseado.

De todas formas, del lado empresario resaltan que su principal preocupación radica en la necesidad de generar condiciones pro inversión, pro empleo, con reducción de las cargas tributarias y liberación de las ataduras que genera una legislación laboral no adaptada a condiciones notablemente diferentes a las que prevalecían 45 años antes.

De lo contrario, los expertos del mercado laboral estiman que se mantendrán las características de los últimos meses en que los dos principales motores del nuevo empleo neto seguirán siendo el sector público, donde predominan actividades que exigen mantener una nómina en línea con el crecimiento vegetativo de la población, dado que el aumento de la productividad es muy lento y está limitado por las restricciones presupuestarias para invertir más en las nuevas tecnologías; y en condición de monotributista que es la opción que tienen los que pierden el puesto asalariados, y muchos de los que se incorporan al mercado laboral, principalmente jóvenes, al no encontrar una ocupación en relación de dependencia.